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La operación secreta en la que Stalin sacrificó a 77.000 soldados para «distraer» al enemigo

La operación secreta en la que Stalin sacrificó a 77.000 soldados para «distraer» al enemigo

La operación secreta en la que Stalin sacrificó a 77.000 soldados para «distraer» al enemigo
mayo 05

El historiador Max Hastings publica «La Guerra Secreta. 1939-1945», una investigación en la que analiza la importancia de los servicios de inteligencia en la Segunda Guerra Mundial

La imagen que han dado las novelas de los servicios de inteligencia de la Segunda Guerra Mundial es la de unas organizaciones capaces de hacer temblar los cimientos del poder. Sin embargo, la realidad es que, aunque fueron determinantes durante la contienda, su eficacia siempre estuvo supeditada al uso que los líderes de las grandes potencias hicieran de ellas. Esta es una de las conclusiones a las que ha llegado el historiador británico

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Max Hastings en su nueva obra, «La guerra secreta. Espías, códigos y guerrillas. 1939-1945» (Crítica). Una investigación en la que analiza la importancia real que el espionaje tuvo en la guerra.

A pesar de que en la obra explica pormenorizadamente la repercusión de cada uno de los servicios de inteligencia que participaron en la guerra, Hastings (antiguo director del «Daily Telegraph» y el «Evening Standard») dedica una buena parte de su libro a arrojar luz sobre la turbulenta relación de Stalin con los servicios secretos de la URSS. El historiador afirma, concretamente, que el soviético era un paranoico que únicamente hacía caso de sus espías cuando le informaban de la existencia de algún complot contra su persona.

A su vez, el británico dedica un capítulo a analizar la «Operación Marte». En esta cruel misión -una carga suicida sucedida en noviembre de 1942- el líder soviético obligó a 77.000 soldados a sacrificarse para distraer a los nazis. Su objetivo era que el Ejército Rojo aislado en Stalingrado pudiese hacer un movimiento de pinza y atacar por la retaguardia a los alemanes cuando estos se hubiesen desplazado para repeler a las fuerzas de «Marte». Fue una masacre y, curiosamente, se llevó a cabo con la colaboración de un agente doble ruso, «Max». Este ofreció -por orden de Stalin- todos los datos sobre las maniobras a los germanos para que enviasen a todas las unidades que pudiesen hasta la zona y se aflojase la presión sobre la ciudad.

1-¿Cuál fue la importancia real de los servicios de inteligencia durante la IIGM?

Los servicios de inteligencia fueron muy importantes durante la guerra en muchos aspectos. A los británicos, por ejemplo, les permitieron localizar multitud de submarinos nazis en el Atlántico. Los americanos, por su parte, pudieron saber gracias a ellos que los japoneses se dirigían a Midway en 1942.

Pero el espionaje fue muy importante también por las cosas que no hizo. Es casi increíble que Hitler invadiese la URSS sin permitir ni autorizar ningún análisis de la capacidad de resistir del Ejército Rojo. Igualmente, los japoneses entraron en guerra sin asumir -como les habían dicho sus espías- que la capacidad de los americanos de generar acero era 20 veces superior a la suya. Así que se puede aprender mucho de las cosas que hicieron, pero también de las que no hicieron.

2-Existen varios libros que analizan la importancia de los servicios de inteligencia en la IIGM. ¿Qué aporta su investigación?

La mayoría de los libros sobre espías son nacionalistas. Hablan de los agentes rusos, americanos… Yo intento mirar a los espías de una manera global. Por ejemplo, los británicos están encantados con su equipo de descodificación de claves de Bletchley Park. Pero Hitler tenía también su propio equipo. Las fuerzas navales alemanas, de hecho, hicieron una labor de desencriptación muy importante durante la Segunda Guerra Mundial.

3-¿Los servicios de inteligencia ganan guerras?

Una de las cosas que hay que tener claras es que, aunque haya muchas personas que lo crean, los servicios de inteligencia no pueden ganar las guerras solos. Al final, lo único que pueden es ser una asistencia para las fuerzas marinas y aéreas. Los británicos, durante la primera mitad de la guerra, siempre descubrían donde iba a golpear el enemigo gracias a sus servicios de espionaje, pero en aquel momento los ejércitos eran demasiado débiles y los generales demasiado incompetentes para hacer algo con esa información. Los británicos pudieron explotar a sus servicios de inteligencia en la segunda mitad de la guerra, cuando tuvieron una fuerza real.

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Max Hastings. Foto: Sigefredo Camarero

4-Habla por un lado de espías y, por otro, de descifradores de códigos…

Sí. Muchas de las historias de los espías son románticas e impresionantes, pero cuando estudias lo que fueron de verdad ves que los descifradores influyeron mucho más que los que tenían barba falsa. La lección es que los descifradores cambiaron la naturaleza del espionaje.

5-¿Qué países usaron mejor a sus espías?

Las democracias siempre usaron mejor los servicios de inteligencia que las dictaduras. Mientras que en las primeras se dejaba pensar libremente a sus agentes, en las segundas (ya fuera en Moscú, Berlín o en Tokio) a nadie se le permitía decir lo que realmente creía. Churchill, por ejemplo, siempre fue partidario de que los oficiales de inteligencia debían contar la realidad como ellos la veían. En Rusia, si alguien decía una palabra que no gustara a Stalin, se le disparaba en el acto.

Una de las paradojas de la guerra fue que, aunque el ejército alemán era muy superior y luchó mucho mejor que el británico hasta el final de la contienda, la maquinaria de guerra de los segundos logró ser determinante gracias al pensamiento libre. La inteligencia británica tenía en sus filas a algunos de los mejores cerebros de Oxford y Cambridge. Muchos de ellos incluso tenían rango militar. El jefe de inteligencia de Montgomery, por ejemplo, era un profesor de Oxford llamado Bill Williams que, a la edad de 29 años, fue convertido en general de brigada. En Alemania o en Japón eso no pasó nunca.

6-¿Cómo eran vistos los servicios de inteligencia en Japón?

Los japoneses, en general, creían tener una clara superioridad cultural con respecto al resto de países y consideraban que el espíritu del samurái les haría vencer a cualquier enemigo. Era algo absurdo. He entrevistado a bastantes oficiales japoneses y todos me han dicho que ser destinado a los servicios de inteligencia era un paso atrás en su carrera y que solo los estúpidos eran enviados allí. Era una locura.

7-¿Por qué afirma en su obra que Stalin no supo utilizar los servicios de inteligencia soviéticos?

Stalin era un paranoico que solo se creía los informes de inteligencia cuando hablaban de complots contra su persona. Llegó a enviar a paracaidistas rusos disfrazados de nazis sobre sus propios pueblos para probar su lealtad. Querían ver cómo respondía la minoría germano parlante que vivían en las ciudades. Si simpatizaría con los alemanes cuando estos llegasen. A los que les ayudaron se les fusiló.

8-¿Fue muy dura la represión de Stalin contra sus propios agentes?

La mitad de los agentes rusos que volvieron en 1945 tras servir a Rusia en el extranjero fueron enviados al gulag o fusilados. No podemos hacer como si esto fuese algo normal. Fue algo diabólico.

9-¿Cuál fue la operación más extravagante de los servicios de inteligencia soviéticos?

La «Operación Marte». En ella, Stalin permitió deliberadamente que se llevase a cabo una operación de distracción que costó la vida a 77.000 soldados rusos. Hace poco que los expertos nos hemos puesto de acuerdo en que esta historia fue verdadera. Los historiadores rusos empezaron a decir hace algunos años que todo era realidad, pero al principio nadie les creyó. Era imposible considerar que Stalin hubiese permitido llevar a cabo una operación de ese calibre. Pero ahora, al examinar las evidencias, sabemos que es verdad.

10-¿«Max» informó deliberadamente a los alemanes para que estos aniquilasen a los rusos y dejasen de presionar Stalingrado?

Sí. En los archivos de Friburgo, en Alemania, se puede ver cómo algunos agentes como «Max» informaron a los nazis sobre la «Operación Marte» y lo que se iba a hacer para que los alemanes actuaran en consecuencia y desplazaran a sus tropas. En su momento, los británicos interceptaron estas comunicaciones y les dijeron a los rusos que tenían un agujero en su seguridad del tamaño del Gran Cañón. No podían entender lo que pasaba. Lo sucedido solo fue posible gracias al gran grado de despotismo de Stalin y a lo despiadado que era.

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Combates en Stalingrado- ABC

11-¿Por qué Stalin ignoró los informes que le envió la «Orquesta Roja», su red de espías en Alemania, sobre los planes nazis de invadir la URSS?

Stalin no se fiaba de esos agentes. A día de hoy tenemos un documento de un miembro de la «Orquesta Roja» (un oficial de la Luftwaffe) en el que le advertía de la posibilidad de que Alemania invadiese la URSS. Cuando Stalin recibió ese informe de manos del NKVD escribió: «Dile a tu fuente que se vaya a tomar por culo». Es extraordinario ver cómo estos alemanes que estaban en contra de Hitler murieron, en muchos casos, para nada. Y eso, a pesar de que algunos enviaron a los rusos listas de objetivos clave para bombardear en Alemania. Algo que es bastante increíble que haga un oficial alemán.

12-¿Fue, entonces, inútil la «Orquesta Roja»?

Era muy buena, pero no tuvo el impacto que tenía que tener porque en Moscú no se le hacía caso. Pero ni siquiera los americanos tuvieron una fuente en Berlín tan buena como la «Orquesta Roja». Eso es lo extraordinario.

13-¿Era la única red de espionaje de los rusos?

No, tenían otra red en Suiza, la red «Lucy», que también pasó muy buena información a Moscú, pero hay pocas evidencias de que sus informes modificaran el comportamiento ruso.

14-¿Recibió otros informes de inteligencia Stalin en los que se afirmara que la URSS iba a ser invadida en la que, posteriormente, sería conocida como la «Operación Barbarroja»?

Antes de Barbarroja, Churchill envió avisos personales a Stalin diciéndole que estaban convencidos de que Alemania estaba a punto de atacar la URSS. Sin embargo, los simpatizantes comunistas en el gobierno británico le dijeron a Stalin -hasta mayo de 1941- que estaban convencidos de que los nazis no invadirían la URSS. Estos dos informes llegaron a Stalin, que obvió el primero por considerar que Churchill había sido un anti bolchevique toda su vida y que solo buscaba arrastrar a Rusia hacia la guerra.

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15-Churchill avisó varias veces a Stalin de que la URSS iba a ser invadida. Con semejante forma de actuar, da la impresión de que Stalin no fue demasiado inteligente…

Stalin era un paranoico. Era muy astuto, pero no era racional.

16-¿Cree que la importancia que se atribuye al espía español Garbo -en principio clave en el Desembarco de Normandía- fue real, o ha sido exagerada?

No he hecho demasiadas referencias a Garbo en mi libro porque ya se ha escrito mucho sobre él. Pero en este sentido me gusta parafrasear a Churchill, que dijo que todas las cosas están en movimiento simultáneo. Yo creo que Garbo contribuyó modestamente al engaño de los alemanes en el Día D. Además, su historia es muy romántica. Pero tengo mis dudas acerca de hasta qué punto influyó en el desembarco.

La inteligencia británica pensaba entonces que el ejército aliado ficticio tenía más impacto que los agentes dobles. Aunque siempre hay que tener en cuenta que hay muchos factores en juego. Lo único que importa es que la invasión del Día D fue un éxito no por ninguno de los engaños, sino porque los británicos y los americanos fueron mucho más fuertes que los alemanes. Además, el 60% del ejército alemán estaba en el Frente Este el Día D.

17-¿Diría, en definitiva, que los servicios de inteligencia fueron determinantes en la guerra?

Bueno. Los servicios de inteligencia de los aliados lo hicieron mucho mejor que los de los alemanes, pero al final fue el poder económico de los primeros y sus éxitos sobre el campo de batalla los que vencieron. Pero la inteligencia fue importante, sobre todo, en la segunda parte de la guerra.

18-¿Habría que limitar en la actualidad las competencias de los servicios de inteligencia?

Nunca hay que darle a ninguna agencia un poder ilimitado, siempre tiene que haber una supervisión. Por otro lado, mientras que en la IIGM la inteligencia era secundaria -lo que importaba era lo que hacían los grandes ejércitos en el campo de batalla- hoy en día la inteligencia es nuestra herramienta principal a la hora de lidiar con el terrorismo. No hay nadie que quiera dar la bienvenida a la vigilancia electrónica, pero lo de hoy es la evolución natural de lo que estaba sucediendo en la contienda.

Los libertarios dicen que no deberíamos permitir la vigilancia electrónica. Pero yo les pregunto: ¿Si no identificamos a los terroristas a través de este método, qué otros podemos emplear? Los policías no les van a identificar viéndoles fabricar una bomba en las afueras de Madrid. Sabemos que a muy pocos terroristas se les atrapa gracias a los servicios de inteligencia que vienen de las comunidades musulmanas. Con esa cautela debemos reconocer que la guerra secreta se parece cada vez más a la guerra futura.

Manuel P. Villatoro. ABC, Madrid, 14-04-2016

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