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¿Quién le pone el nombre a los huracanes?

¿Quién le pone el nombre a los huracanes?

¿Quién le pone el nombre a los huracanes?

Matthew ha sido uno de los huracanes más poderosos del Atlántico. Foto: Nasa

Corresponde a una lista alfabética que se repite cada seis años, turnando entre nombres femeninos y masculinos. 

Si uno los enumera, parece más la lista de un grupo de personas que la de los últimos huracanes que han azotado las costas de la Tierra: Matthew, Katrina, Sandy o Nicole. Aunque algunos, como estos últimos, dejan una huella en la memoria de las personas y pasan a asociarse con la destrucción que va dejando su rastro, otros – como Alex, Fiona o Gastón- simplemente son olvidados y permanecen siendo eso, nombres.

Pero, ¿por qué los huracanes son llamados con nombres propios? ¿Quién decide nombrarlos así?

Aunque parece un bautizo arbitrario, los nombres que se le dan a los huracanes obedecen a una estratégica lista de clasificación que les permite a los científicos evitar confusión y, a las personas, relacionarlos de manera fácil.

Según explica el portal BBC, existe una lista de nombres para los ciclones tropicales del Atlántico que fue creada en 1953 por el Centro Nacional de Huracanes de Estados Unidos. Cada año los huracanes que se van formando son organizado en orden alfabético, sin incluir las letras Q, U, X, Y y Z, y se turna entre un nombre masculino y otro femenino.

Este año, por ejemplo, se empezó por Alex (masculino), Bonie (femenino), Colin, Danielle, Earl, Fiona, Gastón, Hermine, Ian, Julia, Karl, Lisa y Matthew. Pero debido a que este último es uno de los que más damnificados han dejado, es probable que sea el único que recordemos.

Como los nombres son finitos, a pesar de que se usan combinaciones en inglés, español y francés, cada seis años la misma lista vuelve ser utilizada por las autoridades meteorológicas. Razón por la que los nombres de huracanes que se mencionaron en el año 2010 se volvieron a repetir en el 2016.

Sin embargo, nombres como Katrina o Matthew, por el poder que tuvieron, nunca volverán a ser reciclados. Su impacto y seguimiento mediático termina por volverlos únicos en la historia de los ciclones. Es así como el nombre de Katrina, un huracán que dejó más de 2.000 muertos en Nueva Orleans en el 2005, fue borrado de la lista de expertos para pasar a ser Katia. Un pequeño ciclón del que nadie habló en el 2011, seis años después.

Entre los nombres femeninos y masculinos, explica BBC, hay varias diferencias. Los primeros, por ejemplo, tuvieron mayor auge durante la Segunda Guerra Mundial, cuando los meteorólogos del ejército estadunidense los nombraban igual que sus esposas o madres. Mientras los segundos, masculinos, se añadieron a las listas oficiales en 1970 para evitar un desequilibrio de género.

Lo curioso es que ponerle “género” a un huracán sí terminó por afectar cómo la gente lo veía. Según un estudio que realizó la Universidad de Illinois, Estados Unidos, los ciclones “femeninos” dejaban mayor número de muertes que los masculinos. Y aunque su conclusión es muy debatible, los científicos otorgaron la razón de estas estadísticas a que cuando el huracán lleva un nombre de mujer las personas lo toman como un fenómeno menos serio y, por ende, se preparan menos.  

Ante esto, el Centro Nacional de Huracanes de Estados Unidos prefirió no enfocarse en nimiedades y, en cambio, siguió trabajando para alertar sobre la fuerza con la que los huracanes pueden golpear las costas, sin importar si son Matthew o Danielle.

EL ESPECTADOR, Colombia

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Hacia 1770, la moda de las pelucas empolvadas de la aristocracia francesa e inglesa habían alcanzado tal magnitud, que las pelucas podían alcanzar 1,2 metros de alto, y se decoraban hasta con pájaros embalsamados, réplicas de jardines, platos de fruta o barcos a escala.

La falta de higiene (no se las quitaban por semanas o meses) y el volumen de estas pelucas ocasionaba que no sólo piojos y pulgas las infestaran, sino que hasta pequeños ratones hicieran de ellas su hogar.

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Cuando los conquistadores ingleses llegaron a Australia se asombraron al ver unos extraños animales que daban saltos increíbles.

Inmediatamente llamaron a uno nativos e intentaron preguntarles mediante señas qué era eso.

Al notar que siempre decían “Kan Ghu Ru” adoptaron el vocablo inglés “kangaroo” (canguro). Los lingüistas determinaron tiempo después que los indígenas querían decir “No le entiendo”.

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