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La ciencia desvela el secreto de los “barcos de juguete”

La ciencia desvela el secreto de los “barcos de juguete”

La ciencia desvela el secreto de los “barcos de juguete”
mayo 26

En las guerras mundiales se usó un extraño camuflaje que en teoría dificultaba al enemigo acertar con sus disparos. Un estudio publicado hoy demuestra que las rayas pueden hacer que un objeto parezca moverse más rápido

Dominaron los mares durante la Primera Guerra Mundial y luego desaparecieron. En una época en la que los sistemas de radar y control de tiro aún no habían sustituido del todo al ojo humano, varias naciones camuflaron sus barcos con los patrones más extraños para engañar a los artilleros. Era su forma de evitar los cañonazos enemigos y de no acabar en el fondo.

El camuflaje basado en la pintura normal y corriente desapareció, y hoy en día se investiga en alternativas que engañen al radar y en sistemas de invisibilidad. Pero el «camuflaje de toda la vida» aún no ha dicho su última palabra. En un estudio presentado hoy en PLOS ONE, los investigadores han demostrado que los patrones de rayas del camuflaje tienen una enorme capacidad de alterar la percepción del observador. Y que eso se puede aprovechar hoy en día.

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Ilustración de 1922 mostrando la efectividad del camuflaje distorsionador bajo la observación de un periscopio enemigo. ENCYCLOPAEDIA BRITANNICA

«Nuestros experimentos nos han dado una prueba preliminar de que este camuflaje puede ser aprovechado», ha explicado Joanna Hall, investigadora en la Universidad de Bristol y en el «CamoLab», un grupo de científicos que trabajan en los camuflajes que aparecen en la naturaleza.

En esta ocasión, los investigadores han confirmado que los patrones distorsionadores que están colocados en la dirección del movimiento de un objeto, tienen la capacidad de alterar la percepción de velocidad de un posible observador. «Nuestro estudio proporciona la primera prueba de que un patrón de rayas en movimiento en un objeto en movimiento puede aumentar o disminuir la velocidad percibida de una forma predecible y confiable», ha añadido Hall.

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USS «West Mahomet» (1918) USS «West Mahomet» (1918)- WIKIMEDIA COMMONS

En concreto, los investigadores han averiguado que en un cuerpo del tamaño de un Land Rover situado a 70 metros de distancia y que se moviera a 88 kilómetros por hora causaría un error de posición de dos metros. En el caso de un barco de guerra que estuviera a varios kilómetros de distancia y que se moviera a toda máquina sería más que suficiente para evitar un impacto.

Después de aplicar complejos modelos matemáticos, los investigadores también descubrieron que si el patrón se dibuja en la dirección contraria a la del movimiento, parece moverse más despacio.

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Portaaviones HMS Furious (1918) – WIKIMEDIA COMMONS

Pero hay una vuelta de tuerca más. Cuando ese patrón de rayas se mueve sobre una superficie, incrementa aún más su efecto distorsionador. Quizás las rayas de las cebras son estáticas, pero algunos animales, como las sepias, pueden crear rayas que se mueven sobre su piel.

«Este camuflaje podría ser aplicado a cualquier objeto en el que fuera interesante camuflar la velocidad. Una potencial aplicación militar, podría ser la de camuflar vehículos que estuvieran en riesgo de sufrir un ataque con proyectiels», ha propuesto Joanna Hall.

Tal como escriben en la página web de «CamoLab», el camuflaje es una estrategia básica para la supervivencia de muchas especies y al mismo tiempo una clave para entender cómo funciona la percepción visual. Por eso, estudiarlo es básico para entender la evolución y la ecología, y también muy interesante para procesar imágenes o acercarse a la visión artificial.

 

El camuflaje en barcos de guerra

En la guerra también puede resultar interesante. Mucho antes de que los científicos del «CamoLab» lo investigaran, el zoólogo John Graham Kerr sugirió a la Marina Británica usar un patrón de pintura en el que líneas de varios colores se interrumpieran y generasen un efecto geométrico y distorsionador. En una carta al Primer Lord del Almirantazgo, Winston Churchill, Kerr justificó usar este patrón que él había observado ya en animales como cebras, jirafas y jaguares. El artista Norman Wilkinson fue el encargado de llevar esta idea a la práctica. Nació así el camuflaje distorsionador.

A diferencia de los patrones basados en colores oscuros, que podían ayudar a una nave a ocultar su presencia en mitad del mar, el objetivo de este camuflaje era engañar al enemigo y dificultar su tarea de estimar la distancia al blanco, su velocidad y su rumbo durante un combate naval

Esta curiosa medida fue adoptada por el Almirantazgo Británico y por la Armada de Estados Unidos primero, y por otras potencias rivales después. Tal fue su aceptación, que se llegó a usar más de 20 años después, en la Segunda Guerra Mundial. Aunque los estudios que se hicieron al respecto no aclararon si este camuflaje era efectivo, quizás casi un siglo después se ha obtenido una prueba de que sí lo era.

Gonzalo López Sánchez. ABC, España, 19-05-2016

 

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Hacia 1770, la moda de las pelucas empolvadas de la aristocracia francesa e inglesa habían alcanzado tal magnitud, que las pelucas podían alcanzar 1,2 metros de alto, y se decoraban hasta con pájaros embalsamados, réplicas de jardines, platos de fruta o barcos a escala.

La falta de higiene (no se las quitaban por semanas o meses) y el volumen de estas pelucas ocasionaba que no sólo piojos y pulgas las infestaran, sino que hasta pequeños ratones hicieran de ellas su hogar.

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Cuando los conquistadores ingleses llegaron a Australia se asombraron al ver unos extraños animales que daban saltos increíbles.

Inmediatamente llamaron a uno nativos e intentaron preguntarles mediante señas qué era eso.

Al notar que siempre decían “Kan Ghu Ru” adoptaron el vocablo inglés “kangaroo” (canguro). Los lingüistas determinaron tiempo después que los indígenas querían decir “No le entiendo”.

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