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Una historia de Chile “jamás contada”

Una historia de Chile “jamás contada”

Una historia de Chile “jamás contada”
mayo 12

Bernardino Bravo Lira, Premio Nacional de Historia, publica una síntesis de su mirada atípica sobre la historia del Chile republicano, fruto de décadas de estudio y lecturas con un enfoque interdisciplinario, centrado en el derecho.

Bernardino Bravo Lira es un historiador atípico. Como profesor de historia del derecho en la Universidad de Chile, se ha caracterizado por llevar a cabo una mirada interdisciplinaria al pasado de nuestro país que no deja de ser provocadora, pues rompe con la cronología convencional establecida por nuestros historiadores más reputados, y fija una nueva, pensando en la continuidad -más que en la ruptura- del imperio español y el nacimiento de la repúblicas hispanoamericanas, sobre todo en materia institucional. En ello, Bravo afirma, no hace más que seguir a Mario Góngora, muy respetado por todos, pero que “nadie lee”.

Premio Nacional de Historia en 2010 y miembro de la Academia de la Historia, Bravo es autor de múltiples estudios sobre historia política e institucional de Chile. El libro que ahora ve la luz por ediciones Origo, “Una historia jamás contada, Chile 1811-2011. Cómo salió dos veces adelante” es, de alguna forma, una síntesis apretada de sus trabajos de historia anteriores.

-¿En qué sentido será esta una “historia jamás contada”?

“Bajo este título publiqué hace algunos años un estudio que muestra que el Congreso de Chile es el de más larga vida en el mundo hispánico. Ahora se vuelve al vuelco histórico que experimenta Chile entre 1811 y 2011 y que hasta ahora está por estudiarse. Apenas nos hemos dado cuenta de su alcance. Se trata nada menos que del paso del Chile del Estado y la minoría ilustrada al nuevo Chile de multitudes; es decir, desde el Chile de la modernización inducida desde arriba al despegue desde abajo”.

“Desde la década de 1980 es clara la ruptura con el ideal ilustrado de modernización desde arriba, que en términos generales se remonta a Manso de Velasco en el siglo XVIII y subsiste hasta Allende en el siglo XX. Lo que llama la atención de los estudiosos es que el despegue viene desde abajo, es obra de los propios interesados, quienes se autoorganizan y autorregulan para hacer valer sus intereses. En consecuencia, relega a segundo plano al Chile de la eterna crisis (1925-1973), de ricos y pobres, atomizado y manejado desde arriba por los partidos, y, por tanto, acostumbrados a esperar que le resuelvan desde fuera sus problemas”.

“Este cambio de escenario repercute sobre los partidos, las elecciones y el Parlamento. La Constitución viva, como la llama Bello, desplaza a la de papel que, según precisa el mismo Bello, flota un momento en el agua y luego se hunde”.

“A partir de ahora entra en juego otro factor, la presión diferenciada por sectores y actividades de la población, que no quiere que le impongan la ley general sino que se les reconozca su ley propia. Sin entrar en mayores precisiones, no hay que trivializar este vuelco que pone fin a dos siglos y medio de igualdad impuesta desde arriba; el Chile de multitudes es algo vivo que se abre paso por sí mismo, la antítesis de las grandes planificaciones globales con que culminó la eterna crisis y también la llamada ingeniería política de la época”.

-¿En qué plano sitúa su aporte? ¿Historia de tesis? ¿Ensayo histórico?…

“La necesidad de revisar la consabida periodificación conquista-colonia-independencia fue planteada hace medio siglo por Mario Góngora. No es cuestión mía. Pero como en Chile nadie lee, según decía Bello y para colmo muchos historiadores prescinden del estado de la cuestión, todavía la cosa sigue pendiente. Personalmente me limito a seguir la línea señalada por Góngora”.

“Esta revisión se apoya ampliamente en los epistolarios disponibles, como el de Portales (más de quinientas cartas), el de Bello (más de un centenar, a las que se añaden los documentos oficiales y artículos publicados por él), el de Valdivieso y el de Montt (más de mil, recopiladas recientemente por García Huidobro).

-Usted propone una nueva periodificación de la historia de Chile (Modernización o Ilustración 1750-1925; Eterna crisis y decadentismo 1925-1973; y el despegue 1973 en adelante). ¿Cuál es la justificación?

“Las etapas conforme a las cuales se ordena la exposición atienden a los hechos, no a tesis o ideas preconcebidas. Por eso toma muy en cuenta las manifestaciones artísticas de la época, no en vano decía Ruskin que la arquitectura -a diferencia de los documentos- es un testigo que no miente”.

“Esquemáticamente, Góngora habla de una época fundacional, desde Pedro Valdivia hasta Oñez de Loyola; otra de consolidación, yo diría más bien del Barroco, desde Felipe III a Manso de Velasco, iniciador de la política fundacional. En tercer lugar, la época de la Ilustración que se desdobla en dos fases: por una parte monarquía ilustrada y crisis de la Independencia y por otra república ilustrada y su desmantelamiento. A continuación, a modo de epílogo está la eterna crisis que deja paso al despegue”.

-¿Qué papel histórico juega Portales en esta nueva periodificación?

“A estas alturas lo relevante de Portales son dos cosas: la primera es su personalidad, digna del mejor novelista que haría la delicia de Guizot. La segunda es su obra, paradójicamente tanto o más incomprendida que la del propio Bello, ya que como es sabido los grandes hombres coinciden en la cumbre”.

“Dicho en pocas palabras, a Portales le bastaron 16 meses en el gobierno para recomponer políticamente al país en términos que subsistieron hasta 1924. Lo más arduo fue restablecer la subordinación del ejército al gobierno, proeza que nunca se ha vuelto a conseguir en el mundo hispánico. Aunque cayó asesinado por un motín, desde que llegó al poder en 1831 ningún gobernante fue derribado por la fuerza hasta 1924. No menos duradero fue el reemplazo del Presidente sujeto al derecho de la monarquía por un Presidente monocrático, garante de las instituciones de la república y el restablecimiento de la colaboración entre la Iglesia y el Estado. Por último, regularizó hasta 1924 el funcionamiento de dos instituciones nunca vistas ni en pintura en Chile: las elecciones y un Congreso permanente”.

“Portales tuvo la fortuna incomparable de encontrar en Bello otro hombre que compartía con él la visión de la república ilustrada y además supo rodearse y formar hombres que llevaron adelante su obra, no le faltaron ni Bello -un verdadero otro yo- ni generaciones de servidores públicos como Montt, Valdivieso y demás”.

-Usted habla de la deriva constitucionalista que afecta a los países de Hispanoamérica, que tiene su origen en haber desechado la “Constitución indiscutida”. ¿Cuál es esa? ¿Qué pasó en 1811?

“Es vox populi el drama de las 200 constituciones escritas de los países hispánicos y de sus innumerables gobernantes que, cuando no se eternizan, se suceden uno en pos de otro y en algunos países con una frecuencia mayor a uno por año. La proliferación de constituciones escritas corre a parejas con la de los dictadores. Ninguno que se respete deja de hacer una o más constituciones, como Carrera y O’Higgins en Chile. Aunque no se diga, con este tipo de documentos se pretende llenar el vacío que dejó la monarquía”.

“Este problema hay que mirarlo de frente y enfrentarlo como Dios manda. Muy pocos se atreven a hablar de esto, como el peruano nacido en Valparaíso García Calderón, quien ya en 1913 explicó que la Constitución maniata al gobernante. Entonces, una de dos: o se la salta y hace un gobierno como Dios manda, o se atiene a ella y lo derriban por ineficiente. Al respecto, Bello hábilmente señala la conveniencia de amoldar la Constitución escrita a la Constitución viva y desde luego de perfeccionar nuestra Constitución sin cortar la continuidad de la vida política”.

“En cuanto a la Constitución indiscutida de Chile, merece tratamiento aparte. Como todos los chilenos debieran saber, su núcleo fundamental se configuró originalmente sobre la dualidad de repúblicas, de españoles (comunal) y de naturales, ambas se entienden directamente con el rey y conviven en el ámbito territorial tanto de la gobernación como del obispado. Esta Constitución llega a su madurez a comienzos del siglo XVII, con el ejército permanente (1601) que subsiste hasta hoy; la Real Audiencia (1609), que dejó de funcionar en 1811, y el Presidente-gobernador-capitán general que subsiste hasta hoy reducido a gobernante. La clave de la Constitución es el binomio Audiencia-Presidente. La Audiencia tiene como principal cometido proteger a las personas contra los abusos del gobierno. Además, en materia de gobierno debe ser consultada por el Presidente, a quien pertenece privativamente el mando político y militar”.

“Ahora bien, esta Constitución experimenta una reforma decisiva a comienzos del siglo XVIII. Bajo el signo de la Ilustración se extiende la acción estatal más allá de la justicia, a la felicidad pública o administración”.

“En suma, la Constitución de Chile tiene un núcleo permanente que se mantiene y renueva a lo largo de los siglos hasta hoy por encima de las sucesivas constituciones de papel que pasan unas tras otras. Actualmente estas constituciones escritas, según decía Boeninger, “no pasan de ser un hecho que se espera reformar”.

Daniel Swinburn. El Mercurio, 08-05-2016

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