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Las angustias de Felipe

Las angustias de Felipe

Las angustias de Felipe

Como todos sabemos, uno de los detonantes de la Revolución Mexicana fue la infinita reelección del Presidente Porfirio Díaz. Otro fue un golpe de Estado propiciado por el gobierno de Washington. Cosas de la historia.

Desde entonces el lema político fundamental en este país es la no reelección. Cuando Obregón la había logrado los cristeros (asesorados por EU, lo asesinaron).

Pero ahora hay un vivo cuya truculencia le ha abierto un camino: hacer presidente a la esposa, adueñándose primero del más antiguo partido político del gobierno.

De eso va esta historia.

Tarde, es verdad, pero la vulgar intentona de Felipe Calderón de lograr la reelección presidencial a través de la persona de su esposa Margarita (no es diminutivo) Zavala, ya es un asunto evidente para cualquiera. 

No deja de ser significativo en ese sentido el editorial del diario Reforma cuyo director, Alejandro Junco de la Vega (con el seudónimo de Manuel J. Jáuregui), le tunde bien y bonito al expresidente. 

“…En México, es bien sabido, NO HAY REELECCIÓN presidencial, de manera que si la aspiración de Margarita Zavala en convertirse en presidenta de México (puesto para el que en lo personal estamos convencidos non está calificada), entonces ella tiene que librar sus propias batallas, hacer a un lado a su maridito, y ser ella quien encabece su candidatura, sus esfuerzos, demostrando con hechos que es capaz por si sola de dirigir sus destinos…”

Malamente aconsejado por su víscera favorita (el hígado), Felipe Calderón tronó sus enojos por la parcialidad de la candidatura aún no anunciada pero ya promovida de Ricardo Anaya y tras un pleito con Juan José Rodríguez Prats (viejas cuentas llevan esos dos), amagó, por segunda ocasión con abandonar las filas del PAN, exabrupto tras el cual mandó una carta “aclaratoria” de un asunto de extrema claridad: los berrinches y la iracundia lo dominan. Así ha sido toda su vida. 

Sólo como un recuerdo, reproduzco para usted esta nota de hace casi dos años: 

NUEVA YORK.- El expresidente Felipe Calderón aseguró que apoyará a su esposa, Margarita Zavala, en sus aspiraciones por ser la primera mujer que gobierne México, y que espera que su candidatura sea con el PAN, pero que si “le hacen trampa” y va por la vía independiente, también estará a su lado”.

Como se ve, el cinismo de Calderón es inmenso. Para él fracasar en el empeño de una candidatura para su esposa es hacerla (hacerlos) víctima de trampa, sin dejar ver la carta marcada de trampear al país con el intento de una reelección conyugal. Eso no es trampa, según él. 

Es una maquinación intolerable. Así sea legal. 

La rabieta y el amago de abandono de las filas del Partido Acción Nacional fue un fiasco más en la estrategia. Si no tuvo la templanza de aguantar la retahíla tropical de Rodríguez Prats, quien es su enemigo de muchos años, no se siente seguro de nada. Por eso gritonea. 

En su carta aclaratoria, Felipe busca componer el estilo como esas gimnastas cuyo, paso perdido a la salida de una viga quiere ser corregido alzando los brazos. Ya no se puede. Lo dicho, dicho y quien no se sostiene mejor debería guardar silencio.

Columna de Rafael Cardona, periodista

EXCELSIOR, México, 06-05-2017

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A comienzos de siglo XVIII reinó en Prusia un hombre muy temperamental. Federico Guillermo tenía la costumbre de pasear sin escolta por las calles de Berlín. Cuentan que cuando encontraba alguien que le desagradara, lo que ocurría con frecuencia, no dudaba en golpearlo con su bastón. Por esa razón cuando la gente lo veía a lo lejos, prudentemente huía lo más rápido posible.

En cierta ocasión, como de costumbre, el rey avanzaba golpeando el suelo con su bastón. Un berlinés, tomado por sorpresa, tratando de huir del monarca, se ocultó en un portal. Ahí lo sorprendió Federico Guillermo, y lo increpó de inmediato:

- Eh, tú, ¿A dónde vas?

El pobre hombre, que temblaba de miedo, le indicó con la cabeza una la puerta.

- ¿Vives ahí?, lo interrogó.

El hombre hizo un gesto de negación.

- ¿Es la casa de un amigo tuyo? Volvió a preguntar.

- No, Majestad.

El rey lo miró con sospecha,

-Entonces, ¿por qué entras en ella?

El hombre tuvo miedo de que se le considerara como ladrón, así que confesó:

- Lo hacía para evitar encontrarme con su Majestad. Federico Guillermo lo miró extrañado.

- ¿Y por qué quieres evitarme?

Bajando la vista, decidió decirle la verdad:

- Porque tengo miedo de su Majestad.

Al escuchar esto, Federico Guillermo montó en una de sus famosas rabietas. Agarró al infeliz por el cuello, lo sacudió violentamente, y lo increpó:

- ¿Cómo te atreves a tener miedo de mí? ¡Soy tu rey, así que tienes que amarme! ¡Ámame, desgraciado! ¡Te ordeno que me ames!

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