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Guía kitsch de Barcelona

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junio 02

Un libro del Ayuntamiento desmitifica símbolos y señas de la ciudad

Esta obra de la plaza George Orwell, dice el libro, es una “monstruosidad” que desoyó las instrucciones del autor, el escultor Leandre Cristòfol (Àlex Garcia)

El Ayuntamiento ha editado un libro que cosechará una legión de partidarios y detractores. Kitsch Barcelona descubre “todo lo que tiene la ciudad de estereotipada, comercial, fetichista, decorativa, azucarada y banal”. La autora es la doctora Anna Pujadas, profesora de Historia y Teoría del Diseño en la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB).

Muchas personas todavía asocian el término kitsch, de origen alemán y admitido por la Real Academia Española, al mal gusto y la falta de valor estético. Anna Pujadas –que ha contado con la ayuda de antropólogos, arquitectos y profesores, entre otros expertos, incluso cocineros– defiende que kitsch no tiene por qué ser sinónimo de feo u obsoleto.

La obra, sin embargo, atesora epítetos como “barroco de churrería”, “caricatura colosal”, “monstruosidad” o “quintaesencia de la vulgaridad”. Por el libro desfilan más de cien monumentos, comercios, símbolos y señas de identidad urbanas, como las luces de Navidad, Sant Jordi o Copito de Nieve, convertido en arte pop gracias a los peluches y las tarjetas postales. Las críticas son entrañables, como en el caso del bar Pastís y el Quijote del metro de Diagonal. O no tanto, como en el monumento a Pau Casals que hay cerca del Turó Park y el hotel W de Bofill. No es una enumeración cerrada ni objetiva porque “una cosa jamás es kitsch en sí misma, sólo es vista así por alguien”.

Los lectores estarán de acuerdo o no y echarán en falta otras propuestas, aunque lo que hoy es kitsch puede no serlo mañana, y a la inversa. Algunos artistas reciben de lo lindo, como el escultor Fenosa o el arquitecto Jujol. De una de las obras de Fortuny, la monumental La batalla de Tetuán del MNAC, el crítico canadiense Jeffrey Swartz dice: “El cuadro más indiferente jamás pintado por un catalán”. Joan Minguet, del departamento de Arte de la UAB, asegura que Mariscal (La Gamba, del paseo Colom, sale en la lista) “no tiene ninguna fuerza transformadora”. Sí la tiene Óscar Tusquets, capaz de convertir “una pieza hortera en arte”, subraya el diseñador Daniel Vila.

Pero si alguien merece un capítulo aparte es Josep Maria Subirachs y su trabajo en la fachada de la Passió de la Sagrada Família. “Barcelona es la ciudad del kitsch porque todo es ficción, pero la Sagrada Família es lo más rotundamente kitsch, sobre todo la intervención de Subirachs”, afirma el crítico J.F. Yvars. Parecida opinión expresa la historiadora del Arte Martina Millà sobre los arquitectos y los escultores que han continuado la obra de Gaudí. Otros autores de este libro coral, valiente y provocador hablan de “la disneyzación del mundo antes de Disney”, como pasa en el barrio del Born, según Eduard Cairol, doctor en Filosofía y profesor de la Universitat Pompeu Fabra.

Kitsch Barcelona analiza monumentos inefables, como el Cap de Barcelona, de Roy Lichtenstein, al final de la Via Laietana, o la escultura de la plaza George Orwell, de la que su autor sólo dejó una maqueta que se “transfirió a una escala inadecuada y con un material equivocado”. La obra también radiografía recreaciones como el Poble Espanyol y el puente neogótico (construido en el siglo XX) que une la Generalitat y la Casa dels Canonges. O los bazares orientales y el exhibicionismo impúdico de “especuladores y mafiosos”, con casas “que parecen transatlánticos”.

Lo kitsch es impostura más que imitación, un deseo de convencer de una originalidad que no va más allá de “una copia epidérmica”. ¿Un ejemplo? Los rascacielos del Fòrum, un postizo comparable a esos locales con ornamentos rurales y “sin ningún contacto con el mundo del campo”. O a esos bares, tiendas, restaurantes y hoteles modernos redecorados con espejos envejecidos y maderas gastadas para aparentar más historia de la que realmente tienen. El arquitecto Josep Bohigas pone el dedo en la llaga: “¿Es esto lo que queremos o lo que creemos que quieren los turistas?”.

Figura parecida al Rey León, retirada de la Sagrada familia (Joan Nicolau)

kitsch

El ‘Rey León’ de la Sagrada Família

Gaudí ocupa muchas páginas en Kitsch Barcelona, aunque el libro no cita una de las estatuas más curiosas de la Sagrada Família: un Rey León concebido por Subirachs, pero ejecutado –a decir de algunos, en sentido literal– por un alumno. La obra adornó la fachada de la Passió entre junio y septiembre del 2015 hasta que la dirección del templo la retiró por motivos estéticos. El emplazamiento sigue vacío hoy.

La Vanguardia, Barcelona, 29-05-2016

 

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Humor

Durante un viaje en avión a Chicago, un amigo del multimillonario Philip Knight Wrigley (1894-1977) le preguntó que por qué seguía publicitando los chicles que fabricaba su empresa si esta ya era la más exitosa en todo el mundo. Wrigley le respondió:

—Por la misma razón que el piloto de este avión deja los motores en marcha cuando ya estamos en el aire.

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El rey español Felipe IV (1605-1665) le pidió al escritor Francisco de Quevedo (1580-1645) que improvisara una cuarteta.

—Dadme pie —le dijo Quevedo.

El rey, creyendo hacer una gracia, le alargó la pierna. Pero el escritor, que siempre fue de respuesta rápida e ingenio agudo, lejos de darse por vencido, improvisó, como le habían pedido, la siguiente cuarteta:

—En semejante postura / dais a entender, señor, / que yo soy el herrador / y vos la cabalgadura.

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