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Cursiva: una forma de escribir que se extingue dentro y fuera del aula

Cursiva: una forma de escribir que se extingue dentro y fuera del aula

Cursiva: una forma de escribir que se extingue dentro y fuera del aula
abril 27

Los alumnos hacen sus primeras letras en imprenta mayúscula y minúscula; los docentes priorizan la comprensión de textos

Cada vez que la maestra dejaba la tarea en el pizarrón, Candela no llegaba a copiarla en el cuaderno. Se le complicaba el trazado de la letra cursiva, tardaba mucho. Por eso, le pidió permiso a su maestra de 3er grado -este año cursa 4°- para transcribir el texto en imprenta; en su casa, lo pasaría a cursiva.

La vida cotidiana es en imprenta, y mucho más para los nativos digitales. Si la escritura manuscrita está siendo cada vez más relegada por las nuevas generaciones, con la letra cursiva esa tendencia se acentúa. Inclusive en su ámbito natural, las aulas de nivel primario, pierde vigencia. En las escuelas de Buenos Aires, el quiebre ya ocurrió: los maestros priorizan que los alumnos aprendan lo que escriben por sobre el tipo de letra con que lo hacen.

En Finlandia, desde el año pasado los chicos aprenden un tipo de escritura, la imprenta, y en Estados Unidos, desde 2014, la cursiva no es obligatoria. Valeria Romano, la madre de Candela, lo entiende como signo de una generalidad: a su hija, que asiste a un colegio privado en Pacheco, no le resulta natural escribir en cursiva. Le cuesta lograr la unión de las letras y la continuidad propia de su trazo. Cuenta, además, que en el grupo de WhatsApp del grado los padres suelen subir fotos de los cuadernos para que los ayuden a interpretar qué quisieron decir en esa cursiva muchas veces ilegible.

“Cualquier cartel que ven, la tele, la computadora… Todo está en imprenta. La cursiva murió casi por completo -dice Valeria-. En primer grado, empezaron con la imprenta. Ya a partir de segundo, y con menos frecuencia, arrancaron con la cursiva, con actividades en un cuadernillo especial para hacer en casa.”

Al igual que en muchos otros colegios, en los siete de la red Vaneduc hasta hace unos años había dos hitos hacia el final de primer grado: la fiesta de la tinta (empezar a usar la lapicera) y la escritura con cursiva. Pero en los últimos años cambió el paradigma. Se prioriza la producción escrita por encima del tipo de letra. “En varios casos se vio a niños que hacían producciones muy interesantes en imprenta, pero que al pasar a la cursiva se empobrecían mucho. Lo que ocurría es que, al ser más compleja y dibujada, la cursiva les costaba mucho más y entonces resignaban producción”, explican Edgardo De Vincenzi, asesor general de Vaneduc, y Diana Capomagi, asesora pedagógica de esa red de colegios.

“Las maestras siguen notando muchas dificultades en el pasaje de la imprenta mayúscula a la cursiva -dice Claudia Arcenillas, vicedirectora de primaria del Colegio Juan Bautista Alberdi de Castelar-. Desde este año el pasaje se hace de imprenta mayúscula a minúscula; consideramos que es más parecida a la letra cursiva en cuanto a la grafía.”

Pero ¿qué se pierde si dejamos de escribir en cursiva? Julieta Fumagalli, investigadora del Instituto de Lingüística de la UBA y el Conicet, explica que la cursiva tiene una incidencia beneficiosa en el aprendizaje de la escritura por la palabra aislada, por los rasgos que distinguen las letras y eliminan ambigüedades, y por el gesto del trazo que ayuda a comprender la orientación de izquierda a derecha. Al mismo tiempo, observa un impacto positivo en la lectura: “La cursiva no se ha abandonado. Es cierto que los trazos de la imprenta son más fáciles para empezar a leer y escribir. Pero a los chicos hay que familiarizarlos con todos los formatos porque tienen que poder leer cualquier texto”.

La regente de nivel primario de una escuela pública del distrito 1 de Capital no se resigna. Las maestras le piden no dar más la cursiva, le insisten en que este tipo de letra sólo sobrevive en lugares muy puntuales. Ella, como directiva, no les determina cuándo introducirla, pero sí les pide que la enseñen: “Hoy hay menos tiempo para la cursiva, pero no por eso debería dejarse. Es una letra que requiere tal cuidado en el trazo que ordena el pensamiento y da un plus de disciplina. Lo importante es que un alumno alcance los contenidos, y no importa con qué letra”.

La directora del Instituto de Neurociencias & Educación de la Fundación Ineco, Florencia Salvarezza, cuenta que históricamente se consideraba que por la unión de sus letras la cursiva representaba de modo gráfico el flujo lingüístico. “Pero es una idea preneurociencia -sostiene-. Así como el latín existe en la literatura romana, hoy la cursiva no sirve más allá del aula.”

Y se pregunta: si el mundo es en general imprenta mixta, y uno ya no lee cursiva después del colegio, ¿vale la pena el esfuerzo de enseñarla? “Hay países que no usan la cursiva y tienen excelentes sistemas de alfabetización -añade-. Incluso a los que les va mejor en las pruebas Pisa erradicaron la manuscrita.” Se queda con una imagen que ve repetirse cada año cuando asiste al congreso Learning and the Brain, en Estados Unidos: un auditorio con 3000 personas que toman apuntes en la computadora.

Un momento híbrido de la alfabetización donde no está determinado el abandono de la escritura a mano y las pantallas conversan con los cuadernos. Así define el contexto actual la coordinadora de Proyectos TIC y Educación de la Unesco para América latina, María Teresa Lugo. Para ella, debe primar la prudencia al vaticinar el impacto que tendrán las pantallas en los chicos y la escritura. Pero no duda de que ni la enseñanza ni el aprendizaje se pueden pensar ya sin la tecnología.

La perito grafóloga y directiva del Instituto Superior Emerson Adriana Zilotto defiende la enseñanza de la cursiva a los 5 o 6 años porque estimula la capacidad de abstracción. “Cuando aprenden a escribir el nombre en imprenta lo hacen de forma independiente, cada letra en sí misma como una sumatoria de elementos separados y no como una abstracción. La cursiva, al ser ligada, promueve ese pasaje de lo concreto a lo abstracto.”

Zilotto trabajó con la marca Éxito en un desarrollo singular para la época: un cuaderno de caligrafía apuntado a los docentes: “No se sabe cómo evolucionará la sociedad. La escritura manuscrita se transformó, con los monjes copistas, con Gutenberg… Pero no desapareció”.

Fernando Massa. LA NACIÓN, Buenos Aires, 17-04-2017

 

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