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Las coronas de María Luisa Browne

Las coronas de María Luisa Browne

Las coronas de María Luisa Browne
junio 09

Llovía como casi nunca, pero cómo me valió la pena llegar hasta esa sala larga, larguísima, blanca, blanquísima de la Corporación Cultural de Las Condes y encontrarla, literalmente, coronada con la obra de María Luisa Browne.

Eso de “coronada” no es un recurso rebuscado ni menos cursilón, porque lo que la artista nos presenta son precisamente coronas esculpidas no en oro ni en otros materiales preciosos sino en fierro y en acero. Juega con cubiertos en desuso, clavos desechados, engranajes también en desuso y llaves tan antiguas que un día permitieron ingresar a la intimidad de los hogares de otros siglos.

No se me ocurriría aquí hacer una crítica de arte por la sencilla razón que no soy crítica de arte y no me atrevo a incursionar en un campo que no es el mío. Sólo puedo decir que esta exposición para mí tiene un encanto especial, quizás por su originalidad, quizás por su fuerza o, tal vez, por lo sugerente que me resultan esas soldaduras forjadas a veces con ira y otras, incluso, con sentido del humor.

El resultado es singular, como singular es esta artista.

La periodista Marta Sánchez, al presentarla, reveló que había visto a María Luisa Browne en el campo recogiendo clavos oxidados y otras curiosidades metálicas, y que ahora los veía transformados en “provocativas coronas, cargadas de creatividad, belleza, significado y, me parece, bastante ironía”.

Explicó que esa misma fiebre recolectora la había acompañado en Londres, donde, en vez de tiendas, recorrió ferias de anticuarios para acumular un tesoro de llaves viejas y otros efectos, que le provocaron un traspié en la aduana: además de despertar la curiosidad de los agentes, la multaron con ¡500 dólares de sobrepeso! Ante su desolación, se los pagó el marido, el arquitecto Raúl Irarrázabal, que ha sido su gran apoyo en esta exposición”.

María Luisa le confió a la presentadora que le gustaba soldar por aquello de “manejar un material indomable, destruir y moldear el fierro”.

Desde chica, en el campo, observaba cómo se reparaban los tractores, cómo funcionaban los engranajes. Y descubrió que su abuelo había tenido un taller para soldar en su casa.

En 1999 recibió la licenciatura en arte en la Universidad Católica y, a petición de su madre, se tituló de profesora de Artes Plásticas al año siguiente. Hoy es profesora del colegio Los Alerces.

Su proyecto de título sería relacionado con el fierro.

browne

¿Por qué espadas y coronas? Porque, confiesa desde su apariencia frágil, le gusta “trabajar con símbolos de poder”.

Cotizó máquinas soldadoras en las ferreterías, compraba cientos de cubiertos porque los tenedores se le derretían y, al menor toque errado de la soldadura, las coronas se desarmaban. Tuvo que ir poco a poco depurando la técnica.

Esta exposición es el resultado de cinco años de trabajo con una pausa: el nacimiento de María Gracia, la última de sus cinco hijos.

La propia artista ha explicado: “La vida de cada persona está rodeada de objetos utilitarios y funcionales. Un conjunto de máquinas, aparatos, cosas, va llenado lo cotidiano, el ámbito de lo próximo. Ellos penetran el mundo diario. Cada objeto tiene una tarea que cumplir, están hechos para algo”.

Y agrega: “El mundo de la técnica puede encadenarnos, convertirnos en sus servidores. Sin embargo, tomándolo como punto de partida, podemos convocarlo a una realidad superior, dejarlo ser con su propia dignidad y también transportarlo más allá, conducirlo a otro plano. Uno de mayor altura y simbolismo, donde se supera el objeto utilitario, despojándolo de su función práctica, para darle una proyección más libre y soñadora”.

Esta última frase quizás nos da una lección y, ante la interrogante de “¿para qué puede servir un clavo aherrojado?”, ya podemos contestar que “para forjar coronas”.

L.C. E.

 

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