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MONUMENTO A LA BALLENA

MONUMENTO A LA BALLENA

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Lillian Calm escribe: “Si bien me encantan los animales, y me da pena que maten a las ballenas y ¡para qué decir a los ballenatos!, jamás le firmaría por ellas a ninguna ONG internacional (ésas que siempre se auto publicitan vestidas con piel de oveja), ya que me temo que ello me obligaría a votar solo por el Frente Amplio”.

Que me perdonen las ballenas, pero nunca jamás he firmado papel alguno por ellas. Sin embargo y a pesar de ello, hoy propongo hacer erogaciones entre los ciudadanos (no importa que hayan firmado o no) para levantarles un imponente monumento y nada menos que en la Plaza de la Constitución. La razón es clarísima: le han hecho un gran servicio a la República y, por eso, deberían ser inmortalizadas en el mismo lugar que recuerda a eximios próceres de nuestra Patria (con alguna excepción, por supuesto, porque siempre hay excepciones).

Sí. Las ballenas nos van a permitir, es lo más seguro, develar uno de los grandes fraudes que se han cometido en el país y que ni siquiera es de pesos sino de votos. Lo digo con dolor, porque en el último tiempo en Chile algo nos está pasando: nos hemos ido de fraude en fraude, pero esta vez embadurnando el proceso electoral.

¿A cuántos electores que se matricularon para que no se mataran ballenas no les mal utilizaron la firma en las primarias, en el mayor de los casos con el fin de catapultar grupúsculos políticos y convertirlos en partidos y conglomerados?

Ni siquiera lo hicieron sólo con personas de escasa cultura, lo que habría sido, por supuesto, también más que reprobable. Leí por ejemplo en “El Mercurio” el caso de una de las víctimas, que es nada menos que una académica: la doctora Carmen Cerda- Aguilar, directora del Departamento de Medicina Legal de la Universidad de Chile.  Señaló  que le pareció muy mal aparecer como militante del Frente Amplio sin haber firmado para ello. “Me dijeron que estaba inscrita en un partido político, lo verificaron y me pasaron sólo la papeleta del Frente Amplio. Fui a reclamar al encargado del local de votación y me dijo que no podía hacerse nada”.

Reconoce haber firmado por la adopción de los animales y para que le dieran una casa a un bombero a quien se le incendió la suya. Comentó: “Firmé eso porque me pareció una causa súper justa. Molesta el hecho de que como que le hubieran sacado la parte de arriba (a la petición) y la hubiesen incluido en esto otro. Si fue un subterfugio para conseguir firmas, es impresentable. Y si es un tema del Servel, también”.

Me pregunto y se preguntarán muchos: ¿qué tienen que ver los animales y ese bombero damnificado con los votos por el Frente Amplio?

Si bien me encantan los animales, y me da pena que maten a las ballenas y ¡para qué decir a los ballenatos!, jamás le firmaría por ellas a ninguna ONG internacional (ésas que siempre se auto publicitan vestidas con piel de oveja), ya que me temo que ello me obligaría a votar solo por el Frente Amplio. Lo digo sin tener la certeza, pero las evidencias me llevan a sumar dos más dos y el resultado me da… cuatro.

Tras la elección, “El Líbero” tituló uno de sus artículos: “Firmantes contra Hidroaysén y pro ballenas fueron inscritos sin su consentimiento en el Frente Amplio”. Y se señala que Chile Vamos y el comando de Sebastián Piñera presentaron un reclamo ante el Servel al recibir decenas de denuncias de quienes en el momento de votar se vieron amarrados a la dupla del Frente Amplio. Y si es que éste, por lo demás, realmente obtuvo todas las firmas necesarias y saneadas para existir verdaderamente. Pero en Chile, ¿en qué suelen quedar los reclamos, las denuncias, las investigaciones?

Espero que en esta oportunidad, por tratarse de una elección, se adopten acciones legales y administrativas, y no que el fraude sea arropado desde lo alto, como ha sucedido con la votación del informe de la comisión investigadora Sename II.

Me imaginaba que la constitución de un partido político exige normas claras y establecidas, pero al parecer eso era antes. Ahora da la sensación de que no existe ni siquiera chequeo alguno. Menos una depuración. “Aprovechemos cualquier firma y procedamos”, parece ser la consigna.  Y se acusan unos a otros: los partidos al Servel, los candidatos a los notarios, los de la izquierda a la derecha, mientras que demasiados infortunados  no sólo comprobaron que no podían votar en las primarias por quien querían, sino que ahora tienen que comenzar el burocrático proceso de su desafiliación.

Chile Vamos, en todo caso, abrió una página web -www.fraudeamplio.cl- que al menos sirve para que se desahoguen quienes  en la mayoría de los casos, y por puro cariño a las ballenas y a sus afines, se vieron inmersos en un bochornoso fraude eleccionario. Eso fue en las primarias. Veremos qué nos depararán ahora la primera y la segunda vuelta.

Lillian Calm

Periodista

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