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Miedo, locura y suicidio: explorando la salud de Van Gogh

Miedo, locura y suicidio: explorando la salud de Van Gogh

Miedo, locura y suicidio: explorando la salud de Van Gogh
septiembre 22

El artista holandés Vincent van Gogh tenía un trastorno bipolar o un síndrome de personalidad limítrofe, pero sin duda fue una mezcla de factores la que lo llevó a cortarse una oreja y a suicidarse, ha dicho este viernes un investigador.

“Hemos llegado a la conclusión de que es imposible sacar una conclusión definitiva sobre su enfermedad”, ha explicado Louis van Tilborgh, investigador del conocido museo Van Gogh de Amsterdam.

Van Tilborgh ha dirigido esta semana una serie de debates durante dos días que han reunido a investigadores y médicos, varios de ellos psiquiatras, con motivo de la última exposición del museo titulada “Al límite de la locura”, que explora la salud mental del artista.

Los expertos han buscado pistas para encontrar un diagnóstico médico que explique por qué se suicidó Van Gogh el 27 de julio de 1890, en la localidad francesa de Auvers sur Oise, cerca de París, con 37 años.

“Antes del episodio de la oreja, posiblemente ya sufría de una personalidad limítrofe o de un trastorno bipolar”, ha dicho a la AFP Van Tilborgh. Para los expertos fue más bien una combinación de factores lo que desencadenó la psicosis, como el consumo excesivo de alcohol, especialmente de absenta, sus malos hábitos alimenticios y el deterioro de su relación con el pintor post impresionista Paul Gauguin, a quien Van Gogh adoraba.

Después Van Gogh se seccionó la oreja en diciembre de 1888, justo cuando terminó su amistad con Gauguin. Entonces los episodios se volvieron más frecuentes, ha contado Van Tilborgh.

“Volvió a trabajar, pero desarrolló un fuerte miedo a que estos episodios volvieran y su miedo se acrecentó después de cada crisis”, ha dicho. “Su miedo probablemente lo llevó a suicidarse dos años después”.

EL MUNDO, España

 

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A comienzos de siglo XVIII reinó en Prusia un hombre muy temperamental. Federico Guillermo tenía la costumbre de pasear sin escolta por las calles de Berlín. Cuentan que cuando encontraba alguien que le desagradara, lo que ocurría con frecuencia, no dudaba en golpearlo con su bastón. Por esa razón cuando la gente lo veía a lo lejos, prudentemente huía lo más rápido posible.

En cierta ocasión, como de costumbre, el rey avanzaba golpeando el suelo con su bastón. Un berlinés, tomado por sorpresa, tratando de huir del monarca, se ocultó en un portal. Ahí lo sorprendió Federico Guillermo, y lo increpó de inmediato:

- Eh, tú, ¿A dónde vas?

El pobre hombre, que temblaba de miedo, le indicó con la cabeza una la puerta.

- ¿Vives ahí?, lo interrogó.

El hombre hizo un gesto de negación.

- ¿Es la casa de un amigo tuyo? Volvió a preguntar.

- No, Majestad.

El rey lo miró con sospecha,

-Entonces, ¿por qué entras en ella?

El hombre tuvo miedo de que se le considerara como ladrón, así que confesó:

- Lo hacía para evitar encontrarme con su Majestad. Federico Guillermo lo miró extrañado.

- ¿Y por qué quieres evitarme?

Bajando la vista, decidió decirle la verdad:

- Porque tengo miedo de su Majestad.

Al escuchar esto, Federico Guillermo montó en una de sus famosas rabietas. Agarró al infeliz por el cuello, lo sacudió violentamente, y lo increpó:

- ¿Cómo te atreves a tener miedo de mí? ¡Soy tu rey, así que tienes que amarme! ¡Ámame, desgraciado! ¡Te ordeno que me ames!

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