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Miss Suiza: «Para mí, la posibilidad es Dios. Él es quien nos ayuda a superarnos»

Miss Suiza: «Para mí, la posibilidad es Dios. Él es quien nos ayuda a superarnos»

Miss Suiza: «Para mí, la posibilidad es Dios. Él es quien nos ayuda a superarnos»
diciembre 30

La religión es un hilo que puede desenrollarse a través del tiempo para acercarnos a los diferentes contextos de pensamiento”. ¿Lo creerías si te dijéramos que esta frase la ha pronunciado una miss? Pues es cierto; se trata de la nueva miss Suiza, elegida el pasado 7 de noviembre: Lauriane Sallin, de 22 años. Esta joven, estudiante de Historia del Arte y de lengua francesa en la Universidad de Friburgo, no es en absoluto una reina de la belleza habitual.

Durante una entrevista al sitio web de información católica Cath.ch, la más hermosa de los helvéticos se sinceró completamente hablando sobre su espiritualidad, su fe católica y su visión de Dios.

Sus palabras desvelan un discurso profundo y lleno de sentido común. Después de haberse preguntado muchas veces sobre el sentido de la existencia, la joven ha tomado conciencia de que “la humanidad no cesa de enfrentarse a ciertas realidades”, en particular a la cuestión de la felicidad.

Creo que la felicidad es posible, pero aún hace falta precisar en qué consiste”, remarca la joven. “Personalmente, yo me acerco más a la felicidad con ciertos principios básicos de la fe cristiana: el respeto y el amor al prójimo”.

Ya está dicho: miss Suiza es tan bella como creyente en la fe católica. Aunque reconoce que “en su familia todo el mundo es creyente”, para ella la religión no es una cuestión de condicionamiento.

Para mí, la fe no es en absoluto una exigencia de mis padres, sino algo personal. Es mi elección. Se ha desarrollado a través de mis lecturas, desde Aristóteles a Descartes, pasando por el Evangelio según Lucas. Yo quise entender este relato evangélico y, para ello, tuve que “currar” mucho estudiando su contexto. Se requiere esfuerzo, pero es la única manera de entender su significado”, sostiene Lauriane.

En cada persona hay una parte del Reino de Dios”

Y así, poco a poco, empezó a darse cuenta de hasta qué punto la religión le ayuda a ganar perspectiva “en un mundo donde se vive siempre al instante”, subraya.

Una toma de conciencia suscitada en especial a causa de la pérdida de su hermana: “Con la muerte de mi hermana, ya no podía permanecer centrada en el instante, en las experiencias vividas al segundo, porque lo que vivía a cada segundo era mi hermana muriéndose. Había que mirar más allá”.

A este “más allá” accede a través de un amigo que, cierto día, pronunció estas palabras: “En cada persona hay una parte del Reino de Dios”, una frase que marcó profundamente a Lauriane. Poco a poco, Dios se convirtió en el que la ayudaba a avanzar: “Para mí, la posibilidad es Dios. Él es quien nos ayuda a superarnos”.

La joven se muestra lúcida al hablar sobre la muerte: “Ya lo sabéis, la reglas del juego son claras: estamos vivos, así que todos tendremos que morir. Pero ahí no está el drama, sino en la mentira que nos contamos a nosotros mismos, convenciéndonos de que es imposible que muramos con 24 años”.

En relación al concurso de miss y sobre la belleza en general, la suiza nos da una respuesta muy perspicaz: “La belleza y la armonía de las formas desde siempre han atraído y tranquilizado al ojo. Como cuando me planteo la cuestión de la felicidad, busco comprender qué es la belleza. Para captar su significado, hay que ir más allá de la plasticidad. Para mí, la belleza es un camino hacia la armonía”, concluye, a lo que añade: “Intento ser un poco como una alegoría que lleve más lejos a las personas”.

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A comienzos de siglo XVIII reinó en Prusia un hombre muy temperamental. Federico Guillermo tenía la costumbre de pasear sin escolta por las calles de Berlín. Cuentan que cuando encontraba alguien que le desagradara, lo que ocurría con frecuencia, no dudaba en golpearlo con su bastón. Por esa razón cuando la gente lo veía a lo lejos, prudentemente huía lo más rápido posible.

En cierta ocasión, como de costumbre, el rey avanzaba golpeando el suelo con su bastón. Un berlinés, tomado por sorpresa, tratando de huir del monarca, se ocultó en un portal. Ahí lo sorprendió Federico Guillermo, y lo increpó de inmediato:

- Eh, tú, ¿A dónde vas?

El pobre hombre, que temblaba de miedo, le indicó con la cabeza una la puerta.

- ¿Vives ahí?, lo interrogó.

El hombre hizo un gesto de negación.

- ¿Es la casa de un amigo tuyo? Volvió a preguntar.

- No, Majestad.

El rey lo miró con sospecha,

-Entonces, ¿por qué entras en ella?

El hombre tuvo miedo de que se le considerara como ladrón, así que confesó:

- Lo hacía para evitar encontrarme con su Majestad. Federico Guillermo lo miró extrañado.

- ¿Y por qué quieres evitarme?

Bajando la vista, decidió decirle la verdad:

- Porque tengo miedo de su Majestad.

Al escuchar esto, Federico Guillermo montó en una de sus famosas rabietas. Agarró al infeliz por el cuello, lo sacudió violentamente, y lo increpó:

- ¿Cómo te atreves a tener miedo de mí? ¡Soy tu rey, así que tienes que amarme! ¡Ámame, desgraciado! ¡Te ordeno que me ames!

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