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Jane Austen, la escritora que supo descubrir las verdades del corazón

Jane Austen, la escritora que supo descubrir las verdades del corazón

Jane Austen, la escritora que supo descubrir las verdades del corazón
julio 20

En el bicentenario de su muerte, Jane Austen sigue siendo una de las escritoras más populares, con obras que no dejan de ser reeditadas y llevadas al cine, por la perspicacia con que abordó las relaciones humanas.

Se cumplen el 18 de este mes, 200 años de la muerte de Jane Austen, una de las escritoras británicas más populares, que abordó con gran perspicacia las relaciones humanas y supo descubrir las verdades del corazón. Una de sus obras, Persuasión, está considerada entre las cinco principales novelas del Reino Unido.

Ese relato de madurez, que habla del reencuentro después de siete años de dos jóvenes enamorados –Anne Elliot y el capitán Frederick Wentworth– no es la única obra de Austen que ha sido llevada al cine. También las demás continúan siendo una fuente de inspiración para el séptimo arte.

Aunque no sea el criterio último de validez universal, las numerosísimas adaptaciones cinematográficas de la obra de Austen son indicio de que su obra no pasa de moda.

Ya en vida, y a pesar de que murió a los 41 años, Austen logró hacerse un hueco entre los famosos, y aunque al comienzo no firmaba sus novelas –utilizaba el pseudónimo “Una señorita”–, acabó siendo apreciada en la Corte inglesa y alabada por el mismo Walter Scott.

Temas perennes

Los temas de Austen son perennes, y quizás resultan de particular actualidad hoy, ya que hablan de unas relaciones simbióticas entre los sexos, donde el hombre y la mujer trabajan juntos, se perfeccionan el uno al lado del otro, aunque sin caer en la ingenuidad de las novelas rosas, donde los problemas se obvian. En Austen, esa complementariedad de los sexos hace que acabe aflorando lo mejor de cada uno.

Un ejemplo sería el inolvidable relato de Fitzwillian Darcy y Elizabeth Bennet en Orgullo y prejuicio, en el que ambos caracteres, a base de fricciones personales contadas con ingenio, van puliendo sus aristas hasta convertirse en personas “perfectly amiable”, como dirá Elizabeth al final sobre el orgulloso Darcy, al que se ha pasado la mitad de la novela denostando.

En el caso de Emma, la joven Emma Woodhouse solo piensa en promover matrimonios, aunque cometiendo errores ingenuos, y siempre cegada por su criterio. Y ese criterio equivocado va siendo enderezado con el trabajo paciente de George Knightley, otro noble rural que realmente la quiere y le abre los ojos sobre sus errores, a veces de manera muy dolorosa.

Paisajes de Hampshire

Austen nació en 1775 en el seno una familia de la baja nobleza rural en el pequeño pueblo de Steventon, condado de Hampshire, unos 89 kilómetros al sudeste de Londres. Es la séptima de ocho hermanos, seis de los cuales son varones, aunque su vida estará especialmente ligada a la de su hermana Cassandra, con la que vivirá hasta su muerte, en 1817.

Este entorno geográfico en Hampshire será el marco de sus obras, donde el elegante balneario de Bath o las ciudades costeras de Southampton, Bornemouth o Brighton salen una y otra vez a relucir en obras como Orgullo y prejuicio, Mansfield Park o La abadía de Northanger.

Una importante biógrafa de Austen, Claire Tomalin, explica que el gusto por la literatura es mérito de su padre, el pastor anglicano George Austen, que hacía que sus hijos leyeran a Shakespeare en los ratos de tertulia en casa. Gracias a estas aficiones, la joven empieza a desarrollar su talento literario y, de muy joven, escribe su propia versión de la historia de Inglaterra, con tono cómico y provocador.

Austen nunca se casó, y tuvo supuestamente un idilio con un abogado escocés rabiosamente anticatólico, aunque aquello no prosperó. El verdadero alcance de este romance no esté muy claro. Lo cierto es que Austen se dedicó gran parte de su vida a servir a su familia, a los hijos de sus hermanos, a su madre enferma y a los demás. Llevada de su generosidad y espíritu cristiano, se dedicó a la beneficiencia en favor de los necesitados, y a afrontar su enfermedad con entereza.

En su lápida mortuoria, en la catedral de Winchester, se destaca su pureza de vida. Puede que sea un concepto lejano para muchos intelectuales de hoy, pero a los artífices de la tumba les pareció importante reseñarlo. Austen debió de cultivar hasta su muerte este estilo de vida. También ha trascendido su postura de confianza en Dios, al que en medio de su agonía pidió paciencia para soportar el sufrimiento.

Entre dos mundos

La BBC ha estrenado con motivo de bicentenario el documental Jane Austen: Behind Closed Doors, un recorrido detectivesco por los distintos inmuebles en lo que la escritora vivió y que influyeron en su creación. La autora del documental, Lucy Worsley, explica que Austen pasó gran parte de su vida “en este tipo de limbo, entre las riquezas y la pobreza gentil” y que “esta experiencia de vivir entre estos dos mundos informa en gran parte sus escritos”.

La estudiosa Paula Byrne, una intelectual católica que se dedica a la terapia contra el estrés a base de la literatura, ha publicado The Genius of Jane Austen: Her Love of Theatre and Why She Is a Hit in Hollywood (“El genio de Jane Austen: Su amor al teatro y por qué es un éxito en Hollywood”). Byrne ofrece ahí una mirada distinta de Austen, como amante de la farsa, lo cómico, el teatro y la juventud. Y también explora la razón de que sus novelas hayan dado lugar a tan excelentes películas.

En esta efemérides, la BBC ha tratado también sobre el mundo religioso de la escritora, algo que la biógrafa Tomalin no abordó en su importante semblanza. Llama la atención que Austen mantuvo un trato cercano con su cuñada Eliza de Feuillide, que abrazó el catolicismo al casarse en primeras nupcias con un francés. La escritora fue la única de la familia que acudió al funeral católico de Eliza.

Llama también la atención que en su historia de Inglaterra, Austen refleja a Enrique VIII e Isabel I, promotores de la reforma anglicana, con trazos que no los hace nada admirables, sino más bien todo lo contrario. ¿Se estaba refiriendo a la fractura social y religiosa que causaron estos monarcas Tudor? ¿Cómo podía permitirse eso la hija de un pastor anglicano?

Si Austen no tenía una escultura de tamaño natural hasta ahora, el condado de Hampshire instalará una en Basingstoke, a solo 20 kilómetros de su pueblo natal, y 30 kilómetros de donde yace enterrada.

Gustavo Monge. ACEPRENSA, 18-07-2017

 

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Humor

Hacia 1770, la moda de las pelucas empolvadas de la aristocracia francesa e inglesa habían alcanzado tal magnitud, que las pelucas podían alcanzar 1,2 metros de alto, y se decoraban hasta con pájaros embalsamados, réplicas de jardines, platos de fruta o barcos a escala.

La falta de higiene (no se las quitaban por semanas o meses) y el volumen de estas pelucas ocasionaba que no sólo piojos y pulgas las infestaran, sino que hasta pequeños ratones hicieran de ellas su hogar.

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Cuando los conquistadores ingleses llegaron a Australia se asombraron al ver unos extraños animales que daban saltos increíbles.

Inmediatamente llamaron a uno nativos e intentaron preguntarles mediante señas qué era eso.

Al notar que siempre decían “Kan Ghu Ru” adoptaron el vocablo inglés “kangaroo” (canguro). Los lingüistas determinaron tiempo después que los indígenas querían decir “No le entiendo”.

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