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Martin Baron, director del ‘Washington Post’: “La libertad de expresión está en juego”

Martin Baron, director del ‘Washington Post’: “La libertad de expresión está en juego”

Martin Baron, director del ‘Washington Post’: “La libertad de expresión está en juego”

“Hay mucha gente que no está interesada en los hechos, solo quiere leer ‘informaciones’ (por así llamarlas) que estén en línea con sus opiniones preexistentes. Es un gran problema a nivel de la sociedad y un problema fundamental de la democracia…”

Ha calificado a los periodistas de “asquerosos”, les ha llamado “basura”, les ha definido como “la forma más baja de humanidad” e incluso como “la forma más baja de vida”. Y ahora que ya ha tomado posesión como presidente de Estados Unidos es muy posible que Donald Trump no se conforme con deslegitimar y desacreditar a los medios de comunicación, sino que trate además de ponerles cortapisas legales a fin de limitar la libertad de expresión y de prensa. 

Esa es, al menos, la tenebrosa sospecha que sacude a Martin Baron, director desde 2012 del Washington Post, uno de los medios que con más ahínco ha denunciado las mentiras y falsedades que durante la campaña electoral ha soltado el actual inquilino de la Casa Blanca. “La libertad de expresión está en juego”, aseguraba ayer con gesto de turbación Baron, quien se encuentra estos días en España invitado por la Universidad de Navarra y la Fundación Rafael del Pino. 

Baron -al frente del Boston Globe cuando el rotativo destapó que durante décadas en esa diócesis sacerdotes pederastas habían abusado sexualmente de menores con total impunidad, en una impecable investigación periodística que recoge la película Spotlight- no ocultaba ayer su temor de que Trump recrudezca su guerra contra los medios ahora que está en la Casa Blanca y se sienta incluso tentado de cercenar su libertad. “Es algo que me preocupa mucho, porque los medios juegan un papel central en la democracia. Sin libertad de expresión y sin libertad de prensa no existe democracia”, sentenciaba. 

Los medios tradicionales, de hecho, ya están sufriendo una enorme crisis de credibilidad. En Estados Unidos sólo el 32% de la población dice confiar en ellos (25 puntos menos que en 1999), lo que marca su nivel más bajo. “La confianza de la gente en nosotros ha bajado mucho, especialmente durante la campaña electoral. Ha habido muchos ataques contra los medios por parte de todos los candidatos, en especial de Donald Trump”, afirma el director del Washington Post.

Otra prueba de la crisis de los medios tradicionales es la escasa capacidad de influencia que tienen en la era de Internet y las redes sociales. La gran prueba se encuentra en la victoria del propio Trump, que ha conseguido llegar a presidente teniendo en contra a la práctica totalidad de los grandes medios de comunicación americanos. Sólo la cadena Fox y algunos medios digitales como Breitbart (de extrema derecha y cuyo fundador, Stephen Bannon, fue el jefe de campaña de Trump y ahora ha sido nombrado jefe de estrategia y consejero principal) apoyaban al candidato del Partido Republicano. 

El caso es que el hecho de que los medios tradicionales hayan destapado durante la campaña muchas de las mentiras de Trump, apenas ha tenido efecto en buena parte de la población estadounidense. Porque la verdad, en opinión de Baron, es en estos momentos un valor a la baja. 

“Hay mucha gente que no está interesada en los hechos, solo quiere leer ‘informaciones’ (por así llamarlas) que estén en línea con sus opiniones preexistentes. Es un gran problema a nivel de la sociedad y un problema fundamental de la democracia. Porque es importante que estemos de acuerdo en los hechos básicos. Podemos estar en desacuerdo en el análisis de los hechos, en la solución a los problemas, pero es fundamental que estemos de acuerdo en los hechos básicos. ¿Cómo puede funcionar una democracia en la que la gente no está de acuerdo en los hechos básicos?”, se pregunta con evidente preocupación.

Baron tiene su propia receta para hacer frente a todo eso. “Los medios tenemos que seguir adelante con nuestra misión de publicar la verdad y denunciar las falsedades de los políticos. Si lo hacemos espero que a largo plazo la gente vuelva a tener confianza en nosotros”, asegura. 

El New York Times planea, por ejemplo, invertir cinco millones de dólares para reforzar su cobertura de la nueva administración estadounidense. Y el Washington Post no se queda a la zaga: este año va a contratar a 60 periodistas, va a fortalecer su sección de política nacional y va a poner en marcha un nuevo equipo de investigación rápida, que va a indagar lo más velozmente posible todos los comunicados y declaraciones de la Administración Trump sospechosos de ser falsos. Al fin y al cabo, Trump ya ha mentido en el número de personas que asistieron a su investidura como presidente (dijo que fueron hasta un millón y medio, cuando según las autoridades como mucho sumaban 900.000) y sigue empeñado en que hubo fraude electoral masivo, cuando no hay la más mínima evidencia de ello.

ELMUNDO.ES, España

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En 1932, el entonces alcalde de Nueva York, James John Walker pronunció un brindis irrepetible al cumplirse el segundo centenario del nacimiento de George Washington:

-En memoria del hombre que supo ser el primero en la guerra, el primero en la paz y el primero en el corazón de sus conciudadanos…

Pero, animado por el vino, continuó:

-Lo que no comprendo es cómo, gustándole tanto ser el primero en todo, se casó con una viuda.

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El mariscal de Francia y presidente de la República, Patrice Maurice Mac·Mahon era un hombre que no brillaba por su inteligencia. Un día, mientras visitaba un hospital, se detuvo ante la cama de un soldado enfermo y se interesó por él.

-¿Qué tiene?- preguntó.

-Fiebre tifoidea tropical- le respondió un médico.

-Mala cosa– replicó Mac·Mahon -O se muere uno o se vuelve tonto. Lo sé porque la tuve cuando estaba en Argel.

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