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¿Por qué se desatan los cordones de los zapatos?

¿Por qué se desatan los cordones de los zapatos?

¿Por qué se desatan los cordones de los zapatos?

Una investigación revela las fuerzas que provocan que los nudos del calzado se deshagan por sí mismos

Ya sea mientras caminamos o mientras corremos, los cordones de los zapatos tienen una fastidiosa tendencia natural a desatarse. Ahora, científicos de la Universidad de California en Berkeley (EE.UU.) han descubierto la combinación de fuerzas que, tarde o temprano, acaba con los nudos más fuertes.

Al andar o correr, la fuerza con la que cada uno de nuestros pasos golpea el suelo repercute en los cordeles del calzado. El impacto contra el pavimento estira y afloja alternativamente los nudos, mientras el vaivén provoca latigazos en los extremos libres de los cordones. En conjunto, el movimiento es como una mano invisible que tira una y otra vez del lazo hasta que termina deshaciéndose. Es lo que concluyen los investigadores en un artículo publicado hoy en la revista Proceedings of the Royal Society A.

“Si puedes empezar a entender el lazo de los zapatos, puedes comenzar a aplicarlo a otras cosas, como el ADN o microestructuras, que fallan bajo fuerzas dinámicas”, declara en un comunicado de la Universidad de Berkeley Christopher Daily-Diamond, coautor de la investigación. Además, añade, “es el primer paso para entender por qué ciertos nudos son mejores que otros, algo que nadie había hecho realmente”.

LA VANGUARDIA, Barcelona, 12-04-2017

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Aprovechando una visita a Londres, la reina Luisa de Suecia decidió hacer una escapadita por la ciudad para visitarla. Salió de “excursión” sin escolta ni documentación y al atravesar una calle, un autobús estuvo a punto de atropellarla.

Así que, como precaución, se colgó un letrero en su cartera que decía:

«Soy la reina de Suecia»

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Cada vez que salía de caza, el rey Luis XIV mandaba llevar consigo 40 botellas de vino, las cuales no solía beberse y que acababan siendo consumidas por sus criados.

Un día tuvo sed y pidió un vaso de vino.

-Se acabó, majestad- le contestó su ayudante

-¿Pues no trajeron las 40 botellas que he mandado?

-Sí, señor, pero…

-En lo sucesivo- concluyó el rey -que se traigan 41, para que haya una para mí.

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