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Los pitufos: en la aldea perdida

Los pitufos: en la aldea perdida

Los pitufos: en la aldea perdida

Tercera entrega, mejor que las anteriores, de esta saga infantil, esta vez con una animación muy imaginativa.

Como todos saben, Pitufina no es ciento por ciento pitufo: fue fabricada por el infame mago Gargamel. En esta aventura Pitufina se pregunta quién es y, mientras busca una respuesta, encuentra un mapa que la conducirá, junto con sus amigos Pitufo Filósofo, Pitufo Torpe y Pitufo Fortachón, a través de mil peligros, a la misteriosa aldea que esconde el mayor secreto de la historia de los pitufos.

A la tercera va la vencida, y este tercer largometraje de los pitufos que presenta Sony abandona la mezcla de humanos y personajes generados por ordenador, y opta por la animación pura y simple. El resultado es superior a las dos entregas anteriores: da más juego a los protagonistas y a la imaginación de los animadores, de modo que en las escenas del bosque se puede apreciar semejanzas con Trolls, aunque esta película no sea tan musical. Pues los pitufos siempre tienen que derrotar al malvado Gargamel, y contar una historia positiva llena de valores.

La animación es buena y el ritmo intenso, no deja un momento de respiro. Muchas escenas han sido pensadas expresamente para el 3D. Hay que recordar que se trata de una historia destinada a los más pequeños, y tiene menos interés para los adultos que no sean aficionados en estos simpáticos personajes azules.

 

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Aprovechando una visita a Londres, la reina Luisa de Suecia decidió hacer una escapadita por la ciudad para visitarla. Salió de “excursión” sin escolta ni documentación y al atravesar una calle, un autobús estuvo a punto de atropellarla.

Así que, como precaución, se colgó un letrero en su cartera que decía:

«Soy la reina de Suecia»

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Cada vez que salía de caza, el rey Luis XIV mandaba llevar consigo 40 botellas de vino, las cuales no solía beberse y que acababan siendo consumidas por sus criados.

Un día tuvo sed y pidió un vaso de vino.

-Se acabó, majestad- le contestó su ayudante

-¿Pues no trajeron las 40 botellas que he mandado?

-Sí, señor, pero…

-En lo sucesivo- concluyó el rey -que se traigan 41, para que haya una para mí.

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