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Cómo leer al Papa en la prensa

Cómo leer al Papa en la prensa

Cómo leer al Papa en la prensa

El Papa Francisco tiene una gran capacidad de proporcionar titulares a la prensa, que deben ser bien interpretados. El periodista John L. Allen propone tres reglas básicas en Crux.

En primer lugar, sean lo que sean estos bombazos, claramente no son una expresión formal de la autoridad magisterial del Papa. Si Francisco quisiera declarar un nuevo dogma que obligara a las conciencias de los católicos, sabe cómo hacerlo”.

Allen recuerda que ya al comienzo del pontificado, el entonces portavoz del Vaticano, Federico Lombardi, aclaró que estábamos ante un nuevo género de discurso papal –suelto, espontáneo– y que por lo tanto nuestros modos de interpretarlo deberían ajustarse también.

En segundo lugar, es importante recordar que estas fórmulas no siempre reflejan las propias prioridades del Papa. A menudo surgen como respuestas a preguntas planteadas por otros más que como algo que sale del Papa”.

Para entender lo que realmente mueve al Papa, dice Allen, es más sensato atender a las declaraciones que él hace por propia iniciativa: sus encíclicas y otros documentos, por ejemplo, o sus discursos en viajes y en asambleas que le parecen especialmente importantes.

Aunque los titulares sirven para definir a Francisco desde un punto de vista mediático, probablemente no son lo que él considera el centro de su pontificado”, explica Allen.

En tercer lugar, “es esencial poner las declaraciones públicas en su contexto para comprender lo que quiere decir el Papa”.

Y, por lo general, la prensa es más hábil para lanzar titulares que para proporcionar el contexto adecuado, así que a menudo el público tiene que buscarlo por sí mismo”.

Fuente: CRUX

ACEPRENSA, 17-03-2017

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Doña María Manuela Kirkpatrick, condesa de Montijo, acudía a todos los actos sociales que se celebraban con el propósito de ‘colocar’ a sus hijas Francisca y Eugenia.

Durante una recepción en el Palacio del Elíseo, en 1849, el Presidente de la República Francesa, futuro Napoleón III, fijó sus ojos en su benjamina Eugenia, y quedó prendado de ella.

En un encuentro posterior, el maduro pretendiente quiso ir más allá con la joven, a la que llevaba 18 años de diferencia, y le preguntó cómo podría llegar hasta su alcoba. Sin inmutarse, Eugenia de Montijo contestó: -Por la Iglesia.

El 30 de enero de 1853, él ya convertido en Emperador de los franceses, Napoleón III y la bella española se casaron en la catedral de Notre Dame.

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