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El misterio de los kamikazes del Estadio de Francia

El misterio de los kamikazes del Estadio de Francia

El misterio de los kamikazes del Estadio de Francia

Los investigadores se preguntan por qué, pudiendo causar una masacre, se inmolaron a las afueras ya semivacías del recinto causando solo un muerto

Todavía hay restos humanos de uno de los terroristas suicidas en una pared frente al Estadio de Francia. Y sangre en el suelo, agujeros de bala en un muro y coronas de flores apoyadas en la entrada de una hamburguesería.

El viernes, tres yihadistas se volaron por los aires a escasos metros del estadio, en donde 80.000 personas veían un partido de fútbol entre Francia y Alemania. Algo que sigue siendo un misterio para los investigadores, quienes están tratando de entender por qué, cuando podrían haber causado una matanza, los tres kamikazes se inmolaron en lugares aislados, matando a una sola persona cuando podrían haber hecho mucho más daño.

El secretario de Estado de Deportes, Thierry Braillard, ha asegurado en la televisión francesa que querían penetrar en el recinto, «pero no pudieron», sin ofrecer más precisiones.

Los hechos en esta localización empezaron el viernes a las 21:20 horas: el partido Francia-Alemania comienza, mientras la plaza y la zona alrededor del Estadio de Francia en Saint-Denis están ya casi desiertas. Entonces, a la altura de la puerta D, un yihadista acciona el detonador de su cinturón explosivo lleno de TATP. Un transeúnte que pasaba cerca es asesinado.

Diez minutos más tarde, la puerta H: nueva detonación. Sólo una víctima: el propio yihadista cuyo cuerpo queda reducido a la mitad sobre el asfalto.

La última detonación se produce poco antes de 22:00 horas, en una calle cercana, y solo mata al portador del cinturón de explosivos, a la entrada de un callejón sin salida, como si hubiera estado solo antes de pulsar el botón mortal.

«Es incomprensible», asegura este domingo a la agencia AFP, bajo condición de anonimato, una fuente policial. «Es un milagro que hubiera tan pocas víctimas. De hecho, lo que hicieron, salvo para suicidarse, no tiene mayor sentido».

«No era el momento adecuado: si lo que quieres es provocar una carnicería, lo haces en el momento de la entrada o salida de los espectadores», dice el mismo oficial.

El pánico, por efecto indirecto, es terrible. Las personas se aplastarían

El exjefe del servicio de inteligencia francés, que también pidió no ser identificado, considera que «dado que los tres atacantes suicidas llevaban chalecos ligeros, se puede pensar que si hubieran esperado a estar entre una multitud hubieran matado a su alrededor por lo menos a cinco o seis personas cada uno, y una veintena de heridos».

«Pero sobre todo, habrían creado un pánico increíble», agrega. «El pánico, por efecto indirecto, es terrible. Las personas se aplastarían. Habría provocado un terror mucho mayor. Tendremos que esperar a los resultados de una investigación exhaustiva para tratar de entender lo que hicieron».

Gracias a las cámaras de vigilancia que cubren toda la plaza, y cuyas imágenes están siendo analizadas, los investigadores están reconstruyendo los movimientos de los tres hombres, cómo y cuándo llegaron, lo que hicieron o si uno de ellos trató de entrar en el recinto.

«Corremos por ahí tratando de recoger la mayor cantidad de información, pero sin gran éxito», ha dicho la misma fuente de la Policía. «Hay que decir que no había demasiadas personas el viernes por la noche alrededor del estadio».

«Por ahora, la hipótesis más probable», concluye el antiguo especialista de inteligencia «es que se les instruyó para golpear a las 21:20 horas para coordinarse con los de la sala Bataclan. Tal vez no eran muy inteligentes o no habían logrado la posición en la que deberían estar…».

ABC, Madrid, 15-11-2015

El misterio de los kamikazes del Estadio de Francia

Los investigadores se preguntan por qué, pudiendo causar una masacre, se inmolaron a las afueras ya semivacías del recinto causando solo un muerto

Todavía hay restos humanos de uno de los terroristas suicidas en una pared frente al Estadio de Francia. Y sangre en el suelo, agujeros de bala en un muro y coronas de flores apoyadas en la entrada de una hamburguesería.

El viernes, tres yihadistas se volaron por los aires a escasos metros del estadio, en donde 80.000 personas veían un partido de fútbol entre Francia y Alemania. Algo que sigue siendo un misterio para los investigadores, quienes están tratando de entender por qué, cuando podrían haber causado una matanza, los tres kamikazes se inmolaron en lugares aislados, matando a una sola persona cuando podrían haber hecho mucho más daño.

El secretario de Estado de Deportes, Thierry Braillard, ha asegurado en la televisión francesa que querían penetrar en el recinto, «pero no pudieron», sin ofrecer más precisiones.

Los hechos en esta localización empezaron el viernes a las 21:20 horas: el partido Francia-Alemania comienza, mientras la plaza y la zona alrededor del Estadio de Francia en Saint-Denis están ya casi desiertas. Entonces, a la altura de la puerta D, un yihadista acciona el detonador de su cinturón explosivo lleno de TATP. Un transeúnte que pasaba cerca es asesinado.

Diez minutos más tarde, la puerta H: nueva detonación. Sólo una víctima: el propio yihadista cuyo cuerpo queda reducido a la mitad sobre el asfalto.

La última detonación se produce poco antes de 22:00 horas, en una calle cercana, y solo mata al portador del cinturón de explosivos, a la entrada de un callejón sin salida, como si hubiera estado solo antes de pulsar el botón mortal.

«Es incomprensible», asegura este domingo a la agencia AFP, bajo condición de anonimato, una fuente policial. «Es un milagro que hubiera tan pocas víctimas. De hecho, lo que hicieron, salvo para suicidarse, no tiene mayor sentido».

«No era el momento adecuado: si lo que quieres es provocar una carnicería, lo haces en el momento de la entrada o salida de los espectadores», dice el mismo oficial.

El pánico, por efecto indirecto, es terrible. Las personas se aplastarían

El exjefe del servicio de inteligencia francés, que también pidió no ser identificado, considera que «dado que los tres atacantes suicidas llevaban chalecos ligeros, se puede pensar que si hubieran esperado a estar entre una multitud hubieran matado a su alrededor por lo menos a cinco o seis personas cada uno, y una veintena de heridos».

«Pero sobre todo, habrían creado un pánico increíble», agrega. «El pánico, por efecto indirecto, es terrible. Las personas se aplastarían. Habría provocado un terror mucho mayor. Tendremos que esperar a los resultados de una investigación exhaustiva para tratar de entender lo que hicieron».

Gracias a las cámaras de vigilancia que cubren toda la plaza, y cuyas imágenes están siendo analizadas, los investigadores están reconstruyendo los movimientos de los tres hombres, cómo y cuándo llegaron, lo que hicieron o si uno de ellos trató de entrar en el recinto.

«Corremos por ahí tratando de recoger la mayor cantidad de información, pero sin gran éxito», ha dicho la misma fuente de la Policía. «Hay que decir que no había demasiadas personas el viernes por la noche alrededor del estadio».

«Por ahora, la hipótesis más probable», concluye el antiguo especialista de inteligencia «es que se les instruyó para golpear a las 21:20 horas para coordinarse con los de la sala Bataclan. Tal vez no eran muy inteligentes o no habían logrado la posición en la que deberían estar…».

ABC, Madrid, 15-11-2015

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Durante un viaje en avión a Chicago, un amigo del multimillonario Philip Knight Wrigley (1894-1977) le preguntó que por qué seguía publicitando los chicles que fabricaba su empresa si esta ya era la más exitosa en todo el mundo. Wrigley le respondió:

—Por la misma razón que el piloto de este avión deja los motores en marcha cuando ya estamos en el aire.

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El rey español Felipe IV (1605-1665) le pidió al escritor Francisco de Quevedo (1580-1645) que improvisara una cuarteta.

—Dadme pie —le dijo Quevedo.

El rey, creyendo hacer una gracia, le alargó la pierna. Pero el escritor, que siempre fue de respuesta rápida e ingenio agudo, lejos de darse por vencido, improvisó, como le habían pedido, la siguiente cuarteta:

—En semejante postura / dais a entender, señor, / que yo soy el herrador / y vos la cabalgadura.

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