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Calculan el descomunal peso de todo lo construido por el hombre en la Tierra

Calculan el descomunal peso de todo lo construido por el hombre en la Tierra

Calculan el descomunal peso de todo lo construido por el hombre en la Tierra

Los productos creados por nuestra tecnología pesan ya 30 billones de toneladas y son más numerosos que las especies vivas del planeta

Todo lo construido por los seres humanos para mantenerse vivos sobre la Tierra, la llamada tecnósfera, comprende desde casas, fábricas y granjas a carreteras, minas, aeropuertos, teléfonos móviles, sistemas informáticos, cepillos de dientes o vertederos. Ahora, un equipo internacional dirigido por geólogos de la británica Universidad de Leicester ha hecho la primera estimación de la magnitud de todo lo que lleva impronta humana, y las cifras, si no causan pavor, al menos invitan a una seria reflexión, porque son sobrecogedoras. Resulta que nuestros «cacharros» pesan ya 30 billones de toneladas, una masa de 50 kilos por cada metro cuadrado de la superficie terrestre. Y nuestras producciones son incluso más numerosas que las especies vivas. Produce escalofríos. ¿Puede caber todo eso en el «armario» del mundo?

El profesor Jan Zalasiewicz, uno de los autores del estudio, explica en la revista The Anthropocene Review que los seres humanos y las organizaciones humanas también forman parte de la tecnósfera, «aunque no siempre tenemos tanto control como pensamos, ya que la tecnósfera es un sistema, con su propia dinámica y flujos de energía, y los seres humanos tienen que ayudar a mantenerla en marcha para sobrevivir».

Muchos investigadores creen que vivimos en la época del Antropoceno, que se define por el impacto humano en el planeta, aunque hay un profundo debate sobre cuándo comenzó en realidad. Dentro de esta era tecnológica, «la tecnósfera es parcialmente parasitaria de la biosfera y está evolucionando con una rapidez extraordinaria», apunta Mark Williams, también autor del estudio. «En comparación con la biosfera, sin embargo, es muy pobre en el reciclaje de sus propios materiales, como muestran los crecientes vertederos».

Mil millones de «chismes»

Porque nuestros «chismes» acabarán por remodelar el planeta. Como explican los investigadores, se ha permitido la producción de una enorme variedad de objetos materiales, desde herramientas y monedas, bolígrafos, libros y CDs, a equipos más sofisticados y teléfonos inteligentes. Muchas de estas cosas, sepultadas en los estratos, podrán conservarse en un futuro lejano como tecnofósiles que ayudarán a caracterizar y datar el Antropoceno. 

Si estos tecnofósiles se clasificaran como los paleontólogos clasifican los fósiles normales -en función de su forma y textura- los investigadores sugieren que el número de tipos individuales de tecnofósiles probablemente llegue a mil millones o más, lo que supera el número de especies bióticas que ahora viven en el planeta. «La tecnósfera puede ser geológicamente joven, pero está evolucionando a una velocidad furiosa, y ya ha dejado una profunda huella en nuestro planeta», advierte Zalasiewicz. A este paso, el mundo podría ser tan horrible como el que muestra la película de Disney «WALL•E», pero la realidad tiene poco de agridulce ficción para niños.

Judith De Jorge Gama. ABC, Madrid, 01-12-2016

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A comienzos de siglo XVIII reinó en Prusia un hombre muy temperamental. Federico Guillermo tenía la costumbre de pasear sin escolta por las calles de Berlín. Cuentan que cuando encontraba alguien que le desagradara, lo que ocurría con frecuencia, no dudaba en golpearlo con su bastón. Por esa razón cuando la gente lo veía a lo lejos, prudentemente huía lo más rápido posible.

En cierta ocasión, como de costumbre, el rey avanzaba golpeando el suelo con su bastón. Un berlinés, tomado por sorpresa, tratando de huir del monarca, se ocultó en un portal. Ahí lo sorprendió Federico Guillermo, y lo increpó de inmediato:

- Eh, tú, ¿A dónde vas?

El pobre hombre, que temblaba de miedo, le indicó con la cabeza una la puerta.

- ¿Vives ahí?, lo interrogó.

El hombre hizo un gesto de negación.

- ¿Es la casa de un amigo tuyo? Volvió a preguntar.

- No, Majestad.

El rey lo miró con sospecha,

-Entonces, ¿por qué entras en ella?

El hombre tuvo miedo de que se le considerara como ladrón, así que confesó:

- Lo hacía para evitar encontrarme con su Majestad. Federico Guillermo lo miró extrañado.

- ¿Y por qué quieres evitarme?

Bajando la vista, decidió decirle la verdad:

- Porque tengo miedo de su Majestad.

Al escuchar esto, Federico Guillermo montó en una de sus famosas rabietas. Agarró al infeliz por el cuello, lo sacudió violentamente, y lo increpó:

- ¿Cómo te atreves a tener miedo de mí? ¡Soy tu rey, así que tienes que amarme! ¡Ámame, desgraciado! ¡Te ordeno que me ames!

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