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Paul Auster: “Don Quijote es mi héroe favorito de ficción”

Paul Auster: “Don Quijote es mi héroe favorito de ficción”

Paul Auster: “Don Quijote es mi héroe favorito de ficción”
enero 26

El escritor, que en septiembre de 2017 publicará en España su nueva novela, 4321(Seix Barral), afirma en esta entrevista con The New York Times que cuando tenía 17 años los relatos de Isaac Babel “abrieron una puerta en mi mente, y detrás de esa puerta encontré la habitación en la que quería pasar el resto de mi vida”.

Paul Auster (Newark, 1947) acaba de publicar en Estados Unidos 4321, que llegará a las librerías españolas el próximo mes septiembre de la mano de Seix Barral. Es la primera novela de Auster en siete años tras Sunset Park, y la primera que en España no publicará el sello que venía haciéndolo hasta ahora: Anagrama. 4321 es la historia de Archibald Isaac Ferguson, nacido, como Auster, en Newark en 1947. Ferguson vivirá desdoblamiento con cuatro personajes que nacieron al mismo tiempo que él, y cuyas vidas vivirán en paralelo. Además de los temas clásicos de Auster, el escritor recorre el siglo XX norteamericano a través de las vicisitudes de sus protagonistas.

Pregunta.- ¿Qué libros tiene ahora mismo en su mesilla de noche?

Respuesta.- Sólo dos: los Ensayos completos de James Baldwin editados por Library of America y, de la misma edición, sus Novelas y relatos tempranos. Hasta hace poco, y desde el Instituto (esto es mucho tiempo, dado que me gradué en 1965), no había leído ningún ‘baldwin’. Pero como la novela en que estaba trabajando transcurría en los años cincuenta y sesenta, quise hacerlo ahora. El deber se convirtió rápidamente en placer, asombro y admiración. Baldwin es un escritor notable en dos frentes, ficción y no ficción; yo lo situaría entre los más grandes del siglo XX. No sólo por su audacia y coraje, no sólo por su enorme gama de emociones (de la ira más ardiente a la ternura más exquisita), sino por la calidad de la escritura misma, la gracia con que cincela sus frases. La prosa de Baldwin es lo que yo llamaría “americano clásico”, en el mismo sentido en que Thoreau es clásico. Creo que Baldwin en su mejor momento es igual a Thoreau en su mejor momento. Curiosamente, he terminado de leer los dos libros hace más de un año, pero todavía están en mi mesilla de noche. No puedo decir por qué. Me gusta tenerlos allí. Me consuelan.

 

P.- ¿Cuál es el último gran libro que ha leído?

R.- A Woman Looking at Men Looking at Women (Una mujer mirando a los hombres que miran a las mujeres), una vasta, formidable colección de ensayos escritos por Siri Hustvedt, pero como ocurre que estoy casado con Siri permítanme mencionar otro: Oreo, una novela de Fran Ross, que fue primero publicada por una pequeña editorial en 1974, recibió poca o ninguna atención y más tarde cayó en el olvido hasta que fue reeditada por New Directions en 2015. Por desgracia, fue la única novela que Ross escribió, y lo que es más triste, Ross murió a los 50 años, en 1985. Pero qué divertidísima pequeña obra maestra es, verdaderamente una de las novelas más deliciosas, hilarantes e inteligentes que he leído en los últimos años, una obra absolutamente original escrita en un maravilloso lenguaje híbrido en el que se mezcla la prosa académica, la jerga negra y el yídish. Me he reído a carcajadas por lo menos cien veces, y eso que es un libro corto, de poco más de 200 páginas.

 

P.- ¿Cuál es la mejor novela clásica que ha leído recientemente por primera vez?

R.- Al faro, de Virginia Woof. Leí un par de libros de Woolf cuando tenía 18 años (Las olas, Orlando), pero no me gustaron mucho, así que la taché de mi lista para los siguientes 51 años. Qué error más estúpido. Al faro es una de las novelas más hermosas que he leído nunca. Penetró en mí, me hizo temblar y continuamente me tenía al borde las lágrimas. La música de sus largas, serpenteantes frases, la implícita profundidad de sus sentimientos, los ritmos subterráneos de su estructura me conmovieron tanto que iba leyendo todo lo despacio que podía, repasando cada párrafo tres o cuatro veces antes de pasar al siguiente.

 

P.- Háblenos de sus historias favoritas sobre Nueva York.

R.- Hay muchas, muchísimas historias que se han ido acumulando a lo largo de los años, pero en vista del odio que ha vertido contra los inmigrantes uno de los candidatos de la reciente campaña presidencial, le hablaré de una historia cuyo protagonista es inmigrante. Mi papelería de confianza en Brooklyn pertenece a un hombre que nació en China. Su asistente nació en México, y la mujer de  la caja en Jamaica. Una tarde fría, hace varios meses, estando yo de pie en el mostrador preparándome para pagar, la cajera jamaicana notó que mi nariz estaba goteando (debido al frío), pero en lugar de ignorarlo o decirme que me limpiara la nariz, sacó un pañuelo de papel de su caja de Kleenex, se inclinó sobre el mostrador y me la limpió. Muy amablemente, podría añadir, y sin decir una palabra. ¿Fue un error por su parte tocarme sin mi permiso? Sin duda, alguna gente pensaría que sí. Pero desde mi perspectiva, fue un acto de amabilidad inusual, y le di las gracias por ayudarme. Es un ejemplo de la vida en la República Popular de Brooklyn.

 

P.- ¿Qué lee cuando está trabajando en un libro? ¿Y qué tipo de lectura evita cuando escribe?

R.- No leo ficción mientras trabajo en una novela -solo cuando he terminado y antes de empezar con algo nuevo-, pero la poesía, la historia y las biografías son aceptables, junto a libros que me ayudan a investigar cosas relacionadas con el libro que estoy escribiendo. La verdad es que leo mucho menos que cuando era joven; esto es porque la lucha que supone escribir mis propios libros puede ser tan agotadora (tanto física como mentalmente) que a menudo me dejo caer en el sofá después de cenar, enciendo la televisión y veo a los Mets (durante la temporada de béisbol) o películas antiguas en la TCM con Siri (que está tan agotada después de su trabajo como yo después del mío). En mi humilde opinión, las dos mayores mejoras en la vida americana en los últimos 20 años son la invención de la TCM (¡una cinemateca de calidad en cada sala de estar!) y el sello autoadhesivo.

 

P.- ¿Qué libro de su estantería nos sorprendería encontrar?

R.- English as She Is Spoken: The New Guide of the Conversation in Portuguese and English, de Pedro Carolino, publicado por primera vez en América en 1883, con una introducción de Mark Twain. Como dice Twain, “Nada se puede añadir a lo absurdo de este libro”, y de hecho es ridículo: un manual sobre inglés escrito por alguien que no tenía el menor conocimiento de la lengua. Más de un centenar de páginas llenas de frases tales como: “Tienes allí una librería mucho considerable, esto es una prueba de tu amor por los aprendizajes”, o “Nada es más faciloso que nadar; no es a lo que no debes tener miedo”. El libro es Dada puro, y como Twain escribe, “su inmortalidad es segura”.

 

P.- ¿Cuál es el mejor libro que le han regalado?

R.- Los relatos completos de Isaac Babel, que me regalaron en mi 17 cumpleaños. Abrieron una puerta en mi mente, y detrás de esa puerta encontré la habitación en la que quería pasar el resto de mi vida.

 

P.- ¿Cuál es su héroe o heroina favorito de ficción? ¿Y su antihéroe o villano?

R.- Don Quijote y Raskólnikov.

 

P.- ¿Qué tipo de lector era de niño? ¿Qué libros y autores infantiles le marcaron más?

R.- Tengo una memoria vívida de Peter Rabbit, un libro que mi madre me debió leer decenas de veces. También de tres volúmenes de cuentos de Hans Christian Andersen. Cuando tenía 9 o 10 años, mi abuela me dio una colección de seis volúmenes de libros de Robert Louis Stevenson, que me animó a escribir mis primeras historias. El primer libro que compré con mi dinero fue Los relatos y poemas completos de Edgar Allan Poe a los 10 o 11 años. Primera gran pasión literaria: Sherlock Holmes de Conan Doyle. El mayor error juvenil: mi segunda compra de libros. Boris Pasternak acababa de ganar el Premio Nobel, convirtiéndose en el escritor del que más se hablaba en todo el mundo. Quise saber de qué trataba todo aquello y compré un ejemplar de Doctor Zhivago. Tenía aproximadamente 11 años y medio. Con leer una sola página en la novela vi que estaba muy lejos de mis capacidades en aquel momento, así que tuve que renunciar. Todavía no he leído Doctor Zhivago. Sí he leído innumerables poemas de Pasternak desde entonces, pero ni una vez he vuelto a la novela.

 

P.- Está organizando una cena literaria. ¿A qué escritores, vivos o muertos, invitaría?

R.- Dickens, Dostoievsky y Hawthorne.

 

P.- Decepcionante, sobrevalorado o simplemente malo. ¿Qué libro se supone que le debería haber gustado, pero no lo hizo?

R.- No es que no me guste, pero digo Huckleberry Finn. De hecho, yo diría que el primer tercio de la novela está entre las mejores cosas que yo he leído escritas por un escritor estadounidense. Casi todo el mundo comparte mi opinión sobre ese brillante primer tercio. Pero después de ese comienzo tan emocionante, Twain dejó el manuscrito y no volvió a él durante años. El segundo tercio del libro sigue siendo bueno, a menudo excelente (las famosas escenas de Huck y Jim en el río con todos esos personajes coloridos), pero no tiene ni la profundidad ni la originalidad del primer tercio. Luego está el último tercio. Una vez que Tom Sawyer entra en la historia, el libro se desmorona. Es tan juvenil en el tono, en el espíritu…, y luego está esa broma cruel que le gastan a Jim y que parece contradecir todo lo que habíamos leído antes.

 

THE NEW YORK TIMES BOOK REVIEW/

EL CULTURAL, España, 07-01-2017

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