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EL TODOPODEROSO INDAP

EL TODOPODEROSO INDAP

EL TODOPODEROSO INDAP

Lillian Calm escribe: “Se trata de la misma repartición que durante el gobierno de Frei Montalva tuvo como vicepresidente a Jacques Chonchol, ideólogo e impulsor máximo de la reforma agraria, tanto que más tarde, ya navegando por otras aguas, llegaría a ser ministro de Agricultura de Salvador Allende”.

Suculento es, según la prensa, el presupuesto asignado a INDAP (Instituto de Desarrollo Agropecuario). Y, paradójicamente, en tiempos de vacas flacas (al menos, de ello nos ha persuadido el ministro de Hacienda).

Se trata de la misma repartición que durante el gobierno de Frei Montalva tuvo como vicepresidente a Jacques Chonchol, ideólogo e impulsor máximo de la reforma agraria, tanto que más tarde, ya navegando por otras aguas, llegaría a ser ministro de Agricultura de Salvador Allende.

Medio siglo después, es decir, en el segundo mandato de Bachelet, leo en “El Mercurio” que INDAP ha resultado ser el organismo más beneficiado con el presupuesto anual. Siempre se ha sabido que es poderoso, y quizás por ello ahora me persigue una idea que no puedo aplacar del todo: ¿será que desde ahí se pretende, como se ideologizó bajo Frei Montalva, ideologizar ahora bajo esta denominada Nueva Mayoría?

Pero primero que nada, ¿qué es INDAP? Según su página web depende del Ministerio de Agricultura y su objetivo “es principalmente fomentar y apoyar la agricultura familiar campesina y de pequeños productores, promover el desarrollo tecnológico del sector para mejorar su capacidad comercial, empresarial y organizacional”. Se señala, además, que “pretende terminar con la pobreza rural, generando políticas de desarrollo sustentable e integrar al campesinado en el crecimiento económico…”.

Sí. No cabe la menor duda que desde el todopoderoso INDAP se ha ideologizado y adoctrinado. No podía ser de otra manera, quizás debido a que sus tentáculos alcanzan y han seguido alcanzando con dádivas, asistencia y créditos a, prácticamente, todo el país.

Hurgué en las páginas de un libro esclarecedor sobre el tema y la época de Chonchol: “Reforma Agraria Chilena: testimonio de sus protagonistas”, de las historiadoras Ángela Cousiño y María Angélica Ovalle. Precisamente en la entrevista que ellas le hacen a Jacques Chonchol reviví la lucha sin tregua que, recuerdo, él libró con su propio Presidente (el mismísimo Frei Montalva), y que terminaría finalmente con la salida del vicepresidente de INDAP de la DC (formaba parte de los terceristas y, como le aclara a las autoras, “decíamos que había que buscar más a la izquierda, pero no romper con Frei”). Pero rompieron. Luego se rememora su aterrizaje en nuevas aventuras políticas, como la fundación del MAPU, junto a Rafael Agustín Gumucio y otros.

Él quería una reforma agraria “rápida, drástica y masiva”. Pero esa ideologización y ese adoctrinamiento tuvo, además de Chonchol y los más cercanos suyos, una ayuda foránea: la del brasileño Paulo Freire.

Cuando las autoras le preguntan cómo se desarrolló la capacitación, Chonchol les responde: “Hubo algunos esfuerzos y me acuerdo de que nosotros tuvimos en el INDAP la colaboración de un educador brasileño que era Paulo Freire, con una serie de cursos de capacitación, de alfabetización y de preparación cooperativa…”.

Las historiadoras anotan que ese brasileño, además de pedagogo, fue “filósofo e influyente teórico de la educación” y que “participó durante el gobierno de Frei Montalva en el programa de educación de adultos para la Reforma Agraria”.

Saltemos al presente. Ahora que ya estamos prácticamente en pre campañas electorales, ahora que políticos opositores se han lanzado a criticar ese abultado presupuesto de INDAP y, para mayor abundamiento, ahora que se ha instalado una polémica ante un eventual adoctrinamiento con maquillaje de educación cívica en los prolegómenos de una anunciada reforma constitucional… sin querer huelo algo podrido en el reino de Dinamarca.

Pero mi actitud shakesperiana, más que apoyarse en estudios económicos, deriva de ese artículo periodístico que se titula: “Indap es el servicio público donde más subirán fondos para contratos a honorarios” (“El Mercurio”). La cifra es groseramente alta.

Se agrega: “Recursos para contratos a honorarios en INDAP aumentan más de 1.500% en 2016”.

Repito el porcentaje para confirmar que no me he equivocado: 1.500%.

Veinticuatro horas después, en el mismo diario, el actual director de INDAP, afirmaba: “Aseguro que no hay uso político de los recursos de esta institución (!)”.

Está de más aclarar que el signo de exclamación es mío.

El director de marras no sólo se queja de tener que desarrollar los mismos programas que antes con 150 profesionales menos, sino que alude a la glosa presupuestaria y procura explicar lo inexplicable (dice que se les pide que “esto se quede en el subtítulo 21, y por eso que aparece el salto de 1.500%”. El objetivo del cambio sería “poner orden” y “sincerar las cifras”).

Y cuando se le pregunta por qué cree que se sigue cuestionando a INDAP, le echa la culpa a “una mala experiencia a fines de los años ‘90 porque se entregaron créditos a organizaciones y esos créditos no se pudieron pagar por distintas razones (…) y eso generó créditos impagos y ruido político (sic)”.

Pero salió a terciar el ex presidente de la Sociedad Nacional de Agricultura, de la Confederación de la Producción y del Comercio y también otrora jefe máximo de INDAP, Ricardo Ariztía. Éste acusó una “politización” de la repartición y, como señala el mismo diario, “que la fórmula definida (artículo 23) es tan amplia que ‘deja las puertas abiertas’ para que los contratos sean sin concurso ni requisito alguno, y que incluso podrían quedar amarrados para el próximo Gobierno, desde fines de 2016, año de elecciones municipales”.

Si bien Ariztía cree en las capacidades y buenas intenciones del actual director, Octavio Sotomayor, le mandó un recado por el diario: “Ten cuidado, Octavio, porque INDAP se maneja desde otro edificio”.

Ricardo Ariztía consignó que durante su gestión desvinculó entre dos mil y tres mil “intermediarios”, la mayoría de los cuales eran “dirigentes y operadores políticos”.

Clarísimo. Por algo las explicaciones del actual director no me parecían del todo convincentes pero, sin duda, tras escribir esta columna voy a poder dormir mejor, porque ¡qué terrible resulta cuando a uno le empiezan a rondar ideas y suposiciones en la cabeza! Entonces sólo cabe, al menos en mi caso, ponerme a escribir.

Lillian Calm

Periodista

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Hacia 1770, la moda de las pelucas empolvadas de la aristocracia francesa e inglesa habían alcanzado tal magnitud, que las pelucas podían alcanzar 1,2 metros de alto, y se decoraban hasta con pájaros embalsamados, réplicas de jardines, platos de fruta o barcos a escala.

La falta de higiene (no se las quitaban por semanas o meses) y el volumen de estas pelucas ocasionaba que no sólo piojos y pulgas las infestaran, sino que hasta pequeños ratones hicieran de ellas su hogar.

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Cuando los conquistadores ingleses llegaron a Australia se asombraron al ver unos extraños animales que daban saltos increíbles.

Inmediatamente llamaron a uno nativos e intentaron preguntarles mediante señas qué era eso.

Al notar que siempre decían “Kan Ghu Ru” adoptaron el vocablo inglés “kangaroo” (canguro). Los lingüistas determinaron tiempo después que los indígenas querían decir “No le entiendo”.

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