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Escocia pone sobre la mesa un nuevo referéndum de independencia para 2018 o 2019

Escocia pone sobre la mesa un nuevo referéndum de independencia para 2018 o 2019

Escocia pone sobre la mesa un nuevo referéndum de independencia para 2018 o 2019

La primera ministra escocesa, Nicola Sturgeon, esgrime como excusa el «muro de intransigencia» de May en el Brexit

La amenaza del separatismo escocés se ha cumplido en el mediodía de este lunes, y del modo más espectacular, a solo unas horas de que el Parlamento de Westminster vote si autoriza a May a invocar el artículo 52 e iniciar la salida de la UE. La nacionalista Nicola Sturgeon, la primera ministra escocesa, ha anunciado en un solemne discurso que la próxima semana pedirá permiso al Parlamento de Escocia para convocar un segundo referéndum de independencia. Incluso le pone ya fecha: sería entre el otoño del año que viene y la primavera de 2019. La última fecha es cuando se prevé que el Reino Unido completará su salida de la UE. 

No han pasado todavía ni tres años de la anterior consulta escocesa, en la que los separatistas perdieron por diez puntos, cuando vuelven a intentar romper el Reino Unido, a pesar de que habían prometido que el referéndum de 2014 zanjaría el debate para una generación. El argumento de Sturgeon es que los escoceses tienen «derecho a elegir entre un Brexit duro o un país independiente». Apela al hecho de que mientras que el Leave se impuso en el conjunto del Reino Unido, en Escocia ganó la permanencia en la UE por 62%-38%. También reprocha al Gobierno de Londres que «no se ha movido una pulgada» a la hora de suavizar el Brexit y atender al deseo escocés de mantener la vinculación con la UE y la permanencia en el mercado único. «Nos hemos encontrado con un muro de intransigencia», dijo sobre la respuesta de May a sus demandas de un acuerdo a la carta para Escocia en la relación con Europa.

Por ahora la única reacción del Numero 10 de Downing Street ha sido advertir que «no aceptaremos nada que maniate a los diputados» de cara a la votación de esta tarde de la Ley del Brexit. Hace solo once días, May acudió a Glasgow al congreso del Partido Conservador en Escocia y ofreció un sentido discurso unionista, que de poco le ha servido. El Gobierno de Londres tiene que autorizar el referéndum. La Constitución no escrita británica es abierta, pero no lo normal es que lo permita, pues lo contrario abriría un peliagudo debate constitucional. 

Jeremy Corbyn, el líder laborista, declaró el sábado que le parecía «perfecto» un segundo referéndum. Ante la polvareda que han desatado sus palabras, esta mañana optó por el viejo recursos de matar al mensajero. Pretextó que se le interpretó mal y declaró que se opone a la segunda consulta. También advierte que la independencia sería «una catástrofe económica para los escoceses», sobre todo por la bajada de los precios del crudo, su mayor activo.

La situación política que se ha suscitado en el Reino Unido es realmente paradójica. El Brexit, animado por el Partido Conservador y UKIP, fue sobre todo un gran alarde de nacionalismo británico, hasta el punto de que su victoria fue saludada por los brexiters como «el Día de la Independencia». Pero ahora se da la paradoja de que el precio puede ser la fractura del propio Reino Unido por la amenaza escocesa.

Curiosamente, los argumentos que ha dado Sturgeon para la independencia de Escocia no distan de lo que utilizaban los brexiters en la campaña de la UE. Promete, por ejemplo, que la Escocia separada del Reino Unido será «más fuerte económicamente y más justa», un pronóstico voluntarista, pues las cifras indican más bien todo lo contrario. Las ventas de Escocia a la UE suponen solo una cuarta parte de las que hace al resto del Reino Unido

A la pregunta de si se ve capaz de ganar ese segundo referéndum de independencia, lo que los separatistas llaman el «indyref2», Sturgeon respondió con un tajante «sí». No dicen eso las encuestas. La última, del diario escocés «Herald», habla de un triunfo unionista por 52%-48%, menos desahogado que los diez puntos de ventaja que obtuvieron en septiembre de 2014. Desde que May anunció en enero su decantación por el Brexit duro el apoyo a la independencia ha ido subiendo. Pero según este mismo sondeo, solo c

Luis Ventoso, corresponsal en Londres

ABC, Madrid, 13-03-2017

uatro de cada diez escoceses apoyan otro referéndum.

Será muy interesante comprobar en la tarde del lunes si el anuncio de Sturgeon influye en la Cámara de los Comunes y la lleva a apoyar las dos enmiendas aprobadas por los lores para suavizar el Brexit drástico, a las que May se opone con toda su energía.

May, que hizo una campaña de perfil bajo a favor de la permanencia, se ha entregado al ala más dura de su gabinete, la que representan los llamados Tres Tenores del Brexit, los ministros Boris Johnson, David Davis y Liam Fox. En contra de lo que esperaban los mercados y del propio deseo de su ministro de Economía, ha optado por dejar el mercado único y la unión aduanera e incluso se declara dispuesta a romper con la UE sin acuerdo alguno si se frustran las negociaciones.

Luis Ventoso, corresponsal en Londres

ABC, Madrid, 13-03-2017

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Hacia 1770, la moda de las pelucas empolvadas de la aristocracia francesa e inglesa habían alcanzado tal magnitud, que las pelucas podían alcanzar 1,2 metros de alto, y se decoraban hasta con pájaros embalsamados, réplicas de jardines, platos de fruta o barcos a escala.

La falta de higiene (no se las quitaban por semanas o meses) y el volumen de estas pelucas ocasionaba que no sólo piojos y pulgas las infestaran, sino que hasta pequeños ratones hicieran de ellas su hogar.

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Cuando los conquistadores ingleses llegaron a Australia se asombraron al ver unos extraños animales que daban saltos increíbles.

Inmediatamente llamaron a uno nativos e intentaron preguntarles mediante señas qué era eso.

Al notar que siempre decían “Kan Ghu Ru” adoptaron el vocablo inglés “kangaroo” (canguro). Los lingüistas determinaron tiempo después que los indígenas querían decir “No le entiendo”.

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