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Los pitufos: en la aldea perdida

Los pitufos: en la aldea perdida

Los pitufos: en la aldea perdida

Tercera entrega, mejor que las anteriores, de esta saga infantil, esta vez con una animación muy imaginativa.

Como todos saben, Pitufina no es ciento por ciento pitufo: fue fabricada por el infame mago Gargamel. En esta aventura Pitufina se pregunta quién es y, mientras busca una respuesta, encuentra un mapa que la conducirá, junto con sus amigos Pitufo Filósofo, Pitufo Torpe y Pitufo Fortachón, a través de mil peligros, a la misteriosa aldea que esconde el mayor secreto de la historia de los pitufos.

A la tercera va la vencida, y este tercer largometraje de los pitufos que presenta Sony abandona la mezcla de humanos y personajes generados por ordenador, y opta por la animación pura y simple. El resultado es superior a las dos entregas anteriores: da más juego a los protagonistas y a la imaginación de los animadores, de modo que en las escenas del bosque se puede apreciar semejanzas con Trolls, aunque esta película no sea tan musical. Pues los pitufos siempre tienen que derrotar al malvado Gargamel, y contar una historia positiva llena de valores.

La animación es buena y el ritmo intenso, no deja un momento de respiro. Muchas escenas han sido pensadas expresamente para el 3D. Hay que recordar que se trata de una historia destinada a los más pequeños, y tiene menos interés para los adultos que no sean aficionados en estos simpáticos personajes azules.

 

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Doña María Manuela Kirkpatrick, condesa de Montijo, acudía a todos los actos sociales que se celebraban con el propósito de ‘colocar’ a sus hijas Francisca y Eugenia.

Durante una recepción en el Palacio del Elíseo, en 1849, el Presidente de la República Francesa, futuro Napoleón III, fijó sus ojos en su benjamina Eugenia, y quedó prendado de ella.

En un encuentro posterior, el maduro pretendiente quiso ir más allá con la joven, a la que llevaba 18 años de diferencia, y le preguntó cómo podría llegar hasta su alcoba. Sin inmutarse, Eugenia de Montijo contestó: -Por la Iglesia.

El 30 de enero de 1853, él ya convertido en Emperador de los franceses, Napoleón III y la bella española se casaron en la catedral de Notre Dame.

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