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Céline Dion se confiesa: “Le debo mi vida a un sacerdote… Convenció a mi madre de no abortarme”

Céline Dion se confiesa: “Le debo mi vida a un sacerdote… Convenció a mi madre de no abortarme”

Céline Dion se confiesa: “Le debo mi vida a un sacerdote… Convenció a mi madre de no abortarme”
noviembre 19

En 1967 Thérèse Dion, madre de trece hijos, sufrió al enterarse que estaba de nuevo embarazada. Su familia era pobre y numerosa, ella no quería tener más hijos, fue por eso que angustiada acudió al sacerdote de su confianza y le hizo saber que estaba considerando abortar.

El sacerdote católico le respondió que ella no debía acabar con una vida que no le pertenecía, que no tenía derecho a ir en contra de la naturaleza y sobretodo no podía ir en contra de la voluntad de Dios.

Fue así como el 30 de marzo de 1968 nació Céline Dion, la más pequeña de 14 hermanos y dueña de una espectacular voz que la llevó a ser una de las más grandes estrellas femeninas en el mundo de la música.

Tengo 13 hermanos, y yo soy la última, el accidente… tengo que admitir, que le debo la vida a aquel sacerdote… apenas mi madre se recuperó del desánimo, no perdió un solo minuto en auto-compadecerse, y me amó tan apasionadamente como había amado a todos” – dijo Céline durante en una entrevista realizada en el 2001.

Un caso similar al de Beethoven

La vida de Céline Dion al igual que la de Beethoven, fue concebida bajo circunstancias desfavorables, en ambos testimonios hubo muchos hermanos, pobreza y una madre desesperada. El nacimiento de los dos músicos nunca fue deseado. Finalmente en el peor momento de crisis, ambas madres se dieron cuenta que tenían otra opción y decidieron llevar a término su embarazo.

Gracias a esa valiente decisión, la humanidad pudo atesorar nueve sinfonías, unas maravillosas obras de arte compuestas por Beethoven. Asimismo en la actualidad podemos disfrutar de otras preciosísimas canciones interpretadas por Céline Dion, tales como: “Because You Loved Me” o “My Heart Will Go On”, el tema de la película Titanic, que narra la historia romántica de dos jóvenes que a pesar de las circunstancias, también se decidieron por el amor.

Cada ser humano posee un valor infinito con potencialidades asombrosas y Céline Dion es testimonio viviente ante millones de personas de que la voluntad de Dios siempre es buena, perfecta y agradable. Pero, en esta historia no solamente se ve involucrada la voluntad de Dios, sino también la voluntad de Thérèse.

La mente de la madre asustada

Debemos tener presente que cuando una mujer toma la decisión de abortar, generalmente lo hace sumergida en un estado de crisis, el cual no le permite analizar su problema y valorar otras alternativas posibles. Si la madre de Céline hubiese cometido el aborto, este sería considerado un aborto por causas socio-económicas. Es decir, un aborto por causa de la pobreza y las estructuras sociales apremiantes. Es por esta razón que el aborto también es un fracaso colectivo, pues es síntoma de una sociedad enferma que le ha dado la espalda a la mujer frente a un embarazo inesperado o en dificultad.

Sin embargo, las personas tenemos la capacidad de trascender nuestras limitantes, podemos superar cualquier condicionamiento externo con un cambio de actitud ante los problemas. Viktor Frankl, un neurólogo y psiquiatra que fue prisionero de un campo de concentración nazi en Auschwitz, afirmaba que: “Al hombre se le puede arrebatar todo, salvo una cosa: la última de las libertades humanas –la elección de la actitud personal ante un conjunto de circunstancias para decidir su propio camino–”. Entonces, elegir dejando atrás los condicionamientos, es un acto que nos humaniza, pues hemos sido capaces de decidir libremente trascendiendo las dificultades.

Aunque, la libertad implica la posibilidad de elegir entre el bien y el mal, los cristianos sabemos que la libertad humana alcanza su perfección cuando está ordenada a Dios. La voluntad de Thérèse en armonía con la voluntad de Dios, dieron al mundo un maravilloso regalo: la vida de Céline Dion. Así también tus decisiones acorde a la voluntad de Dios siempre traerán perfectos resultados.

No olvidemos que el miedo y los problemas son realidades momentáneas que pueden cambiar en un instante, pero la vida humana es única e irremplazable, por eso es tan cierto cuando usualmente decimos que todo tiene solución menos la muerte, ya que al perder una vida humana no podemos recuperarla.

¿Demasiados niños? Responde Madre Teresa

Madre Teresa de Calcuta entendía esto último muy bien, cuando le preguntaron si no consideraba que hay demasiados niños en la India, ella respondió: “¿Piensa usted que hay demasiadas flores en el campo? ¿Demasiadas estrellas en el cielo? Mire a esta niña, es portadora de la vida; ¿No es una maravilla? ¿Cómo no quererla?”.

Ahora, respecto al caso de Thérèse, ¿Cuántos hermanos son realmente “demasiados” hijos? Miren a Céline Dion, es portadora de la vida ¿No es una maravilla? ¿Cómo no quererla?

Sara Larín. ReligionenLibertad

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A comienzos de siglo XVIII reinó en Prusia un hombre muy temperamental. Federico Guillermo tenía la costumbre de pasear sin escolta por las calles de Berlín. Cuentan que cuando encontraba alguien que le desagradara, lo que ocurría con frecuencia, no dudaba en golpearlo con su bastón. Por esa razón cuando la gente lo veía a lo lejos, prudentemente huía lo más rápido posible.

En cierta ocasión, como de costumbre, el rey avanzaba golpeando el suelo con su bastón. Un berlinés, tomado por sorpresa, tratando de huir del monarca, se ocultó en un portal. Ahí lo sorprendió Federico Guillermo, y lo increpó de inmediato:

- Eh, tú, ¿A dónde vas?

El pobre hombre, que temblaba de miedo, le indicó con la cabeza una la puerta.

- ¿Vives ahí?, lo interrogó.

El hombre hizo un gesto de negación.

- ¿Es la casa de un amigo tuyo? Volvió a preguntar.

- No, Majestad.

El rey lo miró con sospecha,

-Entonces, ¿por qué entras en ella?

El hombre tuvo miedo de que se le considerara como ladrón, así que confesó:

- Lo hacía para evitar encontrarme con su Majestad. Federico Guillermo lo miró extrañado.

- ¿Y por qué quieres evitarme?

Bajando la vista, decidió decirle la verdad:

- Porque tengo miedo de su Majestad.

Al escuchar esto, Federico Guillermo montó en una de sus famosas rabietas. Agarró al infeliz por el cuello, lo sacudió violentamente, y lo increpó:

- ¿Cómo te atreves a tener miedo de mí? ¡Soy tu rey, así que tienes que amarme! ¡Ámame, desgraciado! ¡Te ordeno que me ames!

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