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Tarjeta Bip! Y evasión del Transantiago

Tarjeta Bip! Y evasión del Transantiago

Tarjeta Bip! Y evasión del Transantiago

Si los mismos ideólogos del Transantiago me dicen que con modernizar la tarjeta de pago se reducirá la evasión, lo primero que hago es dudar.

La tecnología con la que funciona la actual tarjeta Bip! para pagar el Transantiago tiene cerca de 15 años de antigüedad. De hecho, la tecnología es prácticamente la misma que se implementó a principios de la década pasada en el Metro de Santiago, y sigue vigente hasta el día de hoy.

Ello ha permitido que su funcionalidad sea fácilmente reproducible por mecanismos elementales, similares a los utilizados para piratear películas y clonaciones de otros dispositivos. Por esta razón, son cerca de 1.600 tarjetas Bip! que en promedio las autoridades desactivan diariamente, pues fueron pirateadas (por ejemplo, con una aplicación de un teléfono celular).

Esto hace referencia a la falta de sofisticación tecnológica de su actual diseño, que según las autoridades debiera modernizarse el año 2016.

Un tema muy distinto es el de la evasión del pasaje, que algunos absurdamente lo relacionan con la obsolescencia de tecnología de pago. Es importante separar estos dos temas de la discusión.

La mejora tecnológica debiera apuntar a facilitar el procedimiento de carga de la tarjeta, a reducir su clonación y uso fraudulento, y a facilitarles algunos trámites innecesarios a los viajeros del sistema. Pero pretender que ello reducirá la evasión es una evidente exageración.

Los ideólogos del Transantiago, que fallaron groseramente en la estimación de costos del sistema y en las proyecciones de demanda, también lo hicieron en la estimación de la evasión en los buses (suponían que no pasaría del 5%, y hoy se acerca al 30%). Ahora, cuando afirman que una innovación tecnológica en la tarjeta Bip! reducirá la evasión, creo que están cometiendo el mismo tipo de error. Si los mismos ideólogos del Transantiago me dicen que con modernizar la tarjeta de pago se reducirá la evasión, lo primero que hago es dudar.

Efectivamente se podría pensar que algunos evasores ocasionales, si tuvieran más facilidades para acceder a recargar su tarjeta Bip!, evadirían menos. Sin embargo, mi impresión es que la gran mayoría de los evasores ven en este comportamiento un aumento de su ingreso mensual. Es decir, lo hacen deliberadamente. Y esto no se resuelve con mejorar la tarjeta Bip!, sino con mayor fiscalización y una sanción social más efectiva.

Hoy en día, y de acuerdo a un estudio presentado en el último Congreso Chileno de Ingeniería de Transporte en octubre pasado, un 88% de los evasores del Buses del Transantiago no trasborda con el Metro (donde la evasión es apenas 0,1%), y sólo un 12% lo hace. Luego, estimo que este 88% seguirá evadiendo el pasaje, independiente de la tarjeta que exista.

Se ha hablado también de implementar mecanismos de pago semanal o mensual. Pero para que sea efectivo, debe existir un incentivo económico claro al pasajero (por ejemplo, un descuento por cantidad). Y esto necesariamente reducirá el nivel de ingreso del sistema, porque quienes accederán a ello serán probablemente los mismos que hoy ya pagan honestamente su pasaje. Los ideólogos del Transantiago tendrán entonces una nueva excusa para aumentar aún más el subsidio que tanto los excita.

En resumen, se está mezclando el tema de obsolescencia tecnológica de la tarjeta Bip!, cuyos problemas son de índole operativo y afectan a los usuarios que hoy sí pagan el pasaje, con el tema de evasión, que se relaciona con un público diferente, y en mi opinión debe ser abordado como delito que es, alejándose de hipótesis o conjeturas que la relacionan, antojadizamente, con la tecnología de pago.

Blog de Louis De Grange, Director de la Escuela de Ingeniería Industrial de la UDP.

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A comienzos de siglo XVIII reinó en Prusia un hombre muy temperamental. Federico Guillermo tenía la costumbre de pasear sin escolta por las calles de Berlín. Cuentan que cuando encontraba alguien que le desagradara, lo que ocurría con frecuencia, no dudaba en golpearlo con su bastón. Por esa razón cuando la gente lo veía a lo lejos, prudentemente huía lo más rápido posible.

En cierta ocasión, como de costumbre, el rey avanzaba golpeando el suelo con su bastón. Un berlinés, tomado por sorpresa, tratando de huir del monarca, se ocultó en un portal. Ahí lo sorprendió Federico Guillermo, y lo increpó de inmediato:

- Eh, tú, ¿A dónde vas?

El pobre hombre, que temblaba de miedo, le indicó con la cabeza una la puerta.

- ¿Vives ahí?, lo interrogó.

El hombre hizo un gesto de negación.

- ¿Es la casa de un amigo tuyo? Volvió a preguntar.

- No, Majestad.

El rey lo miró con sospecha,

-Entonces, ¿por qué entras en ella?

El hombre tuvo miedo de que se le considerara como ladrón, así que confesó:

- Lo hacía para evitar encontrarme con su Majestad. Federico Guillermo lo miró extrañado.

- ¿Y por qué quieres evitarme?

Bajando la vista, decidió decirle la verdad:

- Porque tengo miedo de su Majestad.

Al escuchar esto, Federico Guillermo montó en una de sus famosas rabietas. Agarró al infeliz por el cuello, lo sacudió violentamente, y lo increpó:

- ¿Cómo te atreves a tener miedo de mí? ¡Soy tu rey, así que tienes que amarme! ¡Ámame, desgraciado! ¡Te ordeno que me ames!

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