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Belleza inesperada

Belleza inesperada

Belleza inesperada
diciembre 29

Director: David Frankel. Guion: Allan Loeb. Intérpretes: Will Smith, Edward Norton, Kate Winslet, Michael Peña, Naomie Harris, Helen Mirren, Keira Knightley. 94 min. Jóvenes-adultos.

El director David Frankel (El diablo viste de Prada) desarrolla una original historia en torno al proceso de duelo de un hombre que ha perdido a su única hija, de seis años de edad. Un reparto de lujo no le ha ahorrado críticas demoledoras en EE.UU. a una película que no merece tantos desaires. Ciertamente, la cinta es de corte sentimental, pero no excesiva, y aborda cuestiones de calado y no lo hace de manera superficial. Quizá el argumento tiene algo de esperpento o surrealismo, pero el resultado, de cierto aire capriano, se deja ver, y en determinados momentos tiene destellos brillantes. Se echa de menos, dada la naturaleza del tema, alguna apertura a la trascendencia, y el conjunto sabe a poco. Pero visto lo visto, es la película más navideña de la temporada.

Juan Orellana. ACEPRENSA

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Humor

A comienzos de siglo XVIII reinó en Prusia un hombre muy temperamental. Federico Guillermo tenía la costumbre de pasear sin escolta por las calles de Berlín. Cuentan que cuando encontraba alguien que le desagradara, lo que ocurría con frecuencia, no dudaba en golpearlo con su bastón. Por esa razón cuando la gente lo veía a lo lejos, prudentemente huía lo más rápido posible.

En cierta ocasión, como de costumbre, el rey avanzaba golpeando el suelo con su bastón. Un berlinés, tomado por sorpresa, tratando de huir del monarca, se ocultó en un portal. Ahí lo sorprendió Federico Guillermo, y lo increpó de inmediato:

- Eh, tú, ¿A dónde vas?

El pobre hombre, que temblaba de miedo, le indicó con la cabeza una la puerta.

- ¿Vives ahí?, lo interrogó.

El hombre hizo un gesto de negación.

- ¿Es la casa de un amigo tuyo? Volvió a preguntar.

- No, Majestad.

El rey lo miró con sospecha,

-Entonces, ¿por qué entras en ella?

El hombre tuvo miedo de que se le considerara como ladrón, así que confesó:

- Lo hacía para evitar encontrarme con su Majestad. Federico Guillermo lo miró extrañado.

- ¿Y por qué quieres evitarme?

Bajando la vista, decidió decirle la verdad:

- Porque tengo miedo de su Majestad.

Al escuchar esto, Federico Guillermo montó en una de sus famosas rabietas. Agarró al infeliz por el cuello, lo sacudió violentamente, y lo increpó:

- ¿Cómo te atreves a tener miedo de mí? ¡Soy tu rey, así que tienes que amarme! ¡Ámame, desgraciado! ¡Te ordeno que me ames!

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