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La batalla epistolar entre F. Atria, B. Fontaine, P. P. Errázuriz y P. Ortúzar por el Transantiago

La batalla epistolar entre F. Atria, B. Fontaine, P. P. Errázuriz y P. Ortúzar por el Transantiago

La batalla epistolar entre F. Atria, B. Fontaine, P. P. Errázuriz y P. Ortúzar por el Transantiago

En una columna en El Mercurio, el precandidato del PS dijo el viernes que “el dogmatismo neoliberal” había afectado al sistema de transporte capitalino. El fin de semana y hoy (13), recibió duras respuestas.

Hace tres días el académico y precandidato presidencial del PS, Fernando Atria, publicó una columna de opinión en El Mercurio en defensa del Transantiago, justo el día en que el sistema de transporte capitalino cumplía 10 años. Bajo el título “Transantiago, dogmatismo liberal en transporte”, asegura que el sistema “es un ejemplo inigualable de dogmatismo neoliberal. El transporte público, en ciudades de un tamaño comparable con Santiago en prácticamente todos los países que pueden servirnos de modelo, se organiza mediante servicios o empresas públicas. Que prácticamente todos los que han enfrentado ese problema hayan convergido a la misma solución, muestra que ella se basa no en consideraciones ‘ideológicas’, sino en el puro sentido común, eso que en el Chile neoliberal escasea”.

Pero hoy el empresario Bernardo Fontaine le respondió en una carta al director en el mismo medio. En la misiva titulada “Atria y el Transantiago”, el economista señala: “El respetado académico pasa por alto que un grupo de cerebros mágicos, en una actitud muy estatista, encontraron el sistema de transporte ‘perfecto’ y lo aplicaron sin más, ignorando la realidad de la ciudad y la naturaleza humana. Por ejemplo, borraron toda competencia, elemento central de una economía de mercado y del neoliberalismo (…) El Transantiago es malo porque es caro y funciona mal. No por ideología”.

Por un momento pensé que era el Día de los Inocentes. Pero no, es febrero. Y a pesar de que el sol recalienta los cerebros, debemos buscar cómo dar soluciones prácticas a nuestros problemas y abandonar ese espíritu reformista febril y ese ideologismo que nos ha conducido a una oleada de reformas técnicamente mal hechas: Transantiago, tributaria, laboral, educacional, etcétera”, finaliza Fontaine.

Otro que le respondió a través de una carta al director, fue Pedro Pablo Errázuriz, ex ministro de Transportes, el pasado 11 de febrero. “La columna de Fernando Atria nos permite observar una vez más lo triste que es la ideología llevada al dogmatismo”, escribió.

Ayer, en tanto,  el director de investigación del IES, Pablo Ortúzar, también se refirió a la columna de Atria (ver aquí): “Pensar, entonces, como Fernando Atria, que tan solo si los buses hubieran sido fiscales y los choferes funcionarios del Estado todo andaría de maravillas, es realmente de un dogmatismo estatista muy poco razonable. Y de un simplismo tan arrogante como el que nos metió en este problema”.

EL LIBERO, 13-02-2017

 

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A comienzos de siglo XVIII reinó en Prusia un hombre muy temperamental. Federico Guillermo tenía la costumbre de pasear sin escolta por las calles de Berlín. Cuentan que cuando encontraba alguien que le desagradara, lo que ocurría con frecuencia, no dudaba en golpearlo con su bastón. Por esa razón cuando la gente lo veía a lo lejos, prudentemente huía lo más rápido posible.

En cierta ocasión, como de costumbre, el rey avanzaba golpeando el suelo con su bastón. Un berlinés, tomado por sorpresa, tratando de huir del monarca, se ocultó en un portal. Ahí lo sorprendió Federico Guillermo, y lo increpó de inmediato:

- Eh, tú, ¿A dónde vas?

El pobre hombre, que temblaba de miedo, le indicó con la cabeza una la puerta.

- ¿Vives ahí?, lo interrogó.

El hombre hizo un gesto de negación.

- ¿Es la casa de un amigo tuyo? Volvió a preguntar.

- No, Majestad.

El rey lo miró con sospecha,

-Entonces, ¿por qué entras en ella?

El hombre tuvo miedo de que se le considerara como ladrón, así que confesó:

- Lo hacía para evitar encontrarme con su Majestad. Federico Guillermo lo miró extrañado.

- ¿Y por qué quieres evitarme?

Bajando la vista, decidió decirle la verdad:

- Porque tengo miedo de su Majestad.

Al escuchar esto, Federico Guillermo montó en una de sus famosas rabietas. Agarró al infeliz por el cuello, lo sacudió violentamente, y lo increpó:

- ¿Cómo te atreves a tener miedo de mí? ¡Soy tu rey, así que tienes que amarme! ¡Ámame, desgraciado! ¡Te ordeno que me ames!

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