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Enseñar a los niños a cuidarse en internet es más efectivo que solo intentar controlarlos

Enseñar a los niños a cuidarse en internet es más efectivo que solo intentar controlarlos

Enseñar a los niños a cuidarse en internet es más efectivo que solo intentar controlarlos
marzo 09

Priorizar el diálogo directo con los más chicos y tratar a los adolescentes como adultos en formación son algunas recomendaciones.

El robo de fotografías que pueden terminar en sitios de pornografía infantil, exposición a abusadores sexuales, y las infecciones de programas maliciosos. Estos son algunos de los principales riesgos digitales que los padres deben aprender a prever para cuidar a sus hijos, en especial considerando que, según el Índice de Civilidad Digital de Microsoft publicado este año, de entre los 14 países estudiados (por su amplio uso de la web), Chile es el cuarto más peligroso para navegar.

“Lo principal es perder el miedo y dialogar. Si el padre no sabe de internet, puede acercarse y preguntarles a los hijos sobre las aplicaciones que usan, cómo lo hacen y para qué sirven”, explica a “El Mercurio” el jefe del laboratorio de investigación de ESET Latinoamérica, Camilo Gutiérrez. “A los niños les encanta enseñar, y ¿qué mejor forma de aprender que por mano de su propio hijo?”, dice.

“Así, aunque parezcan riesgos complejos, podemos prevenir acompañándoles en el mundo digital tal como lo haríamos en el físico”.

Una opción es usar programas de control parental, que limitan los sitios web que los niños pueden visitar e informan a los padres de sus actividades. Esto permite vigilar sus interacciones y evitar que accedan a sitios de contenido peligroso. Sin embargo, Gutiérrez recomienda que su uso sea conversado previamente con el menor o este podría malinterpretar la decisión. “Hay que decirles que la idea no es controlar lo que hace en su dispositivo, sino ayudarle a disfrutar de la tecnología con seguridad”, sugiere.

“Aunque el control parental funciona, pronto deja de hacerlo porque lo evaden”, advierte Claudio Jofré, director del departamento de Comunicación Social de la U. de Concepción e investigador en medios online y cambio tecnológico. “Hay que crear confianza para que, por ejemplo, si alguien les envía fotografías comprometedoras, les digan a los padres para hacer la denuncia”.

“Si son muy severos, el niño puede incluso pensar que le van a quitar el celular al contar su problema y eso empeorará todo”, agrega. “Les dará vergüenza”.

“Ahora son mucho más pillos y a los 10 minutos ya tienen todo desbloqueado, pero mientras más pequeños son, más control debe haber”, asegura Solange Favereau, académica de la Facultad de Educación de la U. de los Andes, quien enfatiza en que el diálogo debe ser distinto según la edad del niño. “Antes de los 12 años, la conversación tiene que ser sencilla, sensible y sin rodeos. Ellos entenderán mejor si se va directo al grano”, explica.

Con los grandes, en cambio, hay que ser más reflexivos. “Los niños todavía creen en lo que dicen los padres, pero a los adolescentes hay que hablarles como adultos porque ya tienen criterio. Y si no, esto les ayudará a formarlo”.

Matías Vega O.

Vida Ciencia Tecnología

EL MERCURIO, 06-03-2017

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Vicente Pérez Rosales cuenta en su libro de relatos personales Recuerdos del pasado (1814-1860) que acudió en 1830 a una oficina de entrega de pasaportes en París, Francia. Él relata que "Chile era tan poco conocido en Europa en 1830, como lo es para los chilenos en el día, la geografía de los compartimientos lunares".

Al llegar, fue consultado por el oficinista:

- ¿De qué país es usted caballero?

- De la república chilena.

- ¿Cómo dice usted?

- De Chile, señor.

- ¿Qué está usted diciendo?… Chile, ¡vaya un nombre!

- Sí, señor. - respondió Pérez- De Chile, república americana. ¿Qué tiene de extraño este nombre?

- ¡Ah, ah!, ¿de l’«Amérique», eh?… Chili… Chile, aguarde usted… Chile. Dígame usted más bien, caballero, ¿De qué pueblo es usted?, porque del tal Chili no hago memoria.

- De la ciudad de Santiago, señor.

- ¡Anda diablo! - exclamo entonces el sabio oficinista- ¡acabará usted de explicarse! – Y volviéndose a su escribiente le dictó estas palabras:

"V. Pérez Rosales, natural de Santiago de México.” Al oír semejante atrocidad, Pérez Rosales exclamó exasperado:

-¡De Chile! Que no de México

-Pues, mándeseme mudar de aquí - respondió el geógrafo - y no me vuelva a entrar en mi oficina antes de averiguar mejor cuál es su patria.

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