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Las expectativas del nuevo Presidente del Episcopado chileno

Las expectativas del nuevo Presidente del Episcopado chileno

Las expectativas del nuevo Presidente del Episcopado chileno

Comunión, diálogo e inclusión, son los anhelos del nuevo Presidente de la Conferencia Episcopal de Chile, Mons. Santiago Silva Retamales, quien se presentó oficialmente en su cargo al cierre de la 112ª Asamblea Plenaria del Episcopado, este 11 de noviembre.

En su presentación Mons. Santiago Silva expresó en primer lugar “un anhelo creciente de comunión” al interior de la Iglesia “que sea signo para nuestra sociedad”.

Mientras podamos nosotros, los creyentes en Cristo, mostrar que la unidad es posible y que la variedad es una riqueza en esta comunión, podremos servir mejor a la unidad de la patria”, dijo el Obispo.

El segundo anhelo del también Obispo Castrense del país “es poder presentar, como ya se viene haciendo, un Evangelio de Jesucristo que toca a la persona, que tiene que ver con las dificultades de las personas. El mismo Jesús en Galilea así lo hacía al realizar milagros y sanar a la gente”.

En esa línea, abogó por “un diálogo muy intenso entre la fe y la cultura, mostrando por un lado que “la cultura no se entorpece con la fe” y por otro, que “la fe necesita de la cultura para poder reactivarse, readecuar sus lenguajes, siempre con el núcleo central puesto en la persona de Jesucristo”.

El tercer anhelo del Presidente de la CECh es “el de una patria siempre más inclusiva donde podamos ocuparnos de los que son más vulnerables”.

Hay gritos manifiestos que escuchamos en las calles, pero también hay muchos gritos silenciosos de gente que no aparece en las calles ni en las noticias, y necesita una atención enorme, necesita que nosotros les podamos ofrecer un país inclusivo, atento a sus necesidades. Y lo podemos hacer”, dijo Mons. Silva.

En declaraciones a ACI Prensa, Mons. Santiago Silva comentó que “siempre en estos nombramientos he tenido dos primeras impresiones: Sorpresa y miedo. Sin embargo, con el tiempo uno va descubriendo que este no es un trabajo de un individuo sino de un equipo, y eso ayuda un montón”.

Aquí se trata de un equipo de obispos que presta el servicio de coordinar a los otros obispos en la Conferencia Episcopal de Chile”, dijo Mons. Silva, quien agregó que en esta nueva etapa “ojalá que tengamos harto olor a oveja”.

Mons. Silva fue Obispo Auxiliar de Valparaíso entre 2002 y 2015. Fue también fundador y responsable del Centro Bíblico Pastoral para América Latina (CEBIPAL) del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM).

Sirvió como Secretario General de la CECh entre 2008 y 2011 y luego, con el mismo cargo, en el CELAM entre 2011 y 2015.

Bárbara Bustamante. ACI PRENSA, 11-11-2016

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A comienzos de siglo XVIII reinó en Prusia un hombre muy temperamental. Federico Guillermo tenía la costumbre de pasear sin escolta por las calles de Berlín. Cuentan que cuando encontraba alguien que le desagradara, lo que ocurría con frecuencia, no dudaba en golpearlo con su bastón. Por esa razón cuando la gente lo veía a lo lejos, prudentemente huía lo más rápido posible.

En cierta ocasión, como de costumbre, el rey avanzaba golpeando el suelo con su bastón. Un berlinés, tomado por sorpresa, tratando de huir del monarca, se ocultó en un portal. Ahí lo sorprendió Federico Guillermo, y lo increpó de inmediato:

- Eh, tú, ¿A dónde vas?

El pobre hombre, que temblaba de miedo, le indicó con la cabeza una la puerta.

- ¿Vives ahí?, lo interrogó.

El hombre hizo un gesto de negación.

- ¿Es la casa de un amigo tuyo? Volvió a preguntar.

- No, Majestad.

El rey lo miró con sospecha,

-Entonces, ¿por qué entras en ella?

El hombre tuvo miedo de que se le considerara como ladrón, así que confesó:

- Lo hacía para evitar encontrarme con su Majestad. Federico Guillermo lo miró extrañado.

- ¿Y por qué quieres evitarme?

Bajando la vista, decidió decirle la verdad:

- Porque tengo miedo de su Majestad.

Al escuchar esto, Federico Guillermo montó en una de sus famosas rabietas. Agarró al infeliz por el cuello, lo sacudió violentamente, y lo increpó:

- ¿Cómo te atreves a tener miedo de mí? ¡Soy tu rey, así que tienes que amarme! ¡Ámame, desgraciado! ¡Te ordeno que me ames!

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