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El Cine también se expone

El Cine también se expone

El Cine también se expone

Recala en la sede de CaixaForum de Madrid la exposición Arte y cine. 120 años de intercambios. A través de 348 obras, en las que se incluyen fragmentos de películas, grabados, vestuario, fotografías y dibujos, se desgrana cómo ambas disciplinas se han retroalimentado desde el siglo XX.

 

Jean Luc-Godard comparaba la relación entre el cine y el arte como un partido de tenis en el que no se sabe quién saca y quién espera al fondo de la pista. Y es cierto que ambas disciplinas llevan retroalimentándose desde hace más de un siglo. Ese juego de relaciones y asociaciones es lo que Dominique Païni quiere establecer con la muestra Arte y cine. 120 años de intercambios que llega ahora a la sede de CaixaForum de Madrid. A través de 349 objetos se cuenta un posible relato que arranca con el cine primitivo y culmina con las instalaciones y el videoarte. El cine ha entrado en los museos y el comisario de la muestra quiere que el espectador la vea como una sucesión de imágenes que crean una película en movimiento.

En la exposición hay un trabajo de asociación en el que todos los detalles están relacionados. “Es un inten

to de demostrar qué es lo que el cine debe a las otras artes y viceversa”, apunta Païni, exdirector de La Cinémathèque françoise, de donde provienen el 80% de las obras, y también exdirector del Departamento de Desarrollo Cultural en el Centre Pompidou de París. “En 1934 el cine tenía poco tiempo de vida así que cuando Henri Langlois decidió abrir el museo no tenía muchos objetos. Duchamp decía que un objeto se convierte en arte cuando hay una institución que lo guarda. De modo que la Filmothèque sabía que el cine aún no se consideraba arte pero a medida que pasaba el tiempo se empezó a considerar que el cine y sus objetos también son arte”, anota el comisario de la muestra. Ahora, el Museo del Cine es una institución en París. Païni conoce bien los fondos de la cinemateca francesa y por eso quiere mostrar sus referencias, influencias y gustos. “Me gusta Arroyo y era una ocasión de mostrar una obra poco conocida de él en relación con una pieza cinematográfica”, señala.

Se trata de una muestra didáctica que pone su empeño en relacionar los intercambios entre las vanguardias artísticas y el celuloide como las que se han dado entre los hermanos Lumiére con el impresionismo, Chaplin con los artistas de vanguardia, Dalí y Hitchcock, Godard y Warhol. Dividida de manera cronológica en nueve secciones el recorrido arranca en 1800 cuando el objetivo del cine era explorar la realidad. En este espacio, en el que se muestra un conjunto de fotografías que recrean el movimiento, “hay destellos anacrónicos -dice Païni- porque también hay artistas contemporáneos”, como Juan Uslé y Robin Rhode. La razón es que “los orígenes del cine perviven y existen gracias a que los artistas actuales vuelven a él para seguir desarrollándose”.

cine

Vista de la exposición

En el espacio contiguo podemos ver un cuadro del impresionista Monet confrontado a las imágenes de la primera película de los Lumiére, La llegada del tren a La Ciotat (1896). Aunque ellos no tenían demasiadas afinidades con la vanguardia que se estaba gestando entonces sus encuadres conectan con los paisajes de Monet o Carrand. Llegó más tarde el cubismo en la pintura y en la escultura y pronto se amplió al cine. Fue Charlot quien despertó la curiosidad cinematográfica de Fernand Léger, que usó el rostro del actor en 1924 para los créditos del filme Ballet mécanique, y se extendió también al futurismo.

Hasta la década de 1920 el cine tenía unas limitaciones técnicas por lo que los pintores tan solo lo consideraban un mero entretenimiento. Picasso lo hizo saber diciendo eso de que iba a menudo pero sin pensar en nada especial. No obstante, cuando crea el vestuario para la película Parade de Cocteau ya estaba influenciado por el séptimo arte. A principios del siglo XX surge el expresionismo alemán llegando a su cumbre con las películas El gabinete del Dr. Caligari (1920) de Wiene y Los nibelungos (1920) de Fritz Lang. Con todo, a partir de esta década el cine comienza a abandonar el espectro de espectáculo y los artistas comienzan a sentirse tentados de mirar a través del objetivo. También se empieza a dar una especie de abstracción que se puede observar en los fragmentos que se muestran de las películas Un perro andaluz y La edad de oro de Buñuel.

El surrealismo también se hizo con algunos de los ingredientes del cine pero la gran pantalla también recurrió a los delirios de los pintores de esta vanguardia. En esta época Hitchcock llamó a Dalí para participar en Spellbound y 40 años más tarde Arroyo recurriría a Hitchcock. Sin embargo, las últimas tres décadas de historia se condensan en una sala por una simple razón. Aún es pronto para establecer las conexiones entre ambas disciplinas.

Así, los carteles, pinturas, dibujos, vestuario, fotografías y fragmentos de películas que se pueden ver en las salas ofrecen un recorrido por la influencia que el arte ha tenido en el cine y viceversa. Chaplin, Chagall, Warhol, Picasso, Buñuel, Lynch… todos ellos tienen algo que contar en esta muestra que se entiende como una forma de conocer y acercarse a los directores de cine y demostrar que el cine también puede exponerse. Porque el fotograma de una película puede funcionar como el detalle de un cuadro.

Saioa Camarzana. EL CULTURAL, España, 26-04-2017

 

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Hacia 1770, la moda de las pelucas empolvadas de la aristocracia francesa e inglesa habían alcanzado tal magnitud, que las pelucas podían alcanzar 1,2 metros de alto, y se decoraban hasta con pájaros embalsamados, réplicas de jardines, platos de fruta o barcos a escala.

La falta de higiene (no se las quitaban por semanas o meses) y el volumen de estas pelucas ocasionaba que no sólo piojos y pulgas las infestaran, sino que hasta pequeños ratones hicieran de ellas su hogar.

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Cuando los conquistadores ingleses llegaron a Australia se asombraron al ver unos extraños animales que daban saltos increíbles.

Inmediatamente llamaron a uno nativos e intentaron preguntarles mediante señas qué era eso.

Al notar que siempre decían “Kan Ghu Ru” adoptaron el vocablo inglés “kangaroo” (canguro). Los lingüistas determinaron tiempo después que los indígenas querían decir “No le entiendo”.

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