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En guerra contra la obesidad

En guerra contra la obesidad

En guerra contra la obesidad
junio 29

Un informe de la Sociedad Española para el Estudio de la Obesidad revela que el 82,2% de los que padecen esta enfermedad no se perciben como gordos. Identifique los malos hábitos y adquiera otros nuevos

Es la epidemia del siglo XXI. Más de 600 millones de personas, el 13% de la población mundial, es obesa, una enfermedad que se ha duplicado desde los 80 y que se espera que lo vuelva a hacer en 15 años, según la Organización Mundial de la Salud (OMS). En España, la cifra alcanza un 20%, aunque no llega a los niveles de EEUU, el país con mayor número (32%). La Sociedad Española para el Estudio de la Obesidad (Seedo) ha presentado un estudio que concluye que el 82,2% de los españoles obesos no se percibe como tal. “Esta falsa percepción supone un problema a la hora de abordar la epidemia”, explica Francisco Tinahones, presidente de la Seedo. Un paso importante es reconocer las señales: cuando el índice de masa corporal (el peso dividido por la altura al cuadrado) está por encima de 30. Pese a ello, el 63% de los encuestados sí reconocía que su salud era regular o muy mala, ya que esta enfermedad está ligada a la hipertensión, la dislipemia (altos niveles de lípidos), la diabetes o los problemas cardiovasculares. También está detrás de algunos tipos de cáncer (mama, colon o estomacal), infertilidad, apnea del sueño, hernia de hiato y artrosis de rodilla. Aunque algunos lo achacan a la genética, mucho tienen que ver también los malos hábitos adquiridos. Identifíquelos e incorpore otros nuevos a su vida.

Hábitos saludables

Muévase, aunque sólo se trate de subir escaleras. En 2016, el prestigioso investigador estadounidense Steven Blair, profesor de la escuela de Salud Pública de la Universidad de Carolina del Sur, concluyó que la amenaza más grande para la salud mundial no era el tabaco, ni siquiera el cáncer, sino el sedentarismo. Blair explica en su estudio que la mala condición física está detrás de un 16% de los fallecimientos, que muy probablemente se podrían haber evitado si estas personas hubiesen gastado aproximadamente media hora al día en caminar. También se dedujo que las personas obesas que practicaban algo de ejercicio moderado vivían seis años más que aquellos que no realizaban ningún tipo de ejercicio. No vale la excusa de que no tiene tiempo. El simple hecho de subir las escaleras en lugar de coger el ascensor o ir andando en vez de coger el coche suman.

Dedíquele un tiempo al día a las tareas del hogar. Un estudio de la Universidad de Granada en colaboración con científicos del Sistema Extremeño de Salud (SES) afirmó el año pasado que la salud cardiovascular de los hombres obesos podía mejorar considerablemente si le dedicaran un rato al día a tareas domésticas como barrer o fregar. 

Duerma siete u ocho horas. “El 17% de los obesos no tiene una buena rutina de sueño y dormir mal aumenta las posibilidades de sufrir esta enfermedad”, explica Tinahones, presidente de la Seedo. Esto se debe a que la falta de sueño afecta a los niveles de determinadas hormonas que regulan el apetito, como la leptina, por lo que cuanto menos dormimos más queremos comer. El experto también recomienda evitar el ruido y la luz ya que dificultan alcanzar un sueño profundo.

Sírvase raciones pequeñas. ¿Es de las personas que se comen todo lo que hay en el plato? Los expertos afirman que cuanta más cantidad de comida se sirve más se come, aun cuando la persona se habría saciado con mucho menos. 

Más verduras y menos grasas. La OMS recomienda que un adulto debe consumir de 2.000 a 2.500 calorías al día si es hombre y de 1.500 a 2.000 si es mujer. Sin embargo, la mayoría sobrepasa esta cifra con creces, ya que la media de consumo calórico por persona y día es de 3.437 calorías. Para controlarlo, lo mejor, aunque suene a tópico, es seguir una dieta mediterránea. “La gente cree que por estar bañados por las aguas del Mediterráneo ya hace esta dieta, pero no. Ésta consiste en el consumo de aceite de oliva y frutas y verduras dos o tres veces al día”, cuenta Tinahones. La recomendación del presidente de la Seedo es incorporar vegetal a cualquier plato que se prepare y restringir los que lleven sólo grasas o hidratos de carbono.

Tome fruta en vez de zumo. “El zumo sólo es líquido y se pierden por el camino los polifenoles de la naranja. Lo mismo pasa con la cáscara de algunas frutas como la manzana”, analiza Tinahones. 

Beba mucha agua. Una investigación de la clínica universitaria Charité de Berlín concluyó en 2013 que la ingesta de agua reforzaba los efectos de una dieta de adelgazamiento. La recomendación es de al menos dos litros al día, ya que no sólo nos mantiene hidratados, sino que también ayuda a regular el metabolismo y eliminar toxinas.

Lea las etiquetas. Cuando compre un producto en el supermercado no se olvide de mirar las kilocalorías por ración, así como el aporte de grasas (es mejor evitar las saturadas y las trans o hidrogenadas) y comprobar que sea bajo en azúcar y sodio.

Hábitos perjudiciales

Picar entre horas. Una de cada dos personas obesas acostumbra a picar entre horas todos los días, según el estudio de la Seedo, un hábito muy peligroso si se quiere controlar el peso. El problema es que los alimentos que se ingieren en este picoteo no suelen ser saludables porque son ricos en sal, grasas saturadas y azúcar. Además, se consumen de forma descontrolada.

Las dietas milagro. Huya de ellas. En la mayoría de los casos no funcionan y pueden ir acompañadas de un efecto rebote. Además pueden resultar dañinas para la salud. Lo más aconsejable es que acuda al endocrino si tiene la intención de superar su obesidad para que le programe una dieta adecuada para usted.

El azúcar. La OMS aconseja reducir su consumo a menos del 10% del total de calorías de la dieta diaria debido a su gran aporte energético, lo que equivaldría aproximadamente a 50 gramos o 12 cucharitas. “Si se quiere consumir refrescos es mejor tomarlos light. Los zumos también llevan azúcar, así que hay que beberlos con moderación, sobre todo los niños”, argumenta Tinahones. Destierre también de su menú la comida ‘fast food’ y las salsas. 

Comer deprisa y no masticar suficiente. Este mal hábito evita que el organismo digiera bien la comida y que se haga una peor digestión. Además, cuando no se toma el tiempo necesario para masticar los alimentos, se siente una menor sensación de saciedad y se tiende a comer más.

Saltarse alguna comida. Creer que no desayunar o cenar le va a ayudar a perder peso es un error. Los expertos lo desaconsejan, ya que puede incluso conseguirse el efecto contrario al ralentizar el metabolismo. Además, puede provocar desequilibrios alimenticios y que lleguemos a la comida con un hambre voraz. Por ello, Tinahones recomienda “comer cuatro veces al día en proporciones adecuadas”. De esta forma se recibirá un suministro constante de energía y se evitará la retención de reservas que dificultarían la tarea de perder peso.

Vivir con estrés. Un informe de la Seedo recoge que éste es un factor determinante en el aumento de los índices de obesidad. De hecho, un 33% de las personas obesas lo sufre. Este tipo de situaciones suelen generar ansiedad y como consecuencia se come más de lo normal para tratar de calmar esa sensación con comida. También se suelen elegir los alimentos que más placenteros resultan y no se resultan ser precisamente los más saludables… Además, el estrés incrementa los niveles de cortisol, lo que provoca que el cuerpo almacene grasas en lugar de eliminarlas.

Cenar tarde. La investigadora de la Universidad de Harvard Marta Garaulet concluyó en 2008 que cenar cuando tenemos los niveles de melatonina elevados puede producir alteraciones metabólicas.

Nada de alcohol. Los resultados de un estudio publicado en 2012 en el European Journal of Clinical Nutrition concluyen que su ingesta continua está relacionada con la obesidad abdominal.

Patricia Lozano. EL MUNDO, España, 26-06-2017

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