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Kenji visita a Humala

Kenji visita a Humala

Kenji visita a Humala

El viernes pasado Kenji Fujimori visitó de manera sorpresiva a Ollanta Humala y hoy lunes regresó con almuerzo.

En su columna de este lunes, en el diario El Comercio, Kenji Fujimori escribió: “Ha llegado el momento de dejar los odios de lado y tender puentes. Tener una actitud dialogante”.

Kenji asegura que “acá no hay cálculo político”. El menor de los Fujimori dice saber lo que es tener un familiar en prisión porque  “desde el primer día que un familiar entra a la cárcel, al resto de familiares les cambia totalmente la vida y los horarios”.

Su padre Alberto Fujimori cumple condena, desde hace 6 años, y señala que la razón por la cual fue a visitar a Ollanta Humala el viernes es  por el recuerdo que tiene del “primer día de mi padre en prisión, momento en que no podré olvidar. Nadie sabe lo que es la primera noche en la cárcel”.

Para Ollanta Humala, ese primer día fue el viernes 14 de julio del 2017 después de que la noche anterior, el juez Richard Concepción Carhuancho ordenara 18 meses de prisión preventiva para el expresidente y su esposa, Nadine Heredia. Tras pasar la noche en la carceleta del Poder Judicial ambos fueron trasladados en helicópteros a sus respectivas cárceles. La ex primera dama al anexo de la cárcel de mujeres en Chorrillos y el expresidente al penal de la Diroes en Barbadillo.

Al rato de haber llegado Kenji Fujimori, que estaba visitando a su padre,  se presentó de manera sorpresiva en la celda de Ollanta Humala y al saludarlo le dijo: “Vengo como hijo señor presidente, y no como congresista”.

Ese día le llevó una frazada y unos panes con queso y quedó en regresar con algo de lectura.

Hoy lunes se vio a Kenji llegar a la Diroes llevando dos paquetes de comida. Uno tenía las iniciales de su padre, AF, mientras que el otro estaba marcado con OH. De acuerdo a lo que dijo a la prensa, marcó las bolsas porque tienen dietas diferentes: “Mi padre tiene una dieta especial y Ollanta Humala come bajo de sal”.

Al salir, alrededor de las 4 p.m., Kenji dio declaraciones a la prensa y dijo: “Hemos compartido un almuerzo con Ollanta Humala. Hemos conversado y me contó anécdotas que tuvo como presidente de la República y como militar”.

Por su parte, la ministra de Justicia, Marisol Pérez Tello, comentó con respecto a la actitud de Kenji: “Una persona privada de libertad es una persona que merece, de parte de los que estamos en libertad, misericordia. A mí me parece bien. Yo trabajo en penales hace muchos años y veo la soledad y el dolor de un penal, no se lo deseo a nadie”.

Así mismo aseguró que no existen “cárceles doradas” para los expresidentes.  “Las condiciones penitenciarias son siempre duras en nuestro país”.

Revista CARETAS, Perú, 17-07-2017

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A comienzos de siglo XVIII reinó en Prusia un hombre muy temperamental. Federico Guillermo tenía la costumbre de pasear sin escolta por las calles de Berlín. Cuentan que cuando encontraba alguien que le desagradara, lo que ocurría con frecuencia, no dudaba en golpearlo con su bastón. Por esa razón cuando la gente lo veía a lo lejos, prudentemente huía lo más rápido posible.

En cierta ocasión, como de costumbre, el rey avanzaba golpeando el suelo con su bastón. Un berlinés, tomado por sorpresa, tratando de huir del monarca, se ocultó en un portal. Ahí lo sorprendió Federico Guillermo, y lo increpó de inmediato:

- Eh, tú, ¿A dónde vas?

El pobre hombre, que temblaba de miedo, le indicó con la cabeza una la puerta.

- ¿Vives ahí?, lo interrogó.

El hombre hizo un gesto de negación.

- ¿Es la casa de un amigo tuyo? Volvió a preguntar.

- No, Majestad.

El rey lo miró con sospecha,

-Entonces, ¿por qué entras en ella?

El hombre tuvo miedo de que se le considerara como ladrón, así que confesó:

- Lo hacía para evitar encontrarme con su Majestad. Federico Guillermo lo miró extrañado.

- ¿Y por qué quieres evitarme?

Bajando la vista, decidió decirle la verdad:

- Porque tengo miedo de su Majestad.

Al escuchar esto, Federico Guillermo montó en una de sus famosas rabietas. Agarró al infeliz por el cuello, lo sacudió violentamente, y lo increpó:

- ¿Cómo te atreves a tener miedo de mí? ¡Soy tu rey, así que tienes que amarme! ¡Ámame, desgraciado! ¡Te ordeno que me ames!

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