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Los pitufos: en la aldea perdida

Los pitufos: en la aldea perdida

Los pitufos: en la aldea perdida

Tercera entrega, mejor que las anteriores, de esta saga infantil, esta vez con una animación muy imaginativa.

Como todos saben, Pitufina no es ciento por ciento pitufo: fue fabricada por el infame mago Gargamel. En esta aventura Pitufina se pregunta quién es y, mientras busca una respuesta, encuentra un mapa que la conducirá, junto con sus amigos Pitufo Filósofo, Pitufo Torpe y Pitufo Fortachón, a través de mil peligros, a la misteriosa aldea que esconde el mayor secreto de la historia de los pitufos.

A la tercera va la vencida, y este tercer largometraje de los pitufos que presenta Sony abandona la mezcla de humanos y personajes generados por ordenador, y opta por la animación pura y simple. El resultado es superior a las dos entregas anteriores: da más juego a los protagonistas y a la imaginación de los animadores, de modo que en las escenas del bosque se puede apreciar semejanzas con Trolls, aunque esta película no sea tan musical. Pues los pitufos siempre tienen que derrotar al malvado Gargamel, y contar una historia positiva llena de valores.

La animación es buena y el ritmo intenso, no deja un momento de respiro. Muchas escenas han sido pensadas expresamente para el 3D. Hay que recordar que se trata de una historia destinada a los más pequeños, y tiene menos interés para los adultos que no sean aficionados en estos simpáticos personajes azules.

 

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Cuenta la historia que en el transcurso de la Campaña de Tarapacá, un soldado fue premiado por su valor en el combate. El día de la condecoración, el brigadier Erasmo Escala vio que el soldado tenía puesta la medalla al lado derecho, y le dijo:

-Hombre, ¿no sabe que las medallas van al lado del corazón?
A lo que el aludido, algo ebrio, le contestó:
-Mi general es que los chilenos tenemos el corazón tan grande que nos cubre todo el pecho.

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Una noche en que el Presidente de la República Domingo Santa María paseaba por la Plaza de Armas de Santiago, vio a un borracho durmiendo en uno de los bancos. El presidente intentó despertarlo tocándolo con su bastón. El borracho sintiéndose interrumpido, solo se dio vuelta de posición, pero como don Domingo insistió, el ebrio preguntó algo soñoliento y malhumorado:
- ¿Quién molesta?
A lo que el Presidente de la República respondió: - Santa María
El borracho, sin inmutarse y con los ojos cerrados, contestó:
- Ora pro nobis ....... y siguió durmiendo.
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