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La La Land

La La Land

La La Land

Director: Damien Chazelle. Guionista: Damien Chazelle.Intérpretes: Ryan Gosling, Emma Stone, J.K. Simmons, Rosemarie De Witt, John Legend, Finn Wittrock, Sonoya Mizuno.127 min. Jóvenes. (S)

Triunfador en los Globos de Oro, este delicioso musical saca a relucir lo mejor del género a través de una sencilla historia de amor que invita a reflexionar sobre el precio de la fama.

Provocó entusiasmo en los primeros espectadores y críticos que pudieron verla en el festival de Venecia, y ha empezado la carrera de los Oscar poniéndose directamente en cabeza. Lógico: porque este musical, dirigido por Damien Chazelle, el joven director que se reveló con una ópera prima tan rotunda como Whiplash, es una de las mejores películas del año (para mí, la mejor, pero ya saben que para gustos, hay colores).

Chazelle ha rodado un delicioso musical que es, al mismo tiempo, un homenaje al cine clásico, una revitalización del género, una carta de amor a la ciudad de Los Ángeles y una nostálgica reflexión sobre el precio de la fama. Sí, exactamente el mismo tema que desarrolló en Whiplash y que ahora presenta de una manera mucho más delicada y amable, pero también más profunda. Ya solo por esta carga de profundidad y reflexión que Chazelle imprime en un género tradicionalmente frívolo, La La Land merecería cada premio que pudiera dársele.

La acción arranca en un monumental atasco en una autopista de Los Ángeles con un número musical que, sin ser de los mejores, revela lo que vamos a ver: una historia de ilusiones, de sueños, de jazz y de canciones. Y, como telón de fondo, el típico cuento, siempre eficaz, de chico conoce chica. Clasicismo en vena. Un clasicismo elegante, cuidado, respetuoso con una forma de hacer cine que hace mucho tiempo que perdimos. Un clasicismo quizás ingenuo… pero también lleno de energía. La misma que imprimió Chazelle en Whiplash y la que aporta ahora la banda sonora de Justin Hurwitz y la maravillosa fotografía de Linus Sandgren, y la que subrayan Ryan Gosling y Emma Stone, una pareja de buenos actores que tienen por delante un guion maravillosamente escrito (por cierto, cuando lean sobre la química de la pareja no se engañen: no es química, es libreto: una buena historia bien contada y un trabajado desarrollo de personajes).

La película es un absoluto disfrute para cualquier espectador. Uno de esos títulos por los que se bautizó al cine como la fábrica de los sueños. 

Ana Sánchez de la Nieta. @AnaSanchezNieta

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A comienzos de siglo XVIII reinó en Prusia un hombre muy temperamental. Federico Guillermo tenía la costumbre de pasear sin escolta por las calles de Berlín. Cuentan que cuando encontraba alguien que le desagradara, lo que ocurría con frecuencia, no dudaba en golpearlo con su bastón. Por esa razón cuando la gente lo veía a lo lejos, prudentemente huía lo más rápido posible.

En cierta ocasión, como de costumbre, el rey avanzaba golpeando el suelo con su bastón. Un berlinés, tomado por sorpresa, tratando de huir del monarca, se ocultó en un portal. Ahí lo sorprendió Federico Guillermo, y lo increpó de inmediato:

- Eh, tú, ¿A dónde vas?

El pobre hombre, que temblaba de miedo, le indicó con la cabeza una la puerta.

- ¿Vives ahí?, lo interrogó.

El hombre hizo un gesto de negación.

- ¿Es la casa de un amigo tuyo? Volvió a preguntar.

- No, Majestad.

El rey lo miró con sospecha,

-Entonces, ¿por qué entras en ella?

El hombre tuvo miedo de que se le considerara como ladrón, así que confesó:

- Lo hacía para evitar encontrarme con su Majestad. Federico Guillermo lo miró extrañado.

- ¿Y por qué quieres evitarme?

Bajando la vista, decidió decirle la verdad:

- Porque tengo miedo de su Majestad.

Al escuchar esto, Federico Guillermo montó en una de sus famosas rabietas. Agarró al infeliz por el cuello, lo sacudió violentamente, y lo increpó:

- ¿Cómo te atreves a tener miedo de mí? ¡Soy tu rey, así que tienes que amarme! ¡Ámame, desgraciado! ¡Te ordeno que me ames!

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