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Los cristianos de mi ciudad se aferraron a la oración y a la Virgen

Los cristianos de mi ciudad se aferraron a la oración y a la Virgen

Los cristianos de mi ciudad se aferraron a la oración y a la Virgen

Sor Joséphine Bou Nassar es libanesa y fue refugiada durante la guerra civil de su país, un conflicto que duró más 15 años.

Es religiosa de la Charité de Besançon y, por si no hubiera sido poco vivir la guerra en su propia tierra cuando era joven, como religiosa, le tocó sufrirla durante 3 años en Siria.  

Fue además en una zona totalmente cristiana asediada pronto por milicias yihadistas de todo tipo. En esa situación los cristianos dejaron de acudir a las parroquias. Todo atisbo de normalidad quedó aplastado bajo los combates.

Tuve una inspiración por la que llevamos a la Virgen por las casas para que protegiera a los cristianos”. “La dejamos una noche en una casa y todo el mundo se acercó a rezarla. Había familias que me dijeron: “Pusimos a la Santa Virgen en el salón y nos quedamos toda la noche allí, dormimos con la Santa Virgen””.

Por iniciativa de esta religiosa, la imagen de la Virgen visitó a diario unas 25 o 30 casas. Fue un sencillo gesto que llenó de esperanza la zona en la que precisamente comenzó la guerra y donde se vieron las primeras atrocidades, la región de Daraa.

Hay quien me dijo: “Nunca he rezado el Rosario pero ahora he comenzado a hacerlo y estoy seguro de que la Virgen me dará la fuerza, el valor y la esperanza para continuar pese a todo lo que hemos vivido”. “Fue realmente conmovedor escucharlos, cómo se han aferrado a la oración y a la Virgen”.

La religiosa lleva ya varios años en Líbano pero tuvo que vivir en Siria lo peor de la guerra, desde su estallido hasta la llegada de los radicales. Fue testigo del sufrimiento que también provoca en los cristianos el verse obligados a empuñar las armas.

La guerra es dura, sobre todo para los cristianos que no quieren matar. Tenemos fe y Cristo no quiere que matemos, que llevemos armas. Estaban muy angustiados, se preguntaban, ¿cómo yo, como cristiano, voy a ir al campo de batalla y matar? Esa era su angustia”.

Explica que, a través de la oración y el acompañamiento, pudieron serenar el corazón de muchos que fueron a la guerra pero nunca más volvieron. Sabe que hoy en día esa imagen de la Virgen sigue visitando las casas y llenando de consuelo a los pocos cristianos que quedan en esa zona de Siria.

ROME REPORTS, 26-07-2017

 

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A comienzos de siglo XVIII reinó en Prusia un hombre muy temperamental. Federico Guillermo tenía la costumbre de pasear sin escolta por las calles de Berlín. Cuentan que cuando encontraba alguien que le desagradara, lo que ocurría con frecuencia, no dudaba en golpearlo con su bastón. Por esa razón cuando la gente lo veía a lo lejos, prudentemente huía lo más rápido posible.

En cierta ocasión, como de costumbre, el rey avanzaba golpeando el suelo con su bastón. Un berlinés, tomado por sorpresa, tratando de huir del monarca, se ocultó en un portal. Ahí lo sorprendió Federico Guillermo, y lo increpó de inmediato:

- Eh, tú, ¿A dónde vas?

El pobre hombre, que temblaba de miedo, le indicó con la cabeza una la puerta.

- ¿Vives ahí?, lo interrogó.

El hombre hizo un gesto de negación.

- ¿Es la casa de un amigo tuyo? Volvió a preguntar.

- No, Majestad.

El rey lo miró con sospecha,

-Entonces, ¿por qué entras en ella?

El hombre tuvo miedo de que se le considerara como ladrón, así que confesó:

- Lo hacía para evitar encontrarme con su Majestad. Federico Guillermo lo miró extrañado.

- ¿Y por qué quieres evitarme?

Bajando la vista, decidió decirle la verdad:

- Porque tengo miedo de su Majestad.

Al escuchar esto, Federico Guillermo montó en una de sus famosas rabietas. Agarró al infeliz por el cuello, lo sacudió violentamente, y lo increpó:

- ¿Cómo te atreves a tener miedo de mí? ¡Soy tu rey, así que tienes que amarme! ¡Ámame, desgraciado! ¡Te ordeno que me ames!

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