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Y NUEVAMENTE EL DÍA DE LA MUJER

Y NUEVAMENTE EL DÍA DE LA MUJER

Y NUEVAMENTE EL DÍA DE LA MUJER

Lillian Calm escribe: “Se recordaban así mitines y manifestaciones de mujeres que culminaron con el asesinato del zar, de la zarina y sus hijos, y con la caída de la monarquía rusa. Primero la fiesta fue laborable, pero luego el Presidium  del Soviet Supremo  declaró el 8 de marzo como fiesta no laborable. Y de la URSS, la fecha saltó a Naciones Unidas”.

Año a año me abisma el espíritu de borregos con que de diestra y siniestra se celebra el tan mentado Día de la Mujer. Por supuesto, los de diestra, sin detenerse ni siquiera un momento a leer sobre sus orígenes de esta trampita edulcorada por Naciones Unidas.

En efecto, en 1977 el inefable organismo internacional proclamó el 8 de marzo como Día Internacional de la Mujer.

¿Por qué precisamente esa fecha? Quien la había propuesto primero fue la comunista alemana Clara Zetkin, quien a principios del siglo XX, en 1911, instauró el Día de la Mujer Trabajadora, más conocido luego como Día Internacional de la Mujer, en conmemoración de un incendio que en 1909 provocó la muerte de 129 mujeres en una fábrica de Nueva York.

Años más tarde, el 8 de marzo de 1914, grupos de mujeres   se reunieron en ciudades europeas pidiendo paz, sufragio y trabajo. Todo aparentemente muy loable, pero ya utilizando la fecha como efeméride de la iniciativa ideologizada gestada por Zetkin.

En 1917, las mujeres rusas decidieron realizar una multitudinaria huelga de hambre contra las políticas del zar y usaron también como fecha de inicio el 8 de marzo, ya día de reivindicaciones. 

Tras la revolución bolchevique de octubre de 1917, la feminista Aleksandra Kolontái, desde su cargo de comisaria del Pueblo y miembro del Comité Ejecutivo del Soviet (no está de más decir que fueron sus gestiones las que condujeron a la legalización del divorcio y del aborto), logró instaurar ese 8 de marzo como fiesta oficial en la URSS.

Se recordaban así mitines y manifestaciones de mujeres que culminaron con el asesinato del zar, de la zarina y sus hijos, y con la caída de la monarquía rusa. Primero la fiesta fue laborable, pero luego el Presidium  del Soviet Supremo  declaró el 8 de marzo como fiesta no laborable.

Y de la URSS, la fecha saltó a Naciones Unidas.

En suma si bien duelen y mucho esas 129 muertes en el incendio de una fábrica en Nueva York, y de las cuales ya nadie se acuerda, este aniversario -utilizado por Zetkin, Kolontái y, ¿por qué no?, luego por Naciones Unidas- no es sino una conmemoración comunista a la que el mundo no comunista se suma hoy, como ya lo decía, cual borrego.

Pero no quiero omitir una breve reseña de Clara Zetkin. Con la legendaria Rosa de Luxemburgo fue una de las principales figuras del ala más izquierdista del SPD, que fue en sus inicios fundado como un partido obrero de ideología marxista. Ella también editó el periódico “Igualdad” y lideró la Oficina de la Mujer partidaria (comunista, se subentiende). Su inspirador fue Lenin. Murió a los 76 años y fue enterrada junto a la muralla del Kremlin, en Moscú.

Sí. De cuando en cuando, en medio del torbellino de la eficacísima propaganda ideológica, se hace necesario recordar algo de historia. Al menos, pienso que hace bien

Lillian Calm

Periodista

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