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Bla Bla Land

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La insistencia de Fernández por laurear a este, su gobierno no difiere mucho del error cometido por Warren Beatty y Faye Dunaway en la última entrega de los Oscar.

Queda un año del primer y último gobierno de la Nueva Mayoría y el ministro del Interior, Mario Fernández, no duda en repetir una y otra vez que “este ha sido un buen gobierno”, como respuesta a las mediciones de opinión pública que, entre otras desgracias, le dicen semana a semana que menos del 20% del país le respalda.

Esta insistencia majadera del Peta ya roza la charlatanería, esa que a la larga termina por reírse de la gente y de considerar al país como un lugar en el que sólo bastan palabras. Chile visto como Bla Bla Land.

Fernández parece olvidar que esta administración ha estado lejos de ganar el Oscar a la Mejor Dirección, pues si hay algo que ha escaseado desde el minuto mismo en el que Bachelet puso un pie de regreso al país ha sido la capacidad de dirigir un equipo – familia incluida – y tiene hoy a la coalición oficialista únicamente unida por la avaricia de mantener cuotas de poder. La Presidenta, al fin de cuentas, ha sido una víctima más de la Nueva Mayoría y no quien la dirige.

Este gobierno tampoco recibe el Oscar a la Mejor Actriz, pues para desgracia de ella misma, hemos visto a la Presidenta interpretar este mismo papel en tiempos de bonanza, al punto de ganarse más del 80% del apoyo del país, en ese su primer largometraje entre 2006 y 2010. Ahora, su segunda salida en escena, ha mostrado una actuación llena de inseguridades, demoras y omisiones. El libreto le quedó grande.

La actual administración está lejos de merecer la estatuilla a la Mejor Canción Original, pues este populismo cargado de ideología ya se ha escuchado en otros lugares del continente y sabemos a la falta de sintonía entre políticos y ciudadanos que lleva. Melodía devoradora de países.

Menos aún el segundo gobierno de Bachelet podría obtener el Oscar a Mejor Banda Sonora. Si hay algo que despinta en la Nueva Mayoría es el que se le pueda considerar un grupo que entona una sola musicalidad por el bien del país. Mientras a los radicales les cayó del cielo el violín primero, los comunistas inoportunan golpeando los timbales a placer y sacudiendo al equipo entero. Socialistas y pepedeístas se aferran a instrumentos antiguos y desafinados. Demócratacristianos jugando con teclados, cuerdas y percusión, intentando encajar a cualquier precio y autoengañándose.

La presea a Mejor Fotografía tampoco recae en este gobierno. Un puñado de estudios ha demostrado que la imagen de Chile en el exterior se ha desplomado y que quienes hace poco tiempo nos miraban y venían por consejo, hoy han seguido otros rumbos. La instantánea nacional con la que nos deja este gobierno es sencillamente la más desenfocada y descolorida desde retomada la democracia.

Por último, el Oscar a Mejor Diseño de Producción pasa frente a los ojos del Ejecutivo, pues se cambian las “prioridades” cada mes, según indique la agenda… La prisa que ayer había por regular la inmigración, acaba de ser desplazada por la urgencia para prevenir catástrofes forestales. Mañana, ya veremos. Eso sí, perdura la obstinación por lanzar una nueva Constitución, al fin y al cabo, aún nadie logra enterarse bien de qué va.

La verdad es que, visto lo anterior, la insistencia de Fernández por laurear a este su gobierno no difiere mucho del error cometido por Warren Beatty y Faye Dunaway en la última entrega de los Premios Oscar. Un error histórico que por un momento quiere hacernos creer que somos la Mejor Película.

Bienvenidos a Bla Bla Land.

Columna de Alberto López Hermida, académico Universidad de Los Andes.

PULSO, 07-03-2017

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Vicente Pérez Rosales cuenta en su libro de relatos personales Recuerdos del pasado (1814-1860) que acudió en 1830 a una oficina de entrega de pasaportes en París, Francia. Él relata que "Chile era tan poco conocido en Europa en 1830, como lo es para los chilenos en el día, la geografía de los compartimientos lunares".

Al llegar, fue consultado por el oficinista:

- ¿De qué país es usted caballero?

- De la república chilena.

- ¿Cómo dice usted?

- De Chile, señor.

- ¿Qué está usted diciendo?… Chile, ¡vaya un nombre!

- Sí, señor. - respondió Pérez- De Chile, república americana. ¿Qué tiene de extraño este nombre?

- ¡Ah, ah!, ¿de l’«Amérique», eh?… Chili… Chile, aguarde usted… Chile. Dígame usted más bien, caballero, ¿De qué pueblo es usted?, porque del tal Chili no hago memoria.

- De la ciudad de Santiago, señor.

- ¡Anda diablo! - exclamo entonces el sabio oficinista- ¡acabará usted de explicarse! – Y volviéndose a su escribiente le dictó estas palabras:

"V. Pérez Rosales, natural de Santiago de México.” Al oír semejante atrocidad, Pérez Rosales exclamó exasperado:

-¡De Chile! Que no de México

-Pues, mándeseme mudar de aquí - respondió el geógrafo - y no me vuelva a entrar en mi oficina antes de averiguar mejor cuál es su patria.

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