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Niño que nació sin cerebro ahora puede hablar, contar e ir a la escuela

Niño que nació sin cerebro ahora puede hablar, contar e ir a la escuela

Niño que nació sin cerebro ahora puede hablar, contar e ir a la escuela
abril 27

Niño que nació sin cerebro ahora puede hablar, contar e ir a la escuela

Cuando nació Noah Wall, los médicos dijeron que probablemente no sobreviviría y que, de hacerlo, quedaría gravemente discapacitado físicamente y en su desarrollo. Nacido con únicamente el 2% de su cerebro en una familia de Cumbria, Inglaterra, no había esperanza para Noah, al menos según decían los médicos.

In utero, Noah había desarrollado una rara complicación de espina bífida por la que su cráneo se llenó de líquido, aplastando su cerebro hasta una “fina rodaja de tejido”, según recoge el diario británico Mirror. Se aconsejó a los padres, Shelly y Rob, que abortaran en cinco ocasiones. Se negaron. Tras el nacimiento de Noah, los médicos cerraron una herida abierta en su espalda e instalaron un shunt para drenar el fluido de su cerebro.

Shelly y Rob ya habían adquirido un ataúd para bebés para Noah, pero nunca dejaron de creer que el pequeño fuera menos que un magnífico regalo. Lo llevaron a casa, donde la familia al completo lo rodeó constantemente de amor, afecto y un cuidado atento las 24 horas del día. El cerebro de Noah empezó a crecer y a crecer. Y luego creció un poco más.

Cuando tenía 3 años, un escáner cerebral mostró que su cerebro “se había expandido hasta el 80% de un cerebro normal”. Ahora un documental del Canal 5 de Reino Unido, The Boy Who Grew A Brain [El niño al que le creció un cerebro] informa sobre lo lejos que ha llegado Noah.

La familia mantiene estimulado el cerebro de Noah para ayudar a su crecimiento neurológico. La neurocirujana de Noah, la doctora Claire Nicholson del hospital infantil Great North de Newcastle, en Inglaterra, lo califica como “un muchacho extraordinario con dos padres extraordinarios”.

Noah, que siempre sonríe y demuestra empatía y amor con sus palabras y acciones, está aprendiendo a leer y escribir, sabe contar y va a la escuela. Su cerebro sigue desarrollándose más allá de lo que podría haber imaginado o siquiera soñado nadie y, después de algunas cirugías en sus caderas, la familia de Noah cree que podrá caminar algún día. Por la forma en que se ha desarrollado esta historia hasta ahora, todas las apuestas favorecen a Noah.

Zoe Romanovsky. ALETEIA

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A comienzos de siglo XVIII reinó en Prusia un hombre muy temperamental. Federico Guillermo tenía la costumbre de pasear sin escolta por las calles de Berlín. Cuentan que cuando encontraba alguien que le desagradara, lo que ocurría con frecuencia, no dudaba en golpearlo con su bastón. Por esa razón cuando la gente lo veía a lo lejos, prudentemente huía lo más rápido posible.

En cierta ocasión, como de costumbre, el rey avanzaba golpeando el suelo con su bastón. Un berlinés, tomado por sorpresa, tratando de huir del monarca, se ocultó en un portal. Ahí lo sorprendió Federico Guillermo, y lo increpó de inmediato:

- Eh, tú, ¿A dónde vas?

El pobre hombre, que temblaba de miedo, le indicó con la cabeza una la puerta.

- ¿Vives ahí?, lo interrogó.

El hombre hizo un gesto de negación.

- ¿Es la casa de un amigo tuyo? Volvió a preguntar.

- No, Majestad.

El rey lo miró con sospecha,

-Entonces, ¿por qué entras en ella?

El hombre tuvo miedo de que se le considerara como ladrón, así que confesó:

- Lo hacía para evitar encontrarme con su Majestad. Federico Guillermo lo miró extrañado.

- ¿Y por qué quieres evitarme?

Bajando la vista, decidió decirle la verdad:

- Porque tengo miedo de su Majestad.

Al escuchar esto, Federico Guillermo montó en una de sus famosas rabietas. Agarró al infeliz por el cuello, lo sacudió violentamente, y lo increpó:

- ¿Cómo te atreves a tener miedo de mí? ¡Soy tu rey, así que tienes que amarme! ¡Ámame, desgraciado! ¡Te ordeno que me ames!

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