Temas & Noticias



Defender, en serio, los derechos humanos

Defender, en serio, los derechos humanos

Defender, en serio, los derechos humanos

A cualquier asociación pseudohumanitaria que promueva una mayor libertad de acceso al aborto, hay que declararla abiertamente como enemiga de la humanidad, e impedir que usurpe el título de “defensora de los derechos humanos” cuando en realidad trabaja contra el respeto de tales derechos.

Existen importantes organizaciones que se autodeclaran defensoras de los derechos humanos. Algunas de ellas, sin embargo, usurpan un nombre que no merecen, porque van contra el respeto que merecen esos derechos que dicen defender.

        Existe un test muy sencillo para descubrir si de verdad una organización está o no está a favor de los derechos humanos: ver si defiende todos y cada uno de los derechos humanos aprobados por las Naciones Unidas en 1948.

        En las actuales circunstancias, el test necesita ser realizado con una especial atención respecto del artículo 3, que habla del derecho a la vida.

        Ese artículo nos dice lo siguiente: “Todo individuo tiene derecho a la vida, a la libertad y a la seguridad de su persona”.

        Al artículo habría que añadir, para precisar aún más el ámbito de aplicación del derecho a la vida, unas pocas palabras: “desde su concepción hasta su muerte natural”. La propuesta de este añadido ha sido lanzada, entre otros, por quienes promueven una moratoria mundial del aborto.

        Por eso, ante cualquier organización que se autodeclare defensora de los derechos humanos, hemos de preguntar con franqueza: ¿están ustedes dispuestos a combatir el aborto en todas sus formas, como atentado al derecho a la vida? ¿Viven realmente comprometidos en la defensa de los más débiles e indefensos entre los seres humanos, los hijos antes de nacer?

        Descubriremos con dolor que algunas de esas organizaciones no sólo se muestran indiferentes ante el aborto, sino que llegan al absurdo de apoyarlo y promoverlo con decisión. Lo hacen incluso con el peor abuso que se pueda cometer contra los mismos derechos humanos: con la excusa de defender los “derechos” de la mujer.

        A cualquier asociación pseudohumanitaria que promueva una mayor libertad de acceso al aborto, hay que declararla abiertamente como enemiga de la humanidad, e impedir que usurpe el título de “defensora de los derechos humanos” cuando en realidad trabaja contra el respeto de tales derechos.

        No habrá nunca justicia, no existirá jamás un auténtico compromiso en la defensa de los derechos humanos, allí donde el aborto sea permitido.

        Por lo tanto, una organización mostrará ser auténticamente promotora de los derechos humanos sólo cuando se comprometa en serio a favor de la vida de los no nacidos. Lo cual es, en el fondo, también defender la vocación que toda madre y todo padre tienen en la hermosa tarea de proteger y cuidar a cada uno de sus hijos.

Fernando Pascual, L.C. AutoresCatolicos.org

FLUVIUM

Social

Powerpoint de la semana

Video Recomendado

Intervención Cerro San Cristóbal
Impresionantes Pinturas 3D del Artista Edgar Muller
La risa de Juan Pablo II
Lo que está detrás de la ideología de género (Benigno Blanco)

Humor

Vicente Pérez Rosales cuenta en su libro de relatos personales Recuerdos del pasado (1814-1860) que acudió en 1830 a una oficina de entrega de pasaportes en París, Francia. Él relata que "Chile era tan poco conocido en Europa en 1830, como lo es para los chilenos en el día, la geografía de los compartimientos lunares".

Al llegar, fue consultado por el oficinista:

- ¿De qué país es usted caballero?

- De la república chilena.

- ¿Cómo dice usted?

- De Chile, señor.

- ¿Qué está usted diciendo?… Chile, ¡vaya un nombre!

- Sí, señor. - respondió Pérez- De Chile, república americana. ¿Qué tiene de extraño este nombre?

- ¡Ah, ah!, ¿de l’«Amérique», eh?… Chili… Chile, aguarde usted… Chile. Dígame usted más bien, caballero, ¿De qué pueblo es usted?, porque del tal Chili no hago memoria.

- De la ciudad de Santiago, señor.

- ¡Anda diablo! - exclamo entonces el sabio oficinista- ¡acabará usted de explicarse! – Y volviéndose a su escribiente le dictó estas palabras:

"V. Pérez Rosales, natural de Santiago de México.” Al oír semejante atrocidad, Pérez Rosales exclamó exasperado:

-¡De Chile! Que no de México

-Pues, mándeseme mudar de aquí - respondió el geógrafo - y no me vuelva a entrar en mi oficina antes de averiguar mejor cuál es su patria.

-----------------------------------------------