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Error de Google-Maps envía turistas a una aldea perdida

Error de Google-Maps envía turistas a una aldea perdida

Error de Google-Maps envía turistas a una aldea perdida
mayo 18

Los viajeros se dirigían a El Púlpito (ver foto), en los fiordos noruegos, y acabaron en un pueblo aislado a 30 kilómetros

A los viajeros puede jugarnos alguna mala pasada. Así lo ha experimentado en sus propias carnes un grupo de turistas que visitaban los fiordos noruegos y querían conocer la famosa roca de El Púlpito utilizando como guía Google Maps. 

Los turistas llegaron a la aldea de Fossmork que, para su sorpresa, se encuentra a 30 kilómetros de su destino original, el acantilado Preikestolen. Esta pequeña localidad noruega ha recibido con gran asombro a una oleada de curiosos, ya que de normal este pueblo suele tener entre 10 y 15 vehículos al día, según un medio local.

Además, un residente de Fossmork ha explicado que este error de la aplicación lleva repitiéndose desde hace tiempo, ya que no es la primera vez que ocurre: “a veces llegan dos, tres o cuatro turistas al pueblo. Dicen que se dirigían a la roca de El Púlpito y no entendemos nada”. 

El malestar de los visitantes suele ser grande ya que la aldea se encuentra justo al otro lado del destino original, a 30 kilómetros de distancia. Según cuenta Gunnar Boe, un vecino al periódico Stavanger Aftenblad: “la carretera hasta Fossmork es muy estrecha y los turistas a veces se enfadaban cuando les indicábamos que tenían que dar media vuelta”. 

El famoso acantilado de Preikestolen es una de las mayores atracciones turísticas de los fiordos, un acantilado a más de 600 metros de altura que promete unas vistas impresionantes del lugar (no apto para viajeros con vértigo).

LA VANGUARDIA, Barcelona, 11-05-2017

 

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A comienzos de siglo XVIII reinó en Prusia un hombre muy temperamental. Federico Guillermo tenía la costumbre de pasear sin escolta por las calles de Berlín. Cuentan que cuando encontraba alguien que le desagradara, lo que ocurría con frecuencia, no dudaba en golpearlo con su bastón. Por esa razón cuando la gente lo veía a lo lejos, prudentemente huía lo más rápido posible.

En cierta ocasión, como de costumbre, el rey avanzaba golpeando el suelo con su bastón. Un berlinés, tomado por sorpresa, tratando de huir del monarca, se ocultó en un portal. Ahí lo sorprendió Federico Guillermo, y lo increpó de inmediato:

- Eh, tú, ¿A dónde vas?

El pobre hombre, que temblaba de miedo, le indicó con la cabeza una la puerta.

- ¿Vives ahí?, lo interrogó.

El hombre hizo un gesto de negación.

- ¿Es la casa de un amigo tuyo? Volvió a preguntar.

- No, Majestad.

El rey lo miró con sospecha,

-Entonces, ¿por qué entras en ella?

El hombre tuvo miedo de que se le considerara como ladrón, así que confesó:

- Lo hacía para evitar encontrarme con su Majestad. Federico Guillermo lo miró extrañado.

- ¿Y por qué quieres evitarme?

Bajando la vista, decidió decirle la verdad:

- Porque tengo miedo de su Majestad.

Al escuchar esto, Federico Guillermo montó en una de sus famosas rabietas. Agarró al infeliz por el cuello, lo sacudió violentamente, y lo increpó:

- ¿Cómo te atreves a tener miedo de mí? ¡Soy tu rey, así que tienes que amarme! ¡Ámame, desgraciado! ¡Te ordeno que me ames!

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