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Francia se resiste a reconocer la maternidad subrogada

Francia se resiste a reconocer la maternidad subrogada

Francia se resiste a reconocer la maternidad subrogada
julio 14

Había expectación en Francia ante la decisión del Tribunal de Casación sobre varios casos relativos al reconocimiento de hijos tenidos en el extranjero a través de la maternidad subrogada. Cuatro sentencias dictadas el pasado 5 de julio abren una vía para registrar la filiación sin por eso legitimar el alquiler de útero.

 

El asunto apremiaba por la reiteración de sentencias del Tribunal Europeo de Derechos Humanos, favorables a la inscripción, en contra del criterio del gobierno, basado en la existencia de un ilícito fraude de ley que trataba de sortear la nulidad del alquiler de útero (cfr. Aceprensa, 25-07-2016).

El progenitor “intencional” del niño nacido por maternidad subrogada, sin vínculo biológico con él, solo puede ser reconocido a través de la adopción

 

La Corte de Casación –última instancia civil– había llegado a distinguir entre la paternidad biológica –inscribible– y la intencional, solo reconocible a través de un proceso de adopción civil. Pero no aceptaba imposiciones justificadas invocando el interés superior del menor. De todos modos, no dejaba de tener en cuenta la inocencia del nacido respecto del modo de su concepción, pensando también en la posibilidad de la muerte de su padre o la eventual –y no rara– separación de la pareja mandante. Pero evitaba llegar a las últimas consecuencias, que privarían al nacido del derecho a conocer sus orígenes.

El contrato de gestación para otro sigue siendo nulo

En el vigente derecho civil francés, se inscribe automáticamente la paternidad si una pareja francesa tiene un niño en el extranjero de modo natural. Para la maternidad subrogada solo cabe el recurso a la adopción del niño por su progenitor intencional, figura que no tiene en sí relevancia jurídica. Durante la campaña presidencial, Emmanuel Macron –de acuerdo con su capacidad de unir contrarios– se había opuesto a la legalización de las madres de alquiler, pero se mostró favorable a reconocer el estado civil de los nacidos por ese sistema.

En el ordenamiento francés, el contrato de maternidad subrogada es nulo de pleno derecho. Su práctica puede equipararse a la compraventa de niños. Si se realiza en territorio francés, puede constituir un delito contra la filiación. El Tribunal de Casación no ha entrado en esto, sino solo en la inscripción civil de los concebidos y nacidos fuera de Francia.

A pesar de algunos titulares, los magistrados parecen coherentes con su propia jurisprudencia, porque no aceptan la simple transcripción al registro de nacimientos acaecidos fuera del territorio de la República. Admiten que los niños puedan tener dos padres franceses legalmente reconocidos, no solo el padre biológico, como hasta ahora. Pero el padre “social” o “intencional”, sin ningún vínculo biológico con el niño, solo puede ver reconocida la filiación a través de la adopción.

Madre es la mujer que da a luz. Y, de acuerdo con el artículo 47 del Código Civil francés, un acto documentado en el extranjero solo puede ser transcrito en Francia si es “conforme con la realidad”. Y, a juicio del Tribunal, la única realidad es la del parto. Para los jueces, y en contra de los partidarios de legalizar la maternidad subrogada, la filiación sigue dependiendo de la biología: no es una mera construcción social y legal.

Esclavitud o trabajo para la mujer

Lógicamente, las últimas sentencias no agradan a quienes consideran que es preciso prescindir de concepciones “canónicas” de la familia, y aceptar que la “voluntad procreacional” –con o sin matrimonio, en un marco homosexual o heterosexual– es la “única fuente legítima de nuevas formas de filiación” (Daniel Borrillo, jurista, en Le Monde).

Aunque una gran mayoría habla de una nueva esclavitud femenina, no faltan voces, como la del Prof. Borrillo, que encuentra en la maternidad subrogada una dimensión emancipadora de la mujer: por primera vez, sería remunerada por un “trabajo” que ha hecho desde siempre gratuitamente. Pero, aparte de otras objeciones, esa postura no tiene en cuenta que el grueso de los cuantiosos gastos de una maternidad subrogada no va a la portadora, sino a médicos, abogados, clínicas e intermediarios.

Para los jueces, la filiación sigue dependiendo de la naturaleza: no es una mera construcción social y legal

 

Para Alexandre Urwicz, presidente de la asociación de familias homoparentales, “desde que un estado civil se establece legalmente en el extranjero, Francia no puede interferir con el modo de procreación de los hijos, para concederles más o menos derechos”. Justamente por esto, las parejas mandantes no están satisfechas con las sentencias, y seguirán litigando ante el Tribunal europeo de Estrasburgo.

El riesgo de abrir portillos al fraude de ley

En cambio, los oponentes recuerdan que la sentencia se produce unos días después de la difusión de un dictamen del Comité Consultivo Nacional de Ética. Ha cambiado su criterio para abrir a la procreación médicamente asistida a favor de todo tipo de mujeres, pero mantiene su hostilidad a la maternidad subrogada (cfr. Aceprensa, 3-07-2017). “En lugar de apoyar a posteriori prácticas de maternidad subrogada, lo que equivale a alentarlas, Francia debería tener coraje para desautorizarlas formalmente”, afirma en un comunicado Tugdual Derville, delegado general de Alliance Vita.

Una exdiputada socialista, Anne-Yvonne Le Dain, denuncia también esa “aprobación larvada de la maternidad subrogada”, a pesar de que los niños “no están en peligro”. Para ella, la decisión del tribunal viene a autorizar, sin debate político, una mercantilización de los hijos y del cuerpo de la mujer. Siempre, claro está, que las parejas tengan suficiente dinero para un proceso tan caro. Pero se olvida algo radical, expresado en la frase fuerte que emplea en un comentario para Le Monde: “Ese cuerpo [de mujer] ofrecido en el mercado de los deseos es una posible mercancía: mamá o puta, los oficios más viejos del mundo están de vuelta”. Y añade que no se pueden ocultar los considerables riesgos para su vida que la madre biológica asume, mientras “ninguna otra vida distinta de la suya está en peligro”.

La única novedad del criterio jurisdiccional es que la práctica de la maternidad subrogada, prohibida en Francia, no impide en sí misma la concesión de la adopción, si se cumplen los demás requisitos legales y no hay inconvenientes para el interés del concebido. Un criterio no admitido tampoco por los líderes de la Manif pour tous.

En todo caso, cualquier reforma en esta delicada materia debería proceder del poder legislativo, no del judicial, menos aún en el sistema jurídico de Francia. Y de momento, el gobierno parece muy cauto tras el dictamen del Comité de Ética del pasado 27 de junio.

Salvador Bernal. ACEPRENSA

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