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¿Qué esperar de Hillary Clinton en la Presidencia?

¿Qué esperar de Hillary Clinton en la Presidencia?

¿Qué esperar de Hillary Clinton en la Presidencia?

Dejemos pues las primarias y tratemos de ver el futuro, si fuere posible; hoy no tengo duda de que la señora derrotará a Trump.

Las primarias en Estados Unidos han llegado, para todo fin práctico, a su fin; los resultados no fueron los esperados, al menos en el Partido Republicano. Nuestros expertos en Estados Unidos –específicamente de su sistema electoral–, nos vendieron sus sesudos análisis que valieron, como decimos, puro gorro y hoy, Trump se medirá en la elección por la Presidencia de aquel país con Hillary Clinton.

Dejemos pues las primarias; tratemos de ver el futuro, si fuere posible; hoy, no tengo duda que la señora derrotará a Trump. Por ello, lo invito a usted a que imaginemos lo que le espera a México, con ella al frente de la Presidencia.

De entrada, hay que decirlo, nunca hemos sido los favoritos de Hillary Clinton; por su tendencia al proteccionismo y la demagogia y populismo propios de los demócratas, diría que es alguien que no nos ve bien, cualquier cosa que esto pudiere significar en cuanto a las medidas –abiertas o encubiertas–, que todo Presidente de Estados Unidos podría tomar, para lograr que el gobernante mexicano acepte y siga las políticas de aquel gobierno.

En esas condiciones, y si usted aceptare mis afirmaciones anteriores, le preguntaría: ¿Qué esperar de Hillary Clinton, de concretarse su triunfo este noviembre en la elección presidencial? Para ponerlo con las palabras que solemos usar con cada nuevo Presidente de Estados Unidos, ¿cómo nos iría con ella? ¿Qué esperar de su gobernación?

La primera respuesta, incluso diría que obligada, es que nada bueno habría que esperar, si se piensa que va a aprobar la gobernación que nuestra clase política practica en los tiempos que corren.

La llegada de una embajadora de la calidad, prestigio y conocimiento de la realidad mexicana de la señora Jacobson, garantiza presiones –a veces encubiertas y en no pocas ocasiones, abiertas–, en temas críticos como el respeto a los derechos humanos, el combate a la delincuencia –organizada o no– y la inseguridad pública y violencia sin control que, además de dañar a la población y las instituciones, destruye o impide crear un ambiente propicio para la inversión y la creación de fuentes de empleo por parte de los inversionistas de Estados Unidos, y de otros países.

La interdependencia con la vida económica y política de Estados Unidos, podría cobrar un nuevo impulso, siempre bajo las reglas establecidas por Estados Unidos y Canadá. Dejemos de hacernos ilusiones con esa idea decimonónica que tenemos del concepto de soberanía; tomemos en cuenta sin olvidar, que estamos en el siglo XXI y enfrentamos, todos, amenazas que todavía hace unos cuantos años eran impensables.

La colaboración que veremos entre agencias de inteligencia y las fuerzas armadas con sus pares de Estados Unidos, se fortalecerían; esto nos obligaría a cumplir con reglas y requisitos en materia de confianza y honradez y transparencia, que muchos de nuestros altos cuadros en esos campos, muy difícilmente podrán satisfacer.

Con la señora Clinton al frente del gobierno de Estados Unidos –diría Gil Gamés–, no hay tu tía. Para decirlo en términos rancheros, o cabresteamos, o nos ahorcamos.

La parte que sin duda acarreará más y mayores roces será, sin duda, la económica. El gen de los demócratas así lo deja ver; más aún, con la campaña desfasada históricamente más de un siglo, del senador Sanders.

En resumen, poco y no muy bueno es lo que debemos esperar de la señora Clinton. ¿Piensa usted que me equivoco? Es probable; luego entonces, ¿qué piensa al respecto?

Columna de Ángel Verdugo. Excelsior, México, 10-06-2016

 

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Mientras estaba de visita en el Congreso Nacional, fue informado del enfrentamiento entre huelguistas y la policía, y en vez de preocuparse por el asunto se limitó a preguntar:

-¿Y quién va ganando?

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En otra ocasión removió a un gobernador provincial por no cumplir cabalmente con sus deberes. El funcionario le envió un telegrama diciendo:

-Las sociedades obreras y las personas más importantes me piden que me quede.

-No les haga caso, contestó el Presidente

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