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Aborto libre

Aborto libre

Aborto libre
febrero 16

Estas situaciones, dramáticas todas, podrán con toda consistencia apelar a los mismos argumentos que ahora se dan para las tres causales en cuestión.

Pocas semanas tras la aprobación del aborto en tres causales, se alzarán voces solicitando que se despenalice también el aborto en otras circunstancias como, por ejemplo, ante la falla en el método anticonceptivo de una madre que no tiene recursos para criar otro hijo sin grave perjuicio para los que ya tiene; para la mujer que enviudó sin siquiera saber que estaba embarazada; la que acaba de enterarse de que tendrá su cuarto hijo con una malformación congénita compatible con la vida (aunque no con una vida autónoma), o la que descubrió la infidelidad de su pareja cuando ya esperaba un hijo.

Estas situaciones, dramáticas todas, podrán con toda consistencia apelar a los mismos argumentos que ahora se dan para las tres causales en cuestión. Y aunque -si fuera el caso- don Carlos Peña no quisiera legitimarlas, no podría más que reconocer que el Estado no puede obligar a las personas a realizar acciones supererogatorias, y en circunstancias tan adversas llevar a término un embarazo supera lo que es debido. Si el senador Ignacio Walker quisiera oponerse, se lo obligará a considerar exclusivamente el sufrimiento de la mujer, igual como hace ahora, y posiblemente contra sus principios se verá forzado a admitir también la legalización del aborto en más causales y circunstancias.

Cuando se dice que el actual proyecto de ley abre la puerta al aborto libre, no se quiere decir que todos quienes apoyan este proyecto estén de acuerdo con el aborto libre. Solo se quiere decir que al olvidar que se está dando muerte a otro ser humano, se acaba toda posibilidad de argumentar racionalmente en contra de una ampliación indefinida de causales. Se acaba, al menos, para quienes en el futuro aspiren a ser consecuentes.

M. Alejandra Carrasco

EL MERCURIO, 13-02-2017

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Vicente Pérez Rosales cuenta en su libro de relatos personales Recuerdos del pasado (1814-1860) que acudió en 1830 a una oficina de entrega de pasaportes en París, Francia. Él relata que "Chile era tan poco conocido en Europa en 1830, como lo es para los chilenos en el día, la geografía de los compartimientos lunares".

Al llegar, fue consultado por el oficinista:

- ¿De qué país es usted caballero?

- De la república chilena.

- ¿Cómo dice usted?

- De Chile, señor.

- ¿Qué está usted diciendo?… Chile, ¡vaya un nombre!

- Sí, señor. - respondió Pérez- De Chile, república americana. ¿Qué tiene de extraño este nombre?

- ¡Ah, ah!, ¿de l’«Amérique», eh?… Chili… Chile, aguarde usted… Chile. Dígame usted más bien, caballero, ¿De qué pueblo es usted?, porque del tal Chili no hago memoria.

- De la ciudad de Santiago, señor.

- ¡Anda diablo! - exclamo entonces el sabio oficinista- ¡acabará usted de explicarse! – Y volviéndose a su escribiente le dictó estas palabras:

"V. Pérez Rosales, natural de Santiago de México.” Al oír semejante atrocidad, Pérez Rosales exclamó exasperado:

-¡De Chile! Que no de México

-Pues, mándeseme mudar de aquí - respondió el geógrafo - y no me vuelva a entrar en mi oficina antes de averiguar mejor cuál es su patria.

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