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MÁS SOBRE EL DÍA DEL IDIOMA

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Lillian Calm escribe: “Lo que sí me extraña y sobremanera es que, de tanto en tanto, Michelle Bachelet en sus locuciones contradice a la propia  Academia de la Lengua hablando de chilenos y chilenas, niños y niñas, trabajadores y trabajadoras, y un largo etc., etc., etc…”.

Leí por ahí que la Presidenta Michelle Bachelet, en el Día del Idioma y en una carta enviada a dos académicos, escribió: “Valorar el idioma es  valorar lo esencial del ser humano. Porque el lenguaje es – y ha sido- el instrumento fundamental para la conformación y la articulación de la sociedad”.

No puedo estar más de acuerdo con la mandataria.

Lo que sí me extraña y sobremanera es que, de tanto en tanto, Michelle Bachelet en sus locuciones contradice a la propia  Academia de la Lengua hablando de chilenos y chilenas, niños y niñas, trabajadores y trabajadoras, y un largo etc., etc., etc…

Copio textual un ukase (llamémosle así) de la Real Academia Española sobre el uso correcto del idioma, que se ha difundido por infinidad de medios:

Desde hace unos años, la Real Academia Española (RAE) viene advirtiendo y corrigiendo el uso indebido de ciertas palabras que intentan marcar la diferencia en los sexos y que son con asiduidad mal empleadas, como es el caso de ‘todos y todas, los ciudadanos y las ciudadanas, los niños y las niñas’, entre otras.

La RAE ha explicado que este tipo de desdoblamientos son artificiosos e innecesarios desde el punto de vista lingüístico. En los sustantivos que designan seres animados existe la posibilidad del uso genérico del masculino para designar la clase, es decir, a todos los individuos de la especie, sin distinción de sexos: ‘Todos los ciudadanos mayores de edad tienen derecho a voto’.

Y sigue la advertencia:

La mención explícita del femenino solo se justifica cuando la oposición de sexos es relevante en el contexto: ‘El desarrollo evolutivo es similar en los niños y las niñas de esa edad’. La actual tendencia al desdoblamiento indiscriminado del sustantivo en su forma masculina y femenina va contra el principio de economía del lenguaje y se funda en razones extralingüísticas. Por tanto, deben evitarse estas repeticiones, que generan dificultades sintácticas y de concordancia, y complican innecesariamente la redacción y lectura de los textos”.

Hasta ahí la cita.

Si tenemos aprecio por el idioma, demostrémoslo.

Si queremos hablar bien el idioma (y conservarlo), procuremos hacerlo.

Curiosamente el mismo Día del Idioma, navegando por internet, me encontré con una columna aparecida hace meses en el “Diario del Ferrol”. En ella el periodista José Castro López aludía  a una caracterización que hacía el humorista español José Mota del portavoz del PSOE (Partido Socialista Obrero Español), colectividad que también  padece la manía de no hablar como lo manda la Real Academia de la Lengua.

Transcribo un párrafo de la columna, atribuido al humorista:

Amigos y amigas, estoy encantado de dirigirme a vosotros y vosotras, militantes y militantas, votantes y votantas porque lo importante y lo importanta es que dejemos constancia y constancio ante los españoles y españolas de que nuestros y nuestras valores y valoras son los de los pueblos y pueblas de España y Españo. Y que sepan que los problemas y problemos tienen soluciones y solucionas para todos y para todas. Para los obreros y las obreras, para los profesionales y las profesionalas, para los directores y directrices, codornos y codornices…. Bien, quisiera acabar o acabara diciendo que me despido dando ánimos y ánimas a todos y a todas. Así que, suerte y al toro. O a la vaca”.

Por supuesto que ésta no es la primera vez que los españoles analizan el absurdo tema del género idiomático. Pero entre todos los casos acaecidos en la Península, el que a mí me encanta es el de Bibiana Aído, quien fue ministra de Igualdad del socialista José Luis Rodríguez Zapatero. Correligionaria suya, doña Bibiana (con “b” y no con “v”) y quien luego se incorporaría a la ONU Mujeres (la misma de Bachelet) como asesora especial, protagonizó su numerito cuando estaba aún en el gabinete. Al acudir al Congreso de su país se refirió a “los miembros y miembras de esta comisión”.

Al día siguiente tuvo que explicar en televisión que todo se había debido a un lapsus, pero a la vez solicitó la inclusión del término acuñado por ella, “miembras”, en el diccionario de la Real Academia Española. En tanto ella era criticada en los medios por estar más pendiente de banalidades que de los problemas reales de la gente (lección imperecedera para Chile), los académicos decretaron ipso facto la incorrección del término.

El columnista español agrega un colofón: “De verdad, ¿alguien piensa que con estas duplicidades, reiterativas y cansinas se lucha con más eficacia contra la discriminación de la mujer? ¿Alguien cree que el nombre genérico representa un uso sexista del lenguaje que mantiene la relación de poder del hombre sobre la mujer? Si es así, que los dioses amparen su ignorancia que, seguro, les hace más felices”.

Ah… y se me olvidaba anotar que el título de la columna del “Diario del Ferrol” es, nada más y nada menos, que “Delirios lingüísticos”.

Lillian Calm

Periodista

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Todo sucedió porque el fotógrafo, sin la autorización de los padres, envió la foto al concurso pensando que sería una buena lección que lo ganara una niña judía como modelo del ario perfecto. --------------------------------------------------------