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El “periodismo mágico” de Gabriel García Márquez

El “periodismo mágico” de Gabriel García Márquez

El “periodismo mágico” de Gabriel García Márquez
julio 14

Javier Ramos, Juan Manuel Uribe, Jaume Giró, Jaime Abello y Antonio Rubio, durante la clausura del curso

 

 

CaixaForum Madrid ha clausurado  el curso de verano Cien años de soledad: una caravana de historias con una reflexión sobre el periodismo actual, durante un encuentro en el que han intervenido el director del curso, Antonio Rubio, el director de la fundación para un Nuevo Periodismo, Jaime Abello, y los periodistas Juan Cruz y Miguel Ángel Villena.

 

“Nací periodista y hoy me siento más reportero que nunca”. Con estas palabras de Gabriel García Márquez, Jaime Abello, director de la Fundación para un Nuevo Periodismo, quiso respetar el deseo del premio Nobel de reivindicar siempre su faceta como periodista por encima de todo lo demás. Así se expresaba durante uno de los actos de clausura de Cien años de soledad: una caravana de historias, el curso de verano organizado por la Fundación “la Caixa”, la Universidad Rey Juan Carlos y la editorial Libros.com, en colaboración con la FNPI, la fundación legado del escritor.

 

Para Abello, García Márquez se sentía, ante todo y por encima de todo, periodista, razón por la cual el gran objetivo del curso, que se enmarca dentro de la celebración de los cincuenta años de la primera publicación de la novela, era, de hecho, indagar sobre “cuál era la deuda de Cien años de soledad con el periodismo”. Una obra que, en palabras de Juan Cruz, es sin duda “un ejercicio extraordinario de la profesión”. “Podría llamarse periodismo mágico -matiza-, si mágico y periodismo pudieran ir juntos alguna vez”.

 

Así, durante un periodo de tres días, en los que el curso ha abordado otros temas relevantes como la eclosión del boom de escritores latinoamericanos, los asistentes han podido además “recuperar al Gabo periodista y al Gabo literario”, en palabras de Antonio Rubio, director del curso. “Kapuscinski hablaba de García Márquez y decía que le encantaban sus novelas pero que todavía le gustaban más sus reportajes”, interviene Miguel Ángel Villena. “Todo gran reportaje en su caso era también una gran novela o era el germen de una gran novela”.

 

En una reflexión más amplia sobre los medios de comunicación actuales, Villena aprovechó la ocasión para matizar las diferencias entre noticia e información, comunicación y periodismo y denunciar que “estamos en un momento en el que confluye una fragmentación infinita con la necesidad de no perder el periodismo como género literario. En esa medida, el aniversario de los cincuenta años de Cien años de soledad nos da la oportunidad de reflexionar sobre eso”. Así, explica: “Gabriel García Márquez se curtió como periodista durante muchos años”. Para él, “lo importante era la mirada” sobre la noticia, el enfoque, y en este sentido el escritor reivindicaba “un periodismo que se ensucia los zapatos de barro” y está comprometido con su trabajo “como ejercicio literario, como una antesala de la gran literatura”.

 

“Gabo era un gran periodista, pero un periodista también para la ficción”, concluye Juan Cruz. “Fue el Pablo Picasso de la literatura del siglo XX. Su obra es un tesoro. Y para los periodistas Cien años de soledad simboliza ese tesoro”.

 

Marta Ailouti. @mailouti

EL CULTURAL, España, 07-07-2017

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Hacia 1770, la moda de las pelucas empolvadas de la aristocracia francesa e inglesa habían alcanzado tal magnitud, que las pelucas podían alcanzar 1,2 metros de alto, y se decoraban hasta con pájaros embalsamados, réplicas de jardines, platos de fruta o barcos a escala.

La falta de higiene (no se las quitaban por semanas o meses) y el volumen de estas pelucas ocasionaba que no sólo piojos y pulgas las infestaran, sino que hasta pequeños ratones hicieran de ellas su hogar.

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Cuando los conquistadores ingleses llegaron a Australia se asombraron al ver unos extraños animales que daban saltos increíbles.

Inmediatamente llamaron a uno nativos e intentaron preguntarles mediante señas qué era eso.

Al notar que siempre decían “Kan Ghu Ru” adoptaron el vocablo inglés “kangaroo” (canguro). Los lingüistas determinaron tiempo después que los indígenas querían decir “No le entiendo”.

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