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La lucha contra el yihadismo ha de ganarse dentro y fuera

La lucha contra el yihadismo ha de ganarse dentro y fuera

La lucha contra el yihadismo ha de ganarse dentro y fuera
noviembre 19

Al Bagdadi

La prioridad en la que deberían esforzarse tanto las potencias regionales como las occidentales y Rusia tendría que ser inequívoca: la desaparición del califato que Al Bagdadi proclamó en junio de 2014.

La vía diplomática para poner fin a la guerra de Siria volvió a encallarse el pasado sábado en Viena, donde se reunieron los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU (China, Francia, Gran Bretaña, Rusia y EEUU) junto con Alemania, Italia, Egipto, Arabia Saudí e Irán. Las diferentes posturas sobre el papel que ha de jugar Bashar Asad en el futuro del país que él mismo ha contribuido a arruinar mantiene divididos a las potencias que, como EEUU, son partidarias de desalojar del poder al tirano alauí, y las que, como Rusia, están dispuestas a pactar con él como mal menor para estabilizar la zona.

El compromiso de crear un gobierno de transición en seis meses que elabore un proyecto de constitución y convoque elecciones libres dentro de año y medio parece tan bien intencionado como imposible de realizar. Y en cualquier caso, se trata de un acuerdo de mínimos que servirá de poco para resolver un conflicto que estalló en marzo de 2011, ha cuarteado el territorio, ha enfrentado a las diferentes comunidades étnicas y religiosas del país, se ha cobrado la vida de más de 200.000 personas y ha provocado el éxodo de casi 4 millones, muchas de las cuales se encuentran desesperadas a las puertas de Europa pidiendo auxilio y refugio.

Ambas posiciones son por el momento irreconciliables, pero tienen razón los países que apoyan la postura estadounidense de querer destituir al líder de un régimen tiránico impuesto por su familia hace casi 45 años. El causante del problema no puede presentarse como la solución del mismo. Son poco creíbles las promesas de diálogo de que quien se ha caracterizado por la sangrienta represión de la oposición.

Entretanto, el IS continúa consolidando su presencia territorial en la zona, imponiendo su sistema dictatorial de poder inspirado en las interpretaciones más extremas de la doctrina islámica y reforzando su presencia exterior con atentados cada vez más brutales como el cometido el viernes en París. La prioridad en la que deberían esforzarse tanto las potencias regionales como las occidentales y Rusia tendría que ser inequívoca: la desaparición del califato que Al Bagdadi proclamó en junio de 2014. Cuanto más se aplace la decisión más pagaremos las consecuencias en forma de actos terroristas indiscriminados.

Pero el combate contra la barbarie que representa el IS tiene otro frente de batalla más cercano. Como se ha demostrado en el caso de los atentados de París, muchos de los terroristas que operan en el continente son ciudadanos europeos que viven camuflados en las grandes ciudades, aprovechando las libertades que ofrecen los regímenes que con tanto odio pretenden destruir, y cuentan para sus acciones con el apoyo logístico de otros ciudadanos con nacionalidad de algún país de la UE. Además, reciben adiestramiento ideológico en unas mezquitas en las que actúan con absoluta opacidad e impunidad, porque a diferencia de otros templos religiosos, éstas siguen siendo espacios vedados al público. Sin menoscabar los derechos y libertades que con tanto esfuerzo nos hemos dado los europeos, y que son las señas de la identidad política y cultural de Occidente, y con un absoluto respeto a las reglas del Estado de Derecho, Europa debe extremar los controles para evitar que el islamismo radical se instale entre nosotros y se extienda como una lacra irremediable.

Llevar un control estricto de todos los islamistas que retornan a Europa desde los frentes de guerra de Oriente Próximo, desenmascarar a los ‘lobos solitarios’ y desarticular los comandos organizados para anticiparse a los atentados es una compleja y difícil tarea cuya efectividad pasa por la estrecha colaboración de los órganos de inteligencia policial de todos los países europeos. Ningún país de Europa, y en eso España es un buen ejemplo, puede bajar la guardia, porque la guerra contra el yihadismo hay que ganarla tanto en su lugar de origen, el califato del IS en Siria e Irak, como evitando que se camufle en nuestras sociedades.

Editorial de El Mundo, España, 16-11-2015

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Hacia 1770, la moda de las pelucas empolvadas de la aristocracia francesa e inglesa habían alcanzado tal magnitud, que las pelucas podían alcanzar 1,2 metros de alto, y se decoraban hasta con pájaros embalsamados, réplicas de jardines, platos de fruta o barcos a escala.

La falta de higiene (no se las quitaban por semanas o meses) y el volumen de estas pelucas ocasionaba que no sólo piojos y pulgas las infestaran, sino que hasta pequeños ratones hicieran de ellas su hogar.

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Cuando los conquistadores ingleses llegaron a Australia se asombraron al ver unos extraños animales que daban saltos increíbles.

Inmediatamente llamaron a uno nativos e intentaron preguntarles mediante señas qué era eso.

Al notar que siempre decían “Kan Ghu Ru” adoptaron el vocablo inglés “kangaroo” (canguro). Los lingüistas determinaron tiempo después que los indígenas querían decir “No le entiendo”.

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