Temas & Noticias



Netflix responde a Pedro Almodóvar: “Mejor ver cine en una pantalla pequeña que no verlo en absoluto”

Netflix responde a Pedro Almodóvar: “Mejor ver cine en una pantalla pequeña que no verlo en absoluto”

Netflix responde a Pedro Almodóvar: “Mejor ver cine en una pantalla pequeña que no verlo en absoluto”

Ted Sarandos descalifica como “romántico” al director manchego y reivindica un modelo de exhibición “sin ventanas” que “piense en el usuario”. Almodóvar (en la foto con  Jessica Chastain y el director Park Chan-wook): “La pantalla de cine no puede ser parte del mobiliario”

 

No hay tregua. El desembarco de Netflix en Cannes ha acabado en guerra. Y ello pese a no estar claro quién es el enemigo y a pesar de que cada día que pasa cuesta más reconocer el frente de batalla. Pero el ruido de las bombas (o petardos, por no dramatizar) sigue ahí. Se alza el telón, aparece el nombre del canal de televisión, además de productor, en los créditos iniciales de Okja, de Bong Joon Ho, y un cerrado abucheo. No lejos, aplausos. Algo más tímidos. Un segundo más tarde todo vuelve a su ser. Un momento. Sigue la bronca. La película está mal encuadrada y el responsable del ‘encuadramiento’ y apóstol del caos no cae en la cuenta hasta cumplidos casi siete minutos de proyección. El Gran Teatro Lumière es ya no tanto una fiesta como un gallinero. No hay tregua.

Se cumplía así el último episodio de lo que también podría pasar por simplemente un culebrón. «Entiendo que se trata de problemas técnicos. De lo que puedo dar fe es de que no lo hemos organizado nosotros para dar publicidad», bromeaba poco después del pase de prensa en un encuentro con periodistas Ted Sarandos, el que pasa oficialmente por ser el segundo del canal Netflix. Sin reconocerlo, parece claro que su comparecencia es un escarceo a sumar al cuerpo a cuerpo que se vive desde hace semanas en la Croisette. Las primeras palabras, como era obligatorio, fueron para Almodóvar: «Creo que se le ha malinterpretado. Él no dijo que no vaya a premiar una película que no se estrene en cine. Es su obligación atenerse a la calidad de las películas y creo que cumplirá con su deber».

En realidad, el presidente del jurado, además de manchego, se limitó a destacar «el poder hipnótico y no superable por nada del cine visto en la sala a oscuras». De esta manera, pretendía de manera algo ingenua zanjar la polémica que ha enfrentado a los distribuidores y productores franceses con el propio festival en cuanto se supo que competían dos películas que no tenían ninguna intención de pisar un cine. Netflix, su productora, las va a llevar directamente a la tele y en todo el mundo. En el caso de Okja lo hará el próximo 28 de junio a la vez que se proyecta en determinadas salas de Corea y Estados Unidos. Adiós, por tanto, a la política de ventanas que reserva un periodo determinado de exhibición privilegiado al «hipnotismo», en expresión de Almodóvar. La pelea se zanjó con un comunicado de la organización en el que se anunciaba que a partir de 2018 sólo se admitirán películas cuyo estreno en sala esté garantizado. Ganaron por tanto los distribuidores.

«Es mentira que las tecnologías resten. La tele no acabó con la radio y los videojuegos no han hundido ni al cine ni a la propia tele. Hay que tener en cuenta que lo que hacemos es dar al usuario la posibilidad de ver películas que, de otro modo, no vería nunca. Hace unos años, una Palma de Oro como la de Apitchatpong no tenía distribución y, cuando se estrenó, fue en unos pocos cines de París», se defiende Sarandos a la vez que presenta sus cifras: 1.750 millones de dólares invertidos en producir cine europeo. «Francia es el único país del mundo», sigue, «en el que el sistema de ventanas está legislado. En los demás países en los que funciona es un acuerdo comercial entre partes. No sé si esta ley es buena para el cine francés, pero está claro que es mala para el espectador francés».

Sarandos defiende lo suyo a la vez que sirve más argumentos para la polémica. «Nadie nos puede acusar de no defender al cine de autor. Hemos venido aquí porque este es el sitio de prestigio del cine y en las películas que apoyamos damos total libertad al director. Nuestro negocio no es hacer taquilla el primer fin de semana, sino producir calidad que el espectador aprecie y recomiende a otros abonados. Nuestras campañas de publicidad las hace el espectador mismo», comenta, se toma un segundo y se pregunta: «¿Qué gran estudio hoy habría producido una película como Okja con un presupuesto de 50 millones que trata de un supercerdo y una niña? Ninguno. Ellos sólo apuestan a no perder. Cosa que nosotros no hacemos».

El responsable de Netflix insiste en que volverá a Cannes y si para ello se tiene que plegar a las nuevas exigencias, así lo hará. «Nosotros no hacemos cine para la pantalla grande, sino para la pantalla. Punto. Importa la calidad de la imagen y ahí no cedemos. Siempre será mejor ver cine en una pantalla pequeña que no verlo en absoluto. Manda el consumidor», afirma tajante justo después de reconocer que en casa él tiene una buena televisión, pero no home cinema. ¿Y dónde queda el poder hipnótico del cine? «Eso es simple romanticismo. También se dice que la radio es pura imaginación. ¿Qué hacemos entonces? ¿Abandonamos todo y volvemos a la radio?». Y ahí lo deja. A la espera del siguiente bombardeo. Que lo habrá.

Luis Martínez, Cannes.

EL MUNDO, España, 20-05-2017

Social

Powerpoint de la semana

Video Recomendado

Impresionantes Pinturas 3D del Artista Edgar Muller
La risa de Juan Pablo II
Lo que está detrás de la ideología de género (Benigno Blanco)
Loving Vincent - Trailer 2016 (web)

Humor

En el 449, el emperador Valentín III, enemigo acérrimo de Atila, condenó al exilio a su propia hermana, Honoria. Ésta, en venganza, entregó su anillo a un oficial de los hunos para que se lo mostrara a su jefe como prueba de que ella era hermana de su enemigo. Atila entendió que la joya era una oferta de matrimonio y, desgraciadamente para Honoria, dijo “sí quiero”.
------------------------------------------------------

Hessy Taft, una guagua de padres judíos, apareció en las portadas de las revistas nazis y en los afiches del Tercer Reich al ganar el concurso “Modelo de raza Aria”.

Todo sucedió porque el fotógrafo, sin la autorización de los padres, envió la foto al concurso pensando que sería una buena lección que lo ganara una niña judía como modelo del ario perfecto. --------------------------------------------------------