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De gafas y personajes

De gafas y personajes

De gafas y personajes

Más allá de la apariencia, lo que se ha investigado es la comparación entre la inteligencia de los miopes y el resto de quienes no usan estos artefactos.

Las gafas han sido un importantísimo instrumento para mejorar la visión. Muchas de ellas, las gafas, se han vuelto famosas, y no podemos pensar la historia si muchos personajes no las hubieran usado. Por ejemplo, Mahatma Gandhi, quien seguro las usaba por necesidad y no por vanidad, y, entonces, si no las hubiera usado, quizá la historia de India y del mundo sería otra. O Steve Jobs, quien tenía una envidiable visión futurista, pero quizá la miopía no lo dejaba ni caminar sin tropezones, pues no veía físicamente más allá de sus narices. Muchos hombres, con gran visión y usando gafas, han sido protagonistas de diferentes historias: Woody Allen, John Lennon, Andy Warhol, Leonard de The Big Band Theory, Harry Potter y muchos más. (Hombres, en este caso, no incluye mujeres). 

Las gafas han tenido una parte pequeñita en la historia de la humanidad y sin ellas muchas brillantes carreras hubieran sido pura frustración y sólo hubieran coleccionado choques contra una mesa o un sillón. Las personas optometristas, inventoras de estos instrumentos, sin embargo, son poco o nada reconocidas. Su paciente labor, procurando la salud ocular, queda siempre oculta, entre otras razones, por otorgar mayor crédito a las y los oftalmólogos. Aunque hay diferencias entre una especialidad y otra, las personas que han estudiado optometría tienen poco aprecio social. Y más de 60% son mujeres, ¿pura casualidad?

Según datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía, la segunda causa de discapacidad es la visual y más de 50% de la población tiene problemas de este tipo, muchos de los que, si no se atienden, pueden causar ceguera. En México, la salud visual se encuentra a cargo de 24 mil 50 personas, de las cuales tres mil son licenciados en Optometría, dos mil son oftalmólogos, tres mil técnicos y 16 mil prácticos; es decir, existe una proporción de 2.8 licenciados en Optometría por cada 100 mil habitantes en el país. Parece que necesitamos urgentemente muchas más personas dedicadas a la optometría.

La gente piensa que con sólo llevar gafas te puedes convertir en genia/o, en una persona con una inteligencia por encima de la media. Falso de toda falsedad. Y, peor, cuando eres una niña o niño de 14 años, te llevan a consulta y sales con un horrendo par de gafas que en tu muy estimable opinión, arruinarán para siempre tu vida. No, en tu escuela nadie pensará que eres una genia, un genio. Sales convertida/o en una, un “cuatro ojos” al que todas y todos pueden hacer centro de sus burlas. A pesar de las campañas contra el bullying.

Una historia que puede sonar extraña, pero es aleccionadora, es la de la doctora Erna Takazawa: quería ser médica, pero los problemas visuales de su hermana la hicieron decidirse por la optometría. Las primeras gafas le costaron a la familia guardar una estricta dieta durante un mes, para ahorrar y poder adquirirlas. En ese lejano año 2000, la única forma de que la población de Samoa obtuviera gafas consistía en enviar las prescripciones a familiares residentes en Australia o Nueva Zelanda, quienes las mandaban a hacer. ¿Será la historia de pequeños pueblos de la Tarahumara, la Sierra Negra o la Sierra Gorda?

Más allá de la apariencia, lo que se ha investigado es la comparación entre la inteligencia de los miopes y el resto de quienes no usan estos artefactos. ¿Tienen alguna relación los problemas visuales con el coeficiente intelectual? Nadell y Hirsch intentaron determinarlo en los años 50 y la respuesta parece positiva, asegurando que las y los niños estadunidenses con gafas tenían una media de CI superior a quienes no las usaban. Más recientemente, la Universidad Nacional de Singapur confirmó que los niños con gafas leen más y sacan mejores notas. Historias de miopes cuenta la influencia de la miopía en la vida y obra de personajes con un gran reconocimiento como Quevedo, Unamuno y Umbral, Greta Garbo, María Callas, Cary Grant o Marilyn Monroe.

Lo importante no es determinar si son o no más inteligentes las personas que usan gafas. Lo crucial es tener servicios de optometría para todas nuestras niñas y niños.

Columna de Clara Scherer. EXCELSIOR, México, 28-07-2017

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Vicente Pérez Rosales cuenta en su libro de relatos personales Recuerdos del pasado (1814-1860) que acudió en 1830 a una oficina de entrega de pasaportes en París, Francia. Él relata que "Chile era tan poco conocido en Europa en 1830, como lo es para los chilenos en el día, la geografía de los compartimientos lunares".

Al llegar, fue consultado por el oficinista:

- ¿De qué país es usted caballero?

- De la república chilena.

- ¿Cómo dice usted?

- De Chile, señor.

- ¿Qué está usted diciendo?… Chile, ¡vaya un nombre!

- Sí, señor. - respondió Pérez- De Chile, república americana. ¿Qué tiene de extraño este nombre?

- ¡Ah, ah!, ¿de l’«Amérique», eh?… Chili… Chile, aguarde usted… Chile. Dígame usted más bien, caballero, ¿De qué pueblo es usted?, porque del tal Chili no hago memoria.

- De la ciudad de Santiago, señor.

- ¡Anda diablo! - exclamo entonces el sabio oficinista- ¡acabará usted de explicarse! – Y volviéndose a su escribiente le dictó estas palabras:

"V. Pérez Rosales, natural de Santiago de México.” Al oír semejante atrocidad, Pérez Rosales exclamó exasperado:

-¡De Chile! Que no de México

-Pues, mándeseme mudar de aquí - respondió el geógrafo - y no me vuelva a entrar en mi oficina antes de averiguar mejor cuál es su patria.

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