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Educación Superior: Una alternativa mirando el largo plazo

Educación Superior: Una alternativa mirando el largo plazo

Educación Superior: Una alternativa mirando el largo plazo

R. Figueroa y D. Rodríguez “Proponemos crear un sistema único que incluya una beca de arancel, cuya asignación y monto dependa del nivel socioeconómico del estudiante y su rendimiento académico en conjunto con un crédito estatal subsidiado, contingente al ingreso y con un número fijo de cuotas a pagar…”.

La reforma a la educación superior impulsada por el Gobierno ha retomado su discusión luego de ser rechazada por la comisión de Educación de la Cámara de Diputados. La indicación sustitutiva no trajo cambios sustantivos a la iniciativa, y se insiste en la gratuidad universal y en un listado extenso de controles y presiones estatales, cuyo impacto en el sistema será negativo.

Para abordar la discusión en particular se debe distinguir entre la política de gratuidad universal y los demás aspectos del proyecto, para los cuales es factible proponer mejoras que apunten al máximo desarrollo posible del sistema de educación superior.

En este sentido, la Superintendencia que el proyecto crea es necesaria; sin embargo, se deben establecer los resguardos suficientes para que sus atribuciones no restrinjan la iniciativa o la capacidad de innovar de las instituciones de educación superior. Uno de los aspectos centrales es definir qué se entiende por “supervisión de la viabilidad financiera” de las instituciones de educación superior y enmarcar esta función, la que debe ser coherente con la heterogeneidad de estas y su respectivo estado de desarrollo.

Otro aspecto relevante es reponer la lógica de “pesos y contrapesos”, que ha sido una característica esencial del sistema, correspondiéndole al Consejo Nacional de Educación (CNED) un rol fundamental en esta materia. El proyecto le quita atribuciones al Consejo concentrándolas exclusivamente en la Superintendencia, lo que debe ser corregido.

Respecto del aseguramiento de la calidad, la acreditación que propone el Gobierno conlleva el riesgo de alterar la esencia de determinados proyectos educativos, forzando a todos hacia un modelo de universidad compleja. Mejor alternativa es una acreditación obligatoria, pero que establezca categorías diferentes y no jerárquicas por la que cada institución deberá optar: universidades complejas, universidades docentes, institutos profesionales y centros de formación técnica. La facultad de aprobar los criterios y estándares de calidad debe recaer en el CNED y no en un comité con alta participación política.

Por último, el proyecto de ley profundiza las discriminaciones arbitrarias en perjuicio de las instituciones privadas creadas con posterioridad a 1981, lo que redunda en una discriminación también arbitraria hacia sus estudiantes. Debe eliminarse la posición privilegiada del CRUCh como órgano asesor de la Subsecretaría, y se requieren normas de calidad y fiscalización que sean de aplicación general e incluyan a la totalidad de las instituciones.

Así como hay espacio para mejorar el proyecto en lo que a institucionalidad se refiere, el escenario es distinto al hablar del financiamiento. La gratuidad universal que impulsa el Gobierno es una política regresiva, ineficiente y que genera efectos contrarios a los deseados tanto en calidad como en equidad. Además, restringe la autonomía y la diversidad del sistema, lo que repercute directamente en la posibilidad de escoger de los estudiantes. Nuestra propuesta es reemplazar en su totalidad la gratuidad planteada en el proyecto, creando un sistema único que incluya una beca de arancel, cuya asignación y monto dependa del nivel socioeconómico del estudiante y su rendimiento académico en conjunto con un crédito estatal subsidiado, contingente al ingreso y con un número fijo de cuotas a pagar. Se deben considerar también fondos directos y concursables para las instituciones, asignados según resultados.

Lo que Chile necesita es una institucionalidad que equilibre adecuadamente el control estatal con la necesaria autonomía de las instituciones, que promueva su desarrollo y reconozca la diversidad de proyectos de calidad, ampliando las posibilidades de elección de los jóvenes.

Raúl Figueroa. Director ejecutivo de Acción Educar

Daniel Rodríguez. Investigador de Acción Educar 

EL MERCURIO, 17-05-2017

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A comienzos de siglo XVIII reinó en Prusia un hombre muy temperamental. Federico Guillermo tenía la costumbre de pasear sin escolta por las calles de Berlín. Cuentan que cuando encontraba alguien que le desagradara, lo que ocurría con frecuencia, no dudaba en golpearlo con su bastón. Por esa razón cuando la gente lo veía a lo lejos, prudentemente huía lo más rápido posible.

En cierta ocasión, como de costumbre, el rey avanzaba golpeando el suelo con su bastón. Un berlinés, tomado por sorpresa, tratando de huir del monarca, se ocultó en un portal. Ahí lo sorprendió Federico Guillermo, y lo increpó de inmediato:

- Eh, tú, ¿A dónde vas?

El pobre hombre, que temblaba de miedo, le indicó con la cabeza una la puerta.

- ¿Vives ahí?, lo interrogó.

El hombre hizo un gesto de negación.

- ¿Es la casa de un amigo tuyo? Volvió a preguntar.

- No, Majestad.

El rey lo miró con sospecha,

-Entonces, ¿por qué entras en ella?

El hombre tuvo miedo de que se le considerara como ladrón, así que confesó:

- Lo hacía para evitar encontrarme con su Majestad. Federico Guillermo lo miró extrañado.

- ¿Y por qué quieres evitarme?

Bajando la vista, decidió decirle la verdad:

- Porque tengo miedo de su Majestad.

Al escuchar esto, Federico Guillermo montó en una de sus famosas rabietas. Agarró al infeliz por el cuello, lo sacudió violentamente, y lo increpó:

- ¿Cómo te atreves a tener miedo de mí? ¡Soy tu rey, así que tienes que amarme! ¡Ámame, desgraciado! ¡Te ordeno que me ames!

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