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Buenos Aires estrena su primera playa natural con arena

Buenos Aires estrena su primera playa natural con arena

Buenos Aires estrena su primera playa natural con arena
mayo 11

Está en la Reserva Ecológica Costanera Sur; se formó por acción del río luego de que se removieron escombros acumulados; reabre además remodelada la histórica rambla

Buenos Aires estrena hoy su primera playa natural, en una de las márgenes del Río de la Plata que baña la costa de la Reserva Ecológica. Aunque está prohibido bañarse, los visitantes podrán disfrutar de un sector de arena rodeado de verde y agua. El murmullo del río y el canto de las aves acompañarán la tranquilidad.

También en la Costanera Sur se recuperó otro espacio de importancia patrimonial. La gente volverá a caminar por un antiguo paseo recuperado: la rambla donde solía funcionar el balneario municipal.

Para acceder a la playa, que quedará habilitada pasado el mediodía tras su inauguración oficial, bastará atravesar la Reserva Ecológica, un predio favorecido por la gran riqueza de flora y fauna presentes. Allí, en el cruce de los caminos De los Sauces Criollos y Del Medio, el río estará más cerca que nunca para el millón de visitantes que anualmente recorren este parque natural. El trayecto puede ser más largo o más corto -en este caso, serían unos dos kilómetros desde la entrada por la avenida Brasil-, depende del sendero que se tome. La playa tiene poco menos de 300 metros de largo y una linda vista al horizonte.

“Se recuperó la costa, reacomodando la materia prima que estaba en el lugar”, explicó Germán Ausino, gerente operativo de la Reserva, en diálogo con LA NACIÓN. La materia prima a la que se refería son escombros, adoquines y piedras que por distintos motivos permanecían depositados allí y no permitían el acceso a la costa. Fueron removidos y utilizados para conformar con ellos tres pequeñas escolleras, de modo de liberar espacio en la ribera.

Para sorpresa de los responsables, indicó Ausino, el movimiento del río trajo consigo arena y pequeños sedimentos de canto rodado. “Fue un proceso natural, como lo fue en su momento la formación de la Reserva Ecológica, tras la caída del proyecto de la Ciudad Administrativa”, agregó el funcionario. Allá por 1984, cuando el plan para urbanizar esas 360 hectáreas no avanzó, la propia naturaleza se adueñó del lugar.

El nuevo paisaje se completa con un área de descanso contigua que invita a permanecer largas horas. Este sector ya fue inaugurado tiempo atrás y día a día decenas de visitantes, muchos de ellos estudiantes de colegios que participan de actividades de educación ambiental, lo disfrutan. Hay bancos y mesas construidos con material reciclable y la zona fue reforestada con 160 especies de plantas nativas, como palmeras Pindo y cortaderas. Una baranda de madera marca una división entre este parque verde y la playa, pero el panorama natural no conoce de límites.

A la playa se podrá acceder en el mismo horario en que abre la reserva, entre las 8 y las 18. Sobre el dato curioso de que sea estrenada pasada la temporada de verano, LA NACIÓN pudo saber que está en sintonía con desalentar que los visitantes ingresen al agua. Personal de seguridad custodia el lugar.

“Ésta es la primera y única playa de la ciudad con vista directa al Río de la Plata. Ganamos un nuevo espacio al río y recuperamos el Paseo de la Rambla para que todos los podamos disfrutar”, dijo el ministro de Ambiente y Espacio Público, Eduardo Macchiavelli. “Tratamos de ser lo menos invasivos posible para proteger la flora y la fauna que año a año crecen en nuestra reserva”, agregó el funcionario, que hoy inaugurará oficialmente los nuevos espacios.

Paseo de la Rambla

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La rambla recuperada bordea la Laguna de los Coipos. Foto: LA NACION / Ricardo Pristupluk

Después de cinco años de permanecer vedada al público, la gente podrá volver a caminar por la Rambla de Costanera Sur. Se trata de la misma dársena por donde, desde diciembre de 1918 hasta mediados del siglo XX, las personas accedían al balneario municipal y se sumergían en las aguas del Río de la Plata, algo hoy prohibido por la contaminación del cauce.

El paseo turístico que renace, que se extiende unos 600 metros desde el ingreso sur de la Reserva Ecológica (altura Fuente de las Nereidas) hasta la glorieta (altura monumento a Luis Viale), fue restaurado con el objetivo de conservar su estructura histórica. Se reconstruyeron los solados originales y el mobiliario de época, como los 16 bancos romanos.

Desde este espacio, se tiene una perspectiva distinta del gran pulmón verde porteño y se puede apreciar de cerca la Laguna de los Coipos. Por estos días, parte del espejo de agua está cubierta con plantas fitorremediadoras, que, en conjunto, parecen una alfombra verde.

La rambla estará abierta al público a partir de mañana, de martes a domingos, de 10 a 17. No se abrirán todos los portones, sino tres de los accesos (uno en cada extremo y otro en el medio), aclararon desde el Ministerio de Ambiente y Espacio Público porteño.

En diálogo con LA NACIÓN, el urbanista Emiliano Espasandin opinó: “Me parece perfecto que se recuperen espacios públicos, sobre todo aquellos lugares que en su momento tuvieron protagonismo en la historia”.

Más árboles en la ciudad

El gobierno porteño plantó ayer los primeros 50 de 4000 árboles que incorporará a la ciudad junto con la Fundación R21, liderada por Charly Alberti. Fue en la plaza Naciones Unidas, junto a la Facultad de Derecho. En total, la administración de Horacio Rodríguez Larreta promete sumar durante el año 20.000 árboles nuevos.

Valeria Musse. LA NACIÓN, Buenos Aires, 03-05-2017

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Hacia 1770, la moda de las pelucas empolvadas de la aristocracia francesa e inglesa habían alcanzado tal magnitud, que las pelucas podían alcanzar 1,2 metros de alto, y se decoraban hasta con pájaros embalsamados, réplicas de jardines, platos de fruta o barcos a escala.

La falta de higiene (no se las quitaban por semanas o meses) y el volumen de estas pelucas ocasionaba que no sólo piojos y pulgas las infestaran, sino que hasta pequeños ratones hicieran de ellas su hogar.

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Cuando los conquistadores ingleses llegaron a Australia se asombraron al ver unos extraños animales que daban saltos increíbles.

Inmediatamente llamaron a uno nativos e intentaron preguntarles mediante señas qué era eso.

Al notar que siempre decían “Kan Ghu Ru” adoptaron el vocablo inglés “kangaroo” (canguro). Los lingüistas determinaron tiempo después que los indígenas querían decir “No le entiendo”.

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