Temas & Noticias



Samuel Gregg, del Acton Institute: “La desigualdad es el precio que aceptamos a cambio del crecimiento”

Samuel Gregg, del Acton Institute: “La desigualdad es el precio que aceptamos a cambio del crecimiento”

Samuel Gregg, del Acton Institute: “La desigualdad es el precio que aceptamos a cambio del crecimiento”

Orador principal de la cena aniversario del Instituto Libertad y Desarrollo, el economista y académico Samuel Gregg, director de investigación del Acton Institute en Estados Unidos, dictó una conferencia en la Universidad de los Andes y se reunió con representantes de la Sofofa.

En su conferencia se refirió especialmente a la responsabilidad que tienen los empresarios de  “hacer el bien, y evitar el mal”, pues si bien “las empresas hacen contribuciones indispensables al bienestar de la sociedad, … también deben estar conscientes de que cada vez que una empresa se involucra en un escándalo se desacredita lo que estamos intentando decir”.

Señaló que el desafío para los empresarios es explicar a las grandes audiencias la importancia de su contribución a la sociedad, teniendo claro que explicar mejor  lo que hacen no sólo los beneficia a ellos, sino también a sus empleados y consumidores.

En cuanto a la intervención del empresariado en la política aclaró que “los empresarios, como cualquier otra comunidad, tienen el derecho y hasta la responsabilidad de presentar sus preocupaciones e intereses a políticos de todos los partidos. Eso es bueno y legítimo, pero hay una diferencia entre eso y pedir a un gobierno o legislador que tome una decisión específica para favorecer a alguien.”

Una persona moralmente sólida será una barrera mucho más efectiva contra la corrupción.

Para Gregg, existe la gran tentación de regular por ley esta relación  “pero si hemos aprendido algo en los últimos 30 años es que tanto políticos como empresarios tienen talento para encontrar maneras de saltarse las regulaciones. También son muy buenos para torcerlas a su favor. No deberíamos pensar en la regulación como la primera solución. Una persona moralmente sólida será una barrera mucho más efectiva. Necesitamos que los empresarios entiendan que tienen responsabilidades más allá de generar ganancias para sus compañías.”

Para Gregg, los escándalos empresariales son sólo parte de la razón por la que hoy se percibe “mucha hostilidad hacia las economías de mercado y el mundo de los negocios”. Otros motivos son la crisis financiera global y la “disrupción” que genera la globalización. Y, también, la desigualdad. “Yo creo que la desigualdad económica es inevitable y no se debe aspirar a la igualdad económica absoluta. Pero también creo que, mientras más nos enriquecemos, la paradoja es que miramos más las diferencias de riqueza”.

Para el economista, “el hecho de que haya desigualdad de ingresos o riqueza no es un problema por sí mismo. En cualquier economía de mercado abierta y libre siempre habrá desigualdades. La pregunta real es si más personas están saliendo de la pobreza y manteniéndose fuera de ella. Si los ricos se enriquecen y todos los demás también, es una buena señal. La diferencia, para mí, no es tan importante.”

Cree que uno de los motivos del descontento en parte de la población se debe a la falta de un buen conocimiento de economía básica.

Conocer las bases de la economía “ayudaría mucho a las personas a entender por qué existe la diferencia, por qué deberían preocuparse por ella y por qué no. Si queremos crecimiento económico, hay que aceptar que algunos tendrán más riqueza que otros. No se puede tener una sociedad que florezca, en la que más personas salgan de la pobreza, sin crecimiento. La desigualdad es el precio que aceptamos a cambio del crecimiento.”

Fuente: DIARIO FINANCIERO, 10-04-2017

Social

Powerpoint de la semana

Video Recomendado

Asombroso lo que hizo
Intervención Cerro San Cristóbal
Impresionantes Pinturas 3D del Artista Edgar Muller
La risa de Juan Pablo II

Humor

A comienzos de siglo XVIII reinó en Prusia un hombre muy temperamental. Federico Guillermo tenía la costumbre de pasear sin escolta por las calles de Berlín. Cuentan que cuando encontraba alguien que le desagradara, lo que ocurría con frecuencia, no dudaba en golpearlo con su bastón. Por esa razón cuando la gente lo veía a lo lejos, prudentemente huía lo más rápido posible.

En cierta ocasión, como de costumbre, el rey avanzaba golpeando el suelo con su bastón. Un berlinés, tomado por sorpresa, tratando de huir del monarca, se ocultó en un portal. Ahí lo sorprendió Federico Guillermo, y lo increpó de inmediato:

- Eh, tú, ¿A dónde vas?

El pobre hombre, que temblaba de miedo, le indicó con la cabeza una la puerta.

- ¿Vives ahí?, lo interrogó.

El hombre hizo un gesto de negación.

- ¿Es la casa de un amigo tuyo? Volvió a preguntar.

- No, Majestad.

El rey lo miró con sospecha,

-Entonces, ¿por qué entras en ella?

El hombre tuvo miedo de que se le considerara como ladrón, así que confesó:

- Lo hacía para evitar encontrarme con su Majestad. Federico Guillermo lo miró extrañado.

- ¿Y por qué quieres evitarme?

Bajando la vista, decidió decirle la verdad:

- Porque tengo miedo de su Majestad.

Al escuchar esto, Federico Guillermo montó en una de sus famosas rabietas. Agarró al infeliz por el cuello, lo sacudió violentamente, y lo increpó:

- ¿Cómo te atreves a tener miedo de mí? ¡Soy tu rey, así que tienes que amarme! ¡Ámame, desgraciado! ¡Te ordeno que me ames!

----------------------------------------------------------------