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Ghost in the Shell

Ghost in the Shell

Ghost in the Shell

Dirección: Rupert Sanders. Intérpretes: Scarlett Johansson, Takeshi Kitano, Juliette Binoche, Michael Pitt, Pilou Asbæk, Kaori Momoi, Chin Han, Danusia Samal, Lasarus Ratuere, Yutaka Izumihara, Tuwanda Manyimo Estreno en cines. Público: Jóvenes-adultos. Valoración moral: Con inconvenientes. Contenido: Violencia, Detalles sensuales

Reseña: 

El guion desarrolla una historia completamente nueva, que acierta al apartarse del tono pretencioso pseudofilosófico de las anteriores de este director. Incluso se le puede acusar de lo contrario, pues al tratar de fabricar un producto asequible para un público amplio, acaba resultando demasiado ligero, pues apenas desarrolla el tema central, la búsqueda de la identidad, y otros que se apuntan, como la ética en la utilización de la tecnología.

Esta película de Rupert Sanders (Blancanieves y la leyenda del cazador) se basa en la homónima saga y retoma la clásica relación entre la criatura –en este caso cibernética– y el creador, que tan magistralmente plasmó Blade Runner, de Ridley Scott. Pero esta lo hace muy pegado a la estética posmoderna y al universo ciberpunk, y sin llegar a la hondura antropológica de aquella. Visualmente es valiosa, dentro de esas claves, pero narrativamente se enfanga a menudo y pierde fuelle.

En su rol de robot con dudas sobre quién es, Scarlett Johansson da la talla, sin que se pueda decir que estemos ante uno de sus mejores trabajos. Por el contrario se desaprovecha del todo a Takeshi Kitano (jefe de la unidad) y Juliette Binoche (doctora que crea a la protagonista), pues sus personajes apenas tienen presencia.

La cinta da importancia sobre todo a las secuencias de acción. Todas ellas logran la suficiente espectacularidad, sin resultar demasiado revolucionarias.

Decine21/ ALMUDI

 

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Humor

A comienzos de siglo XVIII reinó en Prusia un hombre muy temperamental. Federico Guillermo tenía la costumbre de pasear sin escolta por las calles de Berlín. Cuentan que cuando encontraba alguien que le desagradara, lo que ocurría con frecuencia, no dudaba en golpearlo con su bastón. Por esa razón cuando la gente lo veía a lo lejos, prudentemente huía lo más rápido posible.

En cierta ocasión, como de costumbre, el rey avanzaba golpeando el suelo con su bastón. Un berlinés, tomado por sorpresa, tratando de huir del monarca, se ocultó en un portal. Ahí lo sorprendió Federico Guillermo, y lo increpó de inmediato:

- Eh, tú, ¿A dónde vas?

El pobre hombre, que temblaba de miedo, le indicó con la cabeza una la puerta.

- ¿Vives ahí?, lo interrogó.

El hombre hizo un gesto de negación.

- ¿Es la casa de un amigo tuyo? Volvió a preguntar.

- No, Majestad.

El rey lo miró con sospecha,

-Entonces, ¿por qué entras en ella?

El hombre tuvo miedo de que se le considerara como ladrón, así que confesó:

- Lo hacía para evitar encontrarme con su Majestad. Federico Guillermo lo miró extrañado.

- ¿Y por qué quieres evitarme?

Bajando la vista, decidió decirle la verdad:

- Porque tengo miedo de su Majestad.

Al escuchar esto, Federico Guillermo montó en una de sus famosas rabietas. Agarró al infeliz por el cuello, lo sacudió violentamente, y lo increpó:

- ¿Cómo te atreves a tener miedo de mí? ¡Soy tu rey, así que tienes que amarme! ¡Ámame, desgraciado! ¡Te ordeno que me ames!

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