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Felipe de Edimburgo se retira: «No puedo aguantar mucho más»

Felipe de Edimburgo se retira: «No puedo aguantar mucho más»

Felipe de Edimburgo se retira: «No puedo aguantar mucho más»
mayo 11

El marido de Isabel II cumplirá 96 años en junio y renunciará en otoño a su agenda pública. La visita de los Reyes de España será su último gran compromiso

Se lo ha ganado”. Ese fue el comentario más repetido en Inglaterra tras el anuncio de que el Príncipe Felipe de Edimburgo, que cumplirá 96 años el 10 de junio, renunciará en otoño a su agenda pública. Sus datos son apabullantes: 65 años de servicio público como consorte de la Reina, 22.191 compromisos oficiales atendidos a título individual, mil viajes solo al extranjero y 5.493 discursos. El año pasado todavía fue el quinto miembro de la familia real con más agenda, con 110 días ocupados. 

El Duque de Edimburgo, siempre fibroso e impecable, con fama de metepatas y un sentido del humor cáustico, que desborda los melindres de la corrección política actual, se ha ido haciendo un sitio en el corazón de los británicos. Han pasado de verlo como un personaje áspero a considerarlo una suerte de «tesoro nacional», que ha combinado un incansable afán de servicio con ese toque de excentricidad que encanta a los ingleses. «Declaro esta cosa inaugurada, sea lo que sea», se despachó en un viaje oficial a Canadá en 1969. En 1981, con el país en recesión, derrapó por todo lo alto: «Se quejaban de que querían más tiempo de ocio… ¡y ahora se quejan de que están en el paro!».

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El Príncipe Felipe, que celebrará en noviembre sus 70 años de matrimonio, abandona la vida pública en una decisión personal «tomada con pleno apoyo de la Reina», según el comunicado de Buckingham. El anuncio puso fin a una mañana de especulaciones y nervios, después de que hubiesen sido convocados al palacio los responsables de las principales residencias regias. En las redes sociales se dispararon los rumores. En un lamentable error, el diario sensacionalista «The Sun», el más vendido, llegó por un instante a darlo por muerto en su web.

«Un trabajo de por vida»

El hombre al que la Reina Isabel definió una vez como «mi roca» cumplirá con la agenda de actos previamente contraída, pero a partir del otoño ya no aceptará nuevas invitaciones. No se descarta sin embargo que siga participando en actos puntuales. Por ejemplo, se da por descontado que aparecerá en público durante la visita oficial de Donald Trump a finales de año. 

Antes de que llegue la jubilación, acudirá al Chelsea Floral Show, un festival de jardinería, donde en su visita de 2008 celebró la hermosura de un helecho y fue corregido por una experta. «No he pedido puñeteras lecciones», le espetó. También asistirá a las carreras de Ascot, gran pasión de la Reina. El último acto de gran relevancia de su agenda pública será la visita de los Reyes de España durante tres días, a partir del 12 de julio.

Palacio ha aclarado que la Reina continuará con sus tareas actuales. «Su Majestad la Reina continuará manteniendo un programa completo de compromisos oficiales con el apoyo de miembros de la familia real». El Príncipe Felipe había reducido su programa cuando cumplió 90 años. Del mismo modo, Isabel II renunció a finales del año pasado al patronato de 26 organizaciones y ha ido cediendo ocupaciones. Pero la palabra abdicación no entra en su vocabulario. En 1992, en una rara declaración a la BBC con motivo de sus 40 años en el trono, la Reina dejó claro que «este es un trabajo de por vida».

Reacciones políticas

Tras el anuncio, Isabel II y el Príncipe Felipe acudieron a un servicio religioso en la Capilla Real del Palacio de St. James, un acto de la Orden del Mérito, que honra a figuras de las artes y las ciencias. Ambos se mostraron animados y con buen aspecto para su avanzadísima edad, en la que ni siquiera emplean bastón en público. Un asistente le comentó al Príncipe que lamentaba su retirada. «Bueno, ya no puedo aguantar mucho más», le respondió con reflejos y una sonrisa.

Anteayer, el Duque de Edimburgo había presidido la inauguración de una ampliación del Lord’s Cricket Ground, la cancha de críquet más importante del país, en Londres. Vestido con la llamativa corbata de club, bromeó al descubrir la placa: «Soy el desvelador de placas con más experiencia del mundo». Lo cual es cierto.

Todos los partidos le han rendido tributo. Jeremy Corbyn, el líder laborista, ha destacado «su claro sentido del servicio público». Nicola Sturgeon, la líder separatista escocesa que amenaza la Unión, ha emitido un comunicado largo y sentido, donde califica su apoyo a la Reina de «enormemente admirable» y destaca «su entusiasmo y sano humor». La primera ministra le expresó «la más profunda gratitud» de la nación. May visitó el miércoles a la Reina en Buckingham y se cree que fue informada de la retirada.

En los últimos años, el Príncipe ha sufrido algunos percances de salud, pero nunca con su vida en riesgo. En 2011 fue sometido a una angioplastia y al año siguiente sufrió una infección de vejiga. Hace tres años, causó baja once días por una operación en el abdomen y el año pasado anuló a última hora un acto en unas islas de Escocia por «un fuerte catarro». Pero desde entonces este hombre alto, enjuto y todavía nervudo, se mantenía en sorprendente buen estado.

La Reina y él mantienen una relación de extraordinaria complicidad. Ella lo considera su gran apoyo y lo admira profundamente, a pesar de que la prensa sensacionalista británica ha publicado que en los inicios de su matrimonio el príncipe protagonizó inquietantes incursiones noctámbulas por el Soho. De puertas adentro, la Familia Real, que se llama a sí misma «The Firm» (la empresa), venera a Felipe como su autoridad.

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Isabel se enamoró de Felipe -nacido en Corfú y de sangre alemana, rusa y danesa- con solo 13 años, cuando el entonces apuesto príncipe heleno, un hombre rubio de 1.88 de talla, le hizo de cicerone en una visita a un centro de la Armada. Felipe Mountbatten (su adaptación del apellido alemán Battenberg) tuvo una infancia dura: conoció el exilio y su madre, una enferma de esquizofrenia, fue internada y desapareció de su vida en su niñez. Afincado en Inglaterra, hizo carrera en la Marina Real, a la que renunció para dedicar su vida a la Reina. A pesar de que lo adora, ella siempre ha marcado distancias con él en la vida pública, empezando por el propio día de su coronación en 1953, cuando en contra de los deseos de Felipe lo relegó a un segundo plano. Porque Reina solo hay una.

Luis Ventoso, corresponsal en Londres.

ABC, Madrid, 05-05-2017

 

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Hacia 1770, la moda de las pelucas empolvadas de la aristocracia francesa e inglesa habían alcanzado tal magnitud, que las pelucas podían alcanzar 1,2 metros de alto, y se decoraban hasta con pájaros embalsamados, réplicas de jardines, platos de fruta o barcos a escala.

La falta de higiene (no se las quitaban por semanas o meses) y el volumen de estas pelucas ocasionaba que no sólo piojos y pulgas las infestaran, sino que hasta pequeños ratones hicieran de ellas su hogar.

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Cuando los conquistadores ingleses llegaron a Australia se asombraron al ver unos extraños animales que daban saltos increíbles.

Inmediatamente llamaron a uno nativos e intentaron preguntarles mediante señas qué era eso.

Al notar que siempre decían “Kan Ghu Ru” adoptaron el vocablo inglés “kangaroo” (canguro). Los lingüistas determinaron tiempo después que los indígenas querían decir “No le entiendo”.

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